24 de febrero de 2016 00:00

La panela de Pacto atrae a quienes buscan trabajo

Pacto está ubicada al noroccidente del Distrito Metropolitano.  Tiene 750 variedades de aves diferentes. Foto: Paúl Rivas/ EL COMERCIO

Pacto está ubicada al noroccidente del Distrito Metropolitano. Tiene 750 variedades de aves diferentes. Foto: Paúl Rivas/ EL COMERCIO

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Evelyn Jácome
Redactora (I) 
njacome@elcomercio.com

Es la parroquia rural más alejada de Quito; pobre en cuanto a servicios básicos, infraestructura y vialidad, pero rica en lo que tiene que ver con la fertilidad de su tierra y con las oportunidades de trabajo.

Mientras en otras parroquias del Distrito la gente emigra a la urbe en busca de mejores días, en Pacto sucede un fenómeno adverso: el poblado es un imán que ha atraído en los últimos años a no menos de 1 000 colombianos que llegaron al país en busca de oportunidades.

Los habitantes insisten en que Pacto es para el vecino país, lo mismo que era España para el Ecuador años atrás: tierra de sueños y trabajo.

Juan Tipán, agricultor, cuenta la situación y bromea: “Esto es como España, pero con calles de tierra, sin obras, sin edificios y sin españolas”.

Las necesidades básicas de los casi 4 000 habitantes no están resueltas. De todo el Distrito Metropolitano, Pacto es la parroquia que tiene menor cobertura en servicio de agua potable: apenas el 40,68% cuenta con este suministro. La mayor parte de la población se abastece de ríos, vertientes, acequias o canales.

En Pacto, la falta de servicios básicos es suplida por la generosidad de la tierra. Aquí se produce cacao, café, naranja, mandarina, yuca, quinua, plátano, camote, zanahoria, paiteña, cebolla blanca, remolacha y papas. Pero la corona se la lleva la panela.

No en vano, Jaime Villarreal, presidente de la Junta Parroquial, la llama la capital de la panela. Es, para él, el reino de la caña. En Pacto se producen unos 2 000 quintales semanales de panela que se venden en todo el país y se exportan a Francia, Italia y España.

Al llegar a la parroquia se siente el clima costanero y un dulce olor se adueña de las calles. Desde la vía principal se vislumbran las montañas como pequeñas olas, cada una con una vivienda en la cima, y del techo de cada edificación se desprenden grandes cantidades de vapor. Son las fábricas de panela. En la zona hay cerca de 100 instalaciones productoras de este manjar.

En una de las fábricas se encuentra Lucía Días, de 38 años, quien junto a una enorme tina de jugo de caña explica cómo su negocio le permite dar de comer y educar a sus cuatro hijos de 18, 14, 11 y 3 años. Dos de ellos, los mayores, la ayudan en el proceso de elaboración.

Primero se debe sacar el jugo de la caña y pasarlo a unas pailas evaporadoras de acero inoxidable que se encuentran sobre unos calderos.

El jugo empieza a espesar y ella no debe dejar de mecerlo por casi una hora y media. Con la ayuda de un palo toma una porción y la pone en agua. Si se cristaliza y se quiebra es que ya está en su punto. Se pasa la miel por un canal, se deposita en otra tina y se la mece. Como por arte de magia, el líquido se hace polvo y listo. A la semana obtiene 15 quintales. Por cada uno recibe USD 40.

Ella aprendió el oficio hace 18 años. Sus manos ásperas y gruesas dan testimonio de la dificultad del trabajo. Cuenta que necesita contratar ayudantes, sobre todo para el día de la colecta. A cada uno le paga USD 13 y le da el alimento.

El día que debe moler la caña se levanta a las 03:00 y no descansa hasta las 22:00. Días es dueña de 10 hectáreas de terreno y tiene todo sembrado con caña. Ella y su esposo Wilmer Cortez admiten el sacrificio de su trabajo pero están orgullosos de lo que hacen.

En Pacto la mayor riqueza no tiene que ver con el auto que se maneja ni con el modelo de celular que se utiliza. Su prosperidad se relaciona con la tierra. El 80% de la gente vive de la agricultura. Además la parroquia le apuesta al turismo.

Hay 750 especies de aves que son el atractivo de dos áreas de conservación, como parte de la mancomunidad del Bio Chocó Andino.

Como dice Marco Durán, de la junta, en Pacto no hay pobres. no porque tengan millones sino porque necesitan menos para vivir. “Lo único que hace falta es manos para trabajar. Dicen que van a venir mineras a sacar oro de aquí. Eso podría matar nuestra tierra que es la que nos alimenta. Solo queremos vivir en paz”.

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