1 de mayo de 2015  00:00

La Pasión de Cristo vista desde la óptica indígena

Los fieles católicos indígenas asisten a la iglesia de Simiatug para escuchar el evangelio.
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Modesto Moreta.  
Coordinador. 
mmoreta@elcomercio.com
(F-Contenido Intercultural)

Los tres retablos que escenifican la última Cena, la crucifixión y la resurrección de Cristo, con imágenes indígenas, atraen a los turistas en la parroquia Simiatug, en Bolívar.

El altar mayor de la iglesia de este poblado, localizado a dos horas al sur de Ambato, es uno de los principales atractivos a
3 300 metros de altura.

Por ejemplo, la última cena se muestra a través de la pambamesa o comida comunitaria, donde todos comparten los alimentos. Los apóstoles como Pedro, Judas y otros no aparecen y fueron reemplazados por las imágenes de los líderes indígenas de la zona.

Jesús, que está crucificado, tiene tez trigueña, cabello alargado, viste un poncho y sin sandalias. La Virgen María es indígena. Está ataviada con un anaco, rebozo, blusa blanca...

Cornelia Kammermann, una voluntaria suiza que llegó al país hace 35 años y donde emprendió proyectos productivos para la población, pintó estas obras. A su arribo, la artista se interesó en impulsar el pensamiento de Monseñor Leonidas Proaño y lo representó de esa manera poniendo como protagonista a la población indígena.

En las escenas bíblicas también se muestran la cotidianidad andina, la vestimenta, la minga, la siembra y la cosecha. “La Pasión de Cristo es una forma de representar la explotación que sufrieron los habitantes de Simiatug, que poco a poco salieron de ese maltrato. Son personas reales con el recuerdo histórico de sus luchas”, explica Kammermann.

Uno de los turistas que visitó el templo es Carlos Pinela de la ciudad de Milagro. Cuenta que es llamativo el estilo de la pintora, porque en las imágenes se visualiza la vida del pueblo, la vestimenta, su comida y las labores diarias. “Es algo interesante conocer sobre cómo la población indígena de esta zona representó lo que fue su explotación y sufrimiento”.

Los murales se los puede mirar en un recorrido de 10 minutos. En ocasiones la acompaña Kammermann, quien explica sus obras.

Para el sacerdote salesiano Pedro Molina, la obra trata de plasmar esa realidad que vivió Cristo en Galilea, pero con la participación de la gente indígena. “Es la religiosidad popular y no está en contra del evangelio”.

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