22 de septiembre de 2016 00:00

El parque Navarro recobra su función de espacio público

Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

El 22 de septiembre a las 18:00, se hace entrega de la obra. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

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Redacción Quito

La renovación del parque José Gabriel Navarro es una realidad. Este espacio, en el que confluyen los vecinos de La Vicentina, La Floresta y otros siete barrios, fue rehabilitado con la colaboración de la Municipalidad y de los comerciantes que, desde hace más de 20 años, laboran en ese lugar.

El 22 de septiembre a las 18:00, se hace entrega de la obra, en medio de una controversia que se mantiene latente por los comerciantes.

Alejandro Larrea, gerente de la Empresa Pública de Movilidad y Mantenimiento de Obras Públicas, expresa que el parque estaba reducido a un terreno baldío y abandonado, pero que ahora recupera su función recreativa.

Con una inversión de USD 688 608, la renovación del parque contempló la construcción de 220 metros de bordillo y 300 metros de acera de hormigón, la colocación de 100 bolardos, adoquines para camineras y rampas, bancas, una zona de juegos infantiles, plantación de árboles, instalación de luminarias, una estación de BiciQuito y un área exclusiva para los comerciantes.

Adicionalmente, el nodo de comunicaciones de CNT fue repotenciado, como un elemento artístico en el que se muestra la imagen del historiador José Gabriel Navarro, quien da nombre al parque.

La rehabilitación del parque incluyó algunas intervenciones en calles aledañas, con la renovación del asfaltado, señalizaciones y semáforos peatonales y vehiculares.

Mucho tiempo atrás, la presencia de los 16 vendedores de comida típica en el famoso ‘parque de las tripas’ ha sido un punto de polémica. Aunque el lugar se popularizo por la venta de tripa mishqui, chinchulines, papas con cuero, empanadas de morocho, entre otros platos, no todos los vecinos de los sectores aledaños apoyan que el parque sea utilizado para estos fines. Aseguran que esto genera contaminación y caos vehicular.

El espacio para la venta de comida se modernizó con un sistema hidráulico para el de­sagüe y tomacorrientes.

Los mobiliarios de acero inoxidable e infraestructura móvil fueron costeados por los propios comerciantes, la inversión fue de USD
42 000. Ahora, esta zona también cuenta con mesas para comodidad de los usuarios.

“Esto va a mejorar las condiciones de trabajo de los comerciantes. Además, es un plus para el barrio, mejorará la calidad de vida de los vecinos”, señala Carlos Castellano, presidente de la Federación de Comerciantes de Pichincha.

La reubicación de los vendedores del parque Navarro es una solicitud que vienen realizando dirigentes y vecinos de barrios circundantes desde el 2004. Rocío Bastidas, presidenta del Comité Pro Mejoras del barrio La Floresta, explica que se oponen a la permanencia de estas personas porque a su juicio están tomando el espacio público para beneficio particular. “El Municipio invierte en esto con el pretexto de que son ícono de Quito. ­Pero no es así”.

“La comunidad es invisible”, añade Patricio Tamayo, coordinador de Gestión del Subsector La Vicentina. Los dirigentes, acompañados de algunos vecinos, aseguran que no se les tomó en cuenta para el proyecto de rehabilitación, que lideraba la concejala y exvicealcaldesa Daniela Chacón.

Larrea es enfático en señalar que la participación de los vecinos fue fundamental. “Pero no siempre todos podemos estar de acuerdo. Como sociedad debemos aprender a compartir los espacios. Los comerciantes tienen derecho a trabajar, mientras sea formal y regularizado, no le veo inconveniente. Además, se incluyó todo lo que los vecinos pidieron”.

Elvira Zuleta, vecina del barrio El Dorado, dice que los cambios que se hicieron son solo paliativos, porque los comerciantes no salieron.

No todos los vecinos están en desacuerdo. Rosa Ushiña, moradora de La Vicentina desde hace unos 20 años, es compradora asidua de las famosas tripas: “Son una tradición. Todo el mundo conoce el barrio por las comidas de La Vicentina. Yo vengo con mis hijos a fin de mes, cuando cobro”.

Monserrath Zamora, quien proviene de Manabí pero desde hace un año vive en La Floresta, dice que es una oportunidad de probar las comidas típicas del lugar. Comenta que por su salud evita comer grasas, por lo que solo elige las empanadas de morocho.

Para esta nueva etapa, los comerciantes están recibiendo capacitaciones en manipulación de alimentos, atención al cliente e inglés. Raúl Panchi Chicaiza, presidente de la Asociación Santa Marianita de Jesús de La Floresta, que agrupa a los vendedores, asegura que como comerciantes autónomos realizan el pago de patentes, regalías y ahora se incluirá el canon de arrendamiento. Panchi invita a los quiteños a degustar de las famosas tripas.

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