26 de junio de 2017 19:06

'Parecían hormigas': relato de rescatistas del naufragio en Colombia

La tarde del domingo 25 de junio del 2017 la nave “El Almirante” naufragó con unas 170 personas, de las cuales dos siguen desaparecidas. Foto: AFP

La tarde del domingo 25 de junio del 2017 la nave “El Almirante” naufragó con unas 170 personas, de las cuales dos siguen desaparecidas. Foto: AFP

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Agencia AFP

En un suspiro Yovan Betancur vio cómo se hundía una embarcación de cuatro cubiertas en una represa del noroeste de Colombia, donde murieron siete personas. Apresurado finalizó el paseo que realizaba en su lancha y acudió al rescate.

“Yo llegaba y los cogía, eso parecían hormigas, llegaba uno de ellos y empujaba a los otros” para conseguir espacio en los botes que los socorrían, dijo a AFP este hombre de 28 años a orillas del embalse El Peñol-Guatapé, a unos 68 kilómetros de Medellín, donde la tarde del domingo 25 de junio del 2017 la nave “El Almirante” naufragó con unas 170 personas, de las cuales dos siguen desaparecidas.

De baja estatura y menudo, Betancur usó su experiencia de cinco años como lanchero para rescatar a 12 personas de las gélidas y oscuras aguas del lago, uno de los principales sitios turísticos del departamento Antioquia, cuya capital es Medellín.

“Cuando iba a recoger a más gente, ya no había más, los habían recogido los otros compañeros”, aseguró, orgulloso de haber sido uno de los lancheros que evitaron que el número de fallecidos fuera mayor. En total 158 personas sobrevivieron.

Aunque su bote, de techo azul y cuerpo blanco, tiene capacidad para 20 pasajeros, prefirió no arriesgarse a quedarse a mitad de camino por exceso de peso entre el lugar del naufragio y el malecón, donde descargó a los rescatados.

“No me deje” 

“Mucha gente me gritaba que no los fuera a dejar allí, 'no me deje, vea'”, recordó el lanchero, sin despegar su mirada del lugar donde se hundió “El Almirante”, del que según dijo muchos sobrevivientes salieron “chorreando sangre y aporreados”(golpeados). La gran mayoría “sin chaleco salvavidas”.

Las mismas imágenes cruzan la mente de Carlos Campuzano, de 44 años, el primer navegante en llegar a la zona de la tragedia, cuyas causas aún se desconocen. Dedicado hace una década a pasear turistas por la represa, avistó desde la sede de la cooperativa en la que trabaja el hundimiento de la imponente embarcación.

“Cuando llegué allá ya estaban hundidos el primero y el segundo piso” y el barco se balanceaba, aseguró este hombre de tez morena y saludo alegre.

Pegó su bote a lo que quedaba de “El Almirante” y en un abrir y cerrar de ojos lo llenó de turistas. Antes de exceder la capacidad de su lancha, otra docenas de naves y motos acuáticas llegaron. Entonces su buque funcionó como un puente para que los náufragos abordaran otras embarcaciones.

“Las personas estaban en shock, el caos, uno montaba personas a la embarcación y llamaban a familiares, amigos, conocidos y pues uno qué hacía, pues había que venirnos porque no había forma de esperar. Había que sacar personas”, explicó.

Realizó tres viajes en los que calcula que le salvó la vida a al menos 30 personas, pero también cree que fue clave que les gritara a los ocupantes de la tercera y cuarta cubierta que saltaran al agua antes del hundimiento final. La mayoría siguió su consejo, entre ellos algunos niños.

“Es muy frustrante para uno, la impotencia que siente uno porque uno quisiera hacer más”, apuntó, en referencia a los que murieron.

El futuro

Como Betancur y Campuzano la mayoría de los 6 000 habitantes de Guatapé vive del turismo.

En un fin de semana llegan unos 10 000 visitantes y en uno largo por un día feriado, como en el que ocurrió el desastre, pueden arribar alrededor de 30 000, dijo a AFP la alcaldesa encargada, Marleny García.

Mientras se realizan las labores de búsqueda, las autoridades prohibieron navegar. En el malecón hay unas 110 lanchas y otras 15 embarcaciones de mayor tamaño que esperan el visto bueno para reactivar su negocio, afirmó García.

Los lancheros calculan que cada día pueden obtener unos 200 dólares, a los que se les descuenta el combustible y el alquiler de la embarcación.

“A uno le preocupa qué viene para acá para Guatapé, porque nosotros vivimos del turismo, este embalse es nuestra fuente de ingreso”, señaló Campuzano, sobre las repercusiones que el accidente podría tener en su actividad.

“Pero es una situación que se le sale de las manos al municipio”, dijo por su parte García.

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