26 de febrero de 2018 13:56

Un peaje para la avenida Simón Bolívar, en análisis

La vía conecta Carapungo con la parroquia de San Antonio de Pichincha.  La fase 1 cubre 12 kilómetros y atraviesa 20 barrios. Servirá de acceso para el norte a la capital. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO

La vía conecta Carapungo con la parroquia de San Antonio de Pichincha. La fase 1 cubre 12 kilómetros y atraviesa 20 barrios. Servirá de acceso para el norte a la capital. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO

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Evelyn Jácome. Redactora (I)
njacome@elcomercio.com

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Es la vía más importante que se ha construido en el norte de Quito en la última década. Cruza cuatro parroquias y 20 barrios. Su construcción costó USD 126 millones. Los nuevos 12 km de la Simón Bolívar -de Carapungo a San Antonio- se habilitarán la otra semana.

Su operación pone en relieve la necesidad de que la capital cuente con peajes urbanos: ­cabinas dentro de la ciudad, donde el usuario del auto pague por usar la vía.

El concejal Jorge Albán (AP), de la Comisión de Presupuesto, explica que la ordenanza para la contribución especial por mejoras dispone que las grandes obras que lleva a cabo la Municipalidad (como esta extensión), sean pagadas por parte de toda la ciudadanía. Las obras de barrio las pagan los beneficiarios directos.

Albán asegura que una vez que se entregue la obra, pedirá al Concejo que se discuta y resuelva la situación de la vía, con miras a que no ingrese como contribución por mejoras, sino que funcione con peaje.

En San Antonio, este año, el cobro por concepto de contribución especial de mejoras alcanzó, en algunos predios, los USD 50. Valor que supera incluso al impuesto predial. Ese es el caso de Magdalena Rivas, quien vive en la calle 13 de Junio y no tiene auto. A pesar de vivir lejos, se acostumbró a movilizarse en bus, y teme que el año entrante tenga que pagar más debido a la construcción de la extensión. “Yo ni me beneficio”, insiste.

Ese es uno de los puntos claves que resuelve el peaje. Las vías benefician a propietarios de autos y, por lo tanto, son ellos los que deberían pagar por su construcción y mantenimiento. Así es como Alfredo Viteri, experto en movilidad, visualiza el problema. Pagar un peaje, dice Viteri, garantiza un buen estado de la vía y el mantenimiento de los alrededores. Por lo tanto, hay menor accidentabilidad.

Pero el peaje no es la única alternativa. Viteri habla de impuestos a la gasolina, cobros en la matrícula, o medidas que requieren el pago de los dueños de vehículos. En algunas ciudades de Holanda, por ejemplo, los autos cuentan con un chip que mide cuánto han circu­lado y, dependiendo de eso, el conductor paga un valor. Sin embargo -dice Viteri- el costo político de esa medida sería bastante alto en la capital.

Para Wladimir Araujo, experto en seguridad vial, el peaje es la mejor forma de desmotivar el uso del vehículo. Pero para eso, advierte, es necesario que la ciudad cuente con una red de transporte público que cubra la demanda con eficiencia.

El concejal Sergio Garnica (ind.), de la Comisión de Movilidad del Concejo, coincide con ese criterio. Asegura que allá es adonde apuntan las políticas actuales y no descarta el uso de un peaje en la Simón, más aun cuando el Municipio tiene obligaciones con entidades bancarias, luego de la obra.

Garnica asegura que se debe trabajar en una reingeniería de rutas, para llegar a lugares no atendidos, mejorar frecuencias, reforzar la caja común y eliminar correteos y maltratos. El peaje es factible -insiste- más si se toma en cuenta que esa vía es usada por volquetas.

Esa es otra de las ventajas del peaje para Araujo, ya que el paso de tráileres y vehículos pesados desgasta más la vía, por lo tanto, pagan más.

Para Álex Rivera, gerente de estudios y fiscalización de la Empresa Pública Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas, el peaje sería una alternativa sana para mantener la vía en excelentes condiciones. Aclara que aún no está determinada esa necesidad, sin embargo es una muy buena alternativa para conservar un proyecto de ese nivel.

¿Cómo se calcula el valor de un peaje? Según Rivera se hace en función de la inversión y la demanda. Para determinar una tarifa se debe realizar un estudio financiero.

Para tener una referencia del costo, se puede comparar con otros peajes cercanos. El de la Panamericana Norte, en Oyacoto, es de USD 0,60, el del túnel Guayasamín, USD 0,40.

Rivera explica que habría dos alternativas de cobro: con una sola cabina en el que se paga un solo valor, y otra que contempla varios controles que permiten el pago dependiendo del número de kilómetros que se recorra.

Esa es la alternativa que se pretende aplicar en el peaje que se colocará en la Ruta Viva, que fue aprobado el 22 de diciembre pasado.

Rivera explica que allí, según las primeras corridas del modelo financiero (no las definitivas) se propone una tarifa de USD 0,04 por kilómetro recorrido para los vehículos livianos y USD 0,14 para pesados.

En contexto
La siguiente semana se habilitará la extensión de la Simón Bolívar. Hasta el momento, están en uso cuatro kilómetros que empiezan en la Pana Norte; cerca de 3 000 vehículos al día transitan por ese sector. Se espera que sea utilizada por más de 70 000 autos.

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