6 de marzo de 2018 00:00

Parques y terminales acogen a venezolanos

Los venezolanos Alejandra Freites y Junior Mendoza se alojaron en Cristo El Migrante, en Tulcán. Foto: Washington Benalcázar/ EL COMERCIO

Los venezolanos Alejandra Freites y Junior Mendoza se alojaron en Cristo El Migrante, en Tulcán. Foto: Washington Benalcázar/ EL COMERCIO

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Washington Benalcázar
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El puente de Rumichaca y la terminal terrestre de Tulcán, en Carchi, así como los parques de Ibarra, en Imbabura, se han convertido en improvisados dormitorios de los ciudadanos de Venezuela que ingresan a Ecuador y no tienen dinero para pagar el hospedaje.

Este es el caso de Jefferson, un peluquero de 25 años, quien desde hace un mes duerme en el parque de La Merced, de la capital de Imbabura.

Vestido con una camisa blanca y un pantalón de color negro, lavaba una noche del último fin de semana unos platos de plástico en una pileta del parque. “Lo más complicado aquí es el frío. Pero, en mi país está peor la cosa -por la crisis-”, asegura este extranjero, que extraña el calor de su natal Barquisimeto.

Al parque llegan hombres y mujeres, la mayoría jóvenes, que se saludan. Miran con desconfianza a los desconocidos.

Un panorama similar se observa en la terminal terrestre de la capital del Carchi. En la noche los viajeros se acomodan en las bancas de las salas de espera. Inclusive hay coches de bebés cubiertos con cobijas.

“Hay días que pernoctan hasta 300 extranjeros, mientras realizan los trámites para continuar su viaje”, asegura Carlos Vela, administrador de la terminal. El flujo de venezolanos comenzó a crecer hace un año y medio. “Algunos solicitan alimentos o que se les cobre medio pasaje para seguir el viaje en bus”, comenta.

En el centro de Tulcán también hay un sitio de hospedaje gratuito llamado Jesús El Migrante. Tiene camas para acoger a 40 personas.

“El mes anterior llegaron 600 viajeros, de los cuales 400 eran de Venezuela”, asegura Yolanda Montenegro, propietaria del albergue. Entre ellos Alejandra Freites quien, junto a otros llaneros, cocinaba arroz con plátanos.

Jefferson espera que sean las 23:00 para subirse sobre una caseta de metal de venta de dulces, que hay en el lugar, para intentar descansar. Usa un cartón como colchón y una manta para cubrirse.

Llegó con la idea de alquilar un sitio para su barbería. Pero una noche le robaron su maletín con las herramientas de trabajo. Desde ahí prueba suerte en peluquerías, pero aún no ha conseguido empleo fijo. Gana USD 5 al día en el mejor de los casos, como ayudante provisional de un salón de belleza.

Una vez a la semana se hospeda en una pensión, para ducharse y lavar un par de pantalones, que lleva en una mochila azul, con la bandera de su país.

El resto de días prefiere pernoctar a la intemperie, para ahorrar dinero y enviarlo a su abuela y a su hermano menor, que se quedaron en casa.

Jefferson, que tiene la parte superior del cabello teñido de rubio, asegura que más de una vez pensó en regresar, porque nunca durmió en la calle. Pero se acuerda de su familia y sigue en la búsqueda de un empleo.

No es el único caso en el parque La Merced. “Son alrededor de 12 muchachos de mi país que duermen en este lugar”, se lamenta Adianez Alarcón, una venezolana que arribó a Imbabura hace más de un año. A través de una cuenta de WhatsApp, que mantiene con compatriotas que se han instalado en Ibarra y Otavalo, solicita alimentos y ropa.

En esa red también se promocionan ofertas de trabajo y departamentos de alquiler.

Varias personas responden a la invitación y reparten la ayuda en la noche, cuando todos se congregan. Es como una familia que habla de sus lugares de procedencia, luchas y sueños.

Al sitio acuden voluntarios de la asociación Amigos Mira Trabajo de Corazón, una agrupación, para repartir una bebida caliente y pan, entre las personas desamparadas. Cada noche atienden a 60 personas.

Mauricio Pineda, uno de los líderes de esta organización, explica que este trabajo es parte del proyecto Amigos sin Fronteras, que inició hace un mes ante el crecimiento de personas de Ecuador, Colombia y Venezuela que se encuentran desamparadas, en la calle.

En contexto
La llegada de venezolanos por Rumichaca creció la semana pasada, tras una leve reducción por la prohibición de Colombia. Esto se debe a que los llaneros ahora usan el pasaporte en lugar de un permiso provisional para ingresar a ese país y luego a Ecuador.

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