9 de mayo de 2016 20:15

2 500 panes diarios se elaboran para albergues

Mujeres de la comuna de pescadores de San Mateo, Manabí, realizan pan para los damnificados del terremoto. Foto: Pavel Calahorrano/ EL COMERCIO

Mujeres de la comuna de pescadores de San Mateo, Manabí, realizan pan para los damnificados del terremoto. Fotos: Pavel Calahorrano/ EL COMERCIO

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Mariela Rosero

De lunes a sábado, como si acudieran a un trabajo por el que reciben paga, 70 mujeres, distribuidas en dos turnos, hornean pan. No lo hacen por hobby, tampoco con la idea de obtener recursos. En San Mateo, vía Spondylus, a 500 metros de una Y, el deseo de echar una mano a los damnificados por el terremoto movilizó a la comuna. Lo que fue el Hostal Mar de Ensueños, la propiedad de Mónica López, es el punto de encuentro de amas de casa y también de pequeñas emprendedoras.

Las mujeres se juntan para elaborar 2 500 panes diarios, que reparten en albergues de Manta, Portoviejo y Pedernales. Solo descansan los domingos. Los turnos son de 08:00 a 13:00 y de 14:00 a 22:00. También llevan avena de naranjilla.

Mónica López, de 48 años, nació en México, pero se casó con un ecuatoriano, tiene hijos nacidos en este país. Así que se siente muy útil como presidenta de la comuna desde hace cuatro años. Promovió la idea de que las mujeres de la zona sigan un curso de panadería y pastelería, hace tres años. Nunca lograron establecer una panadería para la organización, como era el deseo inicial, pues la maquinaria resulta costosa.

Con los conocimientos aprendidos decidieron dedicarse a preparar salchicha, croqueta y hamburguesa de pescado. Entre sus productos está el ‘hot fish’. Por ello vieron la necesidad de elaborar pan. Iniciaban el proyecto cuando ocurrió el terremoto. Les conmovió que otros pescadores artesanales de las zonas de Canoa, Pedernales y San Vicente resultaran afectados. Así que buscaron recursos para ayudar. Así consiguieron un horno, una batidora e ingredientes.

Mujeres de la comuna de pescadores de San Mateo, Manabí, realizan pan para los damnificados del terremoto. Foto: Pavel Calahorrano/ EL COMERCIO

“Soy mexicana y viví el terremoto de 1985. No podemos dejar que la gente se acostumbre a recibir todo sin hacer nada en los albergues”. Eso apunta López, quien recuerda que en esos sitios de acogida, la gente está a la espera de comida y bebida. Buena parte perdió los espacios de trabajo y sus rutinas, por eso cree que se les debe ayudar para que sean productivos. El Consejo Provincial de Manabí les regaló una batidora industrial, necesitan otro horno, latas para colocar el pan e ingredientes.

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