13 de noviembre de 2016 00:00

Pastaza: Shiwa Kucha vive del bosque

El río Arajuno es impostante en el turismo. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

El río Arajuno es impostante en el turismo. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

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Modesto Moreta

El agua cristalina del río Arajuno corre apacible en la tarde de verano. En su extenso recorrido llena de vida a numerosas poblaciones que se levantan en sus riberas, hasta unirse con el Napo, aguas abajo. En el trayecto se alimenta de pequeños esteros que nacen en la inmensa selva amazónica.

Gregorio Calapucha está de pie en la orilla, asegurándose que en la parte alta no haya pesca, caza o la tala del bosque primario, que 20 familias de la comunidad Shiwa Kucha, localizada a 40 minutos del centro del cantón Arajuno, en Pastaza, protegen hace 30 años.

En las 500 hectáreas crecen especies como el cedro y plantas medicinales para curar hemorragias, heridas, torceduras, etc. Conservar esta área ecológica es vital para el desarrollo del turismo comunitario de este asentamiento de la nacionalidad Kichwa. Santiago Calapucha, un experto en la preparación de medicina natural, inició con este proyecto.

La amplia área selvática empieza en las riberas del Arajuno y se agranda montaña arriba. Gregorio, hace cinco años, coordina el proyecto turístico. Con ayuda de otros pobladores se construyó una cabaña con madera de chonta, caña guadúa y hojas de toquilla. Hay espacio para hospedar a 16 personas. En el lugar se puede practicar kayak, pasear en bote por un brazo del río Arajuno, hacer 'trecking' o caminata.

La aventura en esta área ecológica se inicia por un estrecho sendero cubierto por una frondosa hojarasca, que conduce al saladero desde donde se avistan dantas, loros, monos, venados. Arriban a este lugar para nutrirse de las sales minerales que brotan de esta zona pantanosa en medio de la selva.

El sol aplastante de la tarde calienta y el aire húmedo se hace más intenso. Gregorio y Rosario se internan en la selva. Los gigantes árboles dan sombra y refrescan la tarde calurosa. Eso les permite disfrutar de la naturaleza y del paisaje. El trinar de las aves se convierte en una sinfonía que acompaña a los caminantes en este recorrido en el bosque.

Mientras que en la parte baja o zona de amortiguamiento, al menos 100 hectáreas están destinadas al cultivo de fréjol, yuca, plátano y verde, que lo comercializan en los mercados y plazas del Puyo.

Shiwa Kucha colinda con la provincia de Morona Santiago. Se llega por una vía lastrada que permite transitar a 40 kilómetros por hora. El temor de los habitantes es que sus vecinos ingresen sin autorización a la reserva y talen la madera o cacen. Por eso, dos personas de la comunidad recorren tres veces cada 15 días estos territorios,para evitar sudestrucción.

Pedro Calapucha, presidente de la comunidad, camina a diario por este sendero. Lo hace acompañado de su esposa María. Cuenta que tiene un reglamento interno que regula e impide realizar actividades en el interior de la selva, que está atravesada por los ríos Kusano y Boano. La sanción dependerá de la gravedad del delito.

Por ejemplo, si un socio saca madera sin autorización para la confección de las canoas es penalizado con su expulsión de la comunidad. Y si esta no es grave, debe cumplir trabajos comunitarios, como sembrar maíz y entregar la cosecha a los socios. “Si no cumple es expulsado. Estos casos aún no se han presentado. Todos están respetando”, indica Pedro.

En la protección le ayudan Santiago Calapucha y Jorge Alvarado. Ellos trabajan como guardaparques y recorren constantemente los linderos con el propósito de que no haya daños. Los dirigentes tienen el apoyo económico del proyecto WCS, que mensualmente les cancela USD 100. “Tenemos un amplio territorio que lo estamos conservando, es la herencia para nuestros hijos”, dice Gregorio.

Los 28 niños de la comunidad trabajan en la limpieza de la reserva. Su maestro, Miguel Brito, les enseña el porqué de la importancia de preservar este espacio verde, especialmente su ecosistema. El objetivo es que a futuro sean los protectores del bosque y del ambiente, en especial del agua.

La caminata continúa y se desciende por una trocha cubierta de lodo. En el trayecto, Rosario muestra las plantas de la guayusa con las que se prepara una infusión. Se realiza especialmente a las 03:00, cuando la familia se reúne para contar sobre los sueños.
También muestra la pakipamba. Sus hojas se usan para cicatrizar heridas. Todos estos conocimientos son legados de generación en generación.

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