24 de octubre de 2016 00:00

Parroquias rurales, bajo amenaza del microtráfico

En septiembre, en Pifo, los vecinos se reunieron para hablar de la venta de droga. En la reunión participó la Policía. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

En septiembre, en Pifo, los vecinos se reunieron para hablar de la venta de droga. En la reunión participó la Policía. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

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Fernando Medina
fmedina@elcomercio.com

Martes, 18:30. Un hombre vestido con gorro de lana y pantalones holgados saluda con un joven. Le entrega una dosis de marihuana envuelta en un pedazo de papel, que mide unos tres centímetros de largo por dos de ancho. El sospechoso recibe el dinero y sigue caminando.

La escena se registra en el parque central de Pifo, una de las 33 parroquias rurales de Quito. Los microtraficantes también dejan las dosis de droga en sitios acordados previamente con los compradores, como ventanas, jardineras, asientos o debajo de pequeñas piedras o ladrillos.

EL COMERCIO recorrió Pifo, Yaruquí, Checa, Puembo y El Quinche y detectó esas modalidades de venta de narcóticos al menudeo. Docentes de colegios ubicados en estas parroquias aseguran que el fenómeno es “preocupante”.

Autoridades del Gobierno Parroquial de Pifo también lanzaron alertas. El mes pasado, esa entidad organizó una reunión con delegados del Ministerio del Interior y la Policía. Allí advirtieron que el microtráfico está atacando a más jóvenes y adolescentes.

Hablaron de la importancia de las denuncias, pues los vecinos temen delatar a los microtraficantes, quienes ya han amenazado a los pobladores. En El Quinche ocurre algo similar. Los vecinos aseguran que los expendedores rondan los colegios para ofrecer los alcaloides a los estudiantes, especialmente en un plantel que alberga a unos 2 000 alumnos.

Los microtraficantes se camuflan en esquinas o callejones. También, llegan los fines de semana y aprovechan la feria comercial para confundirse entre la gente. Usan gorras de colores específicos para ser reconocidos por los jóvenes que compran los alcaloides.

Agentes antinarcóticos revelaron que las redes del microtráfico se han desplazado a las parroquias rurales de Quito y han formado “nichos”.

Los investigadores han detectado que las bandas mezclan la marihuana con estiércol de ganado seco y la cocaína con cementina. Lo anterior para abaratar los costos de las sustancias. Los estudiantes dijeron que los microtraficantes venden dosis desde USD 0,50.

En Puembo, otra parroquia rural donde habitan unas
15 000 personas, incluso ya se ha descubierto venta de la peligrosa ‘H’, un derivado de la heroína que está mezclada con polvo de pared y otras sustancias tóxicas para la salud.

Eso lo confirmó Gina Rosero, presidenta del Gobierno Parroquial. La funcionaria relató que un grupo de 10 jóvenes mueve el microtráfico en esta localidad. “En las tardes se puede ver cómo fuman e inhalan las sustancias sentados en la pileta y alrededores del parque central”, comentó.

La Policía aseguró que hace controles permanentes, pero aclaró que existen negocios legales que forman parte de la red de microtráfico y camuflan las sustancias. Los agentes han clausurado tiendas y bodegas de abarrotes por estos hechos.

Los investigadores revelaron que las parroquias no solo son utilizadas como puntos de expendio de droga. Estas localidades también se han convertido en lugares estratégicos para el almacenamiento de alcaloides, antes de distribuir los cargamentos a la capital y otras ciudades del país.

Según informes policiales, en algunos casos, los campesinos se vuelven cómplices de las bandas e informan cuando hay operativos de control.

Eso lo confirmó José Serrano, ministro del Interior, en una entrevista con EL COMERCIO. Sin embargo, el funcionario señaló que la Policía ha frenado el microtráfico en todo el país. Y resaltó el decomiso de 10,8 toneladas de drogas para consumo interno desde enero hasta octubre de este año.

Las redes delictivas utilizan vehículos pequeños y camiones para mover la droga desde la frontera norte hacia Quito y sus parroquias.

Agentes de Inteligencia han detectado que las bandas utilizan zonas de Guayllabamba, una localidad situada a pocos minutos de la capital, para almacenar los cargamentos. Desde allí distribuyen los narcóticos hacia barrios del norte y del sur de Quito.

Agentes que operan en Guayllabamba y Antinarcóticos localizaron en marzo pasado una camioneta que transportaba 12 kilos de cocaína. Los uniformados dijeron que la droga venía desde Esmeraldas para ser distribuida en los barrios del norte de la capital.

Otro caso se dio en diciembre del 2015. Los uniformados confiscaron 120 kilos de marihuana y pasta base de cocaína en El Quinche. Esa carga llegó desde Tulcán e iba a ser distribuido en la capital, Latacunga y Santo Domingo.

Frente a este fenómeno, las autoridades de las parroquias rurales han pedido mayores controles. Los jefes policiales de estos sectores señalaron que ya han montado puestos fijos de vigilancia en las vías Collas, Ruta Viva y Simón Bolívar. Esto, para desarticular a bandas que cruzan con los cargamentos. En esos puntos, los agentes también operan con canes especializados para identificar la droga.

En contexto

Las juntas parroquiales y colegios del sector previenen el consumo de droga en los estudiantes mediante charlas y videos. Otros optan por talleres recreativos como pintura, teatro, danza y canto. En la reunión que hubo en septiembre, los vecinos exigieron mayor control para bares y discotecas.

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