10 de julio de 2014 06:36

El partido contra Francia, pesadilla para ocho turistas

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Gabriela Quiroz.  Editora

Viajó nueve horas hasta Río de Janeiro y solo conoció la delegación policial 18 y regresó a Quito. Los gritos, risas y emociones propias de estar por primera vez en un Mundial de Fútbol se quedaron congelados en su memoria. A Jorge N., de 30 años, le envuelven la ira y la indignación por no haber cumplido su sueño: sentarse en las gradas del Maracaná y comentar el partido Ecuador-Francia junto a su papá, de 72 años.

La posibilidad de viajar a Brasil motivó a este joven a principios de año y tomó fuerza al ver ofertas de ‘tours’ de un día. Estos incluían pasajes, la entrada al juego de la Selección ecuatoriana, traslados, comida y paseo. Precio por un ‘combo’: USD 2 400 con tarjeta.

No quería ir solo, cuatro familiares se contagiaron de su ilusión y armaron el viaje. La madrugada del pasado 25 de junio partieron en un chárter desde el aeropuerto de Quito.
A diferencia de la mayoría de hinchas vestidos con la tricolor, este grupo y otros tres pasajeros se subieron al avión sin sus entradas para el cotejo.

Todos contrataron y pagaron por sus paquetes a Travel Center, intermediaria de Global Networks, operadora certificada por la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF) para vender estos servicios. Tras una parada en Manaos para el chequeo migratorio continuaron hasta Río, adonde arribaron antes del mediodía.

La expectativa creció y con ella la incertidumbre. Manuel M., de 60 años, soñaba con estar en el Maracaná, donde su padre estuvo hace 50 años y cuya reforma para este Mundial les costó a los brasileños USD 600 millones. Hasta ese momento -cuenta- pensaron que eran ocho los que bogaban por sus boletos, pero apenas vieron a un señor de Global Networks lo rodearon unas 16 personas. Frente a tanto reclamo les dijeron que sus nombres no estaban en las listas de beneficiarios.

Los buses para llevarlos al estadio estaban listos, así que se subieron con la esperanza de que allá les darían sus entradas. Habían pagado USD 135 por cada entrada de categoría 2.
Un cerco policial alejado del lugar impedía el ingreso de los buses, por lo que debían bajarse y caminar. Llamadas y mensajes a Quito exigiendo una solución iban y venían en el trayecto, que según recuerda Jorge se extendió por más de una hora.

La desesperación era inminente y solo les quedaba una opción: recurrir a la reventa.

Esta práctica -a diferencia de Ecuador- es considerada un delito, según el art. 41 del Estatuto del Aficionado de Brasil y está penada con multa y prisión de uno a dos años. En los últimos días han detenido a 12 personas por la venta clandestina.

En medio de la algarabía y con el susto de incurrir en una ilegalidad y de conseguir boletos falsificados, lograron comunicarse con Patricio Montalvo, gerente de Travel Center, quien les dijo que compren las entradas por su cuenta y se les reembolsarían en Quito.

Manuel y otro colega médico, que prefiere mantener en reserva su nombre, consiguieron por su lado dos entradas de categoría 1 y 3 a USD 500 cada una. Para otro joven, de 35 años, le resultó más complicada la búsqueda. En su bolsillo apenas tenía USD 300, así que entregó todo más su cámara de fotos. “No tenía ni para el bus de regreso”, pero su consuelo era que la entrada era de un guayaquileño que decidió no entrar al partido. En el caso de Manuel, el boleto era de un ambateño a quien un amigo se la compró pero no llegó al estadio. Cada entrada se caracteriza por tener el nombre de la persona que compra.

Mientras los tres tenían asegurados sus puestos en el estadio, en el que cerrará esta Copa mundialista, Jorge y sus familiares no corrieron igual suerte.

Apenas consiguieron dos de las cinco entradas que necesitaban, a USD 500 cada una.

Un brasileño les ofreció dos entradas al mismo valor y les llevó a un micromercado. Apenas faltaba una, cuando otro vendedor se acercó a uno de ellos y le ofertó un boleto por apenas USD 320. Ese momento llegaron policías vestidos de civiles y les quitaron la entrada, que había sido de cortesía.

De inmediato detuvieron al brasileño y al pariente de Jorge. La venta aún no se concretaba y fueron llevados al distrito policial 18. Ese momento el viaje se terminó para los tres que aún estaban fuera del estadio.

Este Diario consultó a Esteban Gallegos, gerente de Global Networks, varias inquietudes sobre la venta de entradas, a través de seis agencias.

Vía correo electrónico señaló: “Travel Center recibió boletería en Ecuador y por falta de pago de varias facturas a Global Networks y luego de las notificaciones debidas no recibió la del tercer partido, en casos muy puntuales...”. En dichos casos -agregó- su “única opción fue indicarles a los viajeros que deberían hacer el reclamo a su propia agencia o intentar conseguir la boletería por su cuenta, para que la agencia reembolsara el dinero en caso de conseguirla”.

Al final de su respuesta amenazó con adjuntar los e-mails a su abogado para que tomara “medidas pertinentes en caso de que el medio haga mal uso de información (la falsamente recopilada por ustedes y la veraz entregada por nosotros) y sea parte desencadenante de difamación o argumentaciones falsas en contra de Global Networks, su representante legal, accionistas o colaboradores sin las pruebas necesarias”.

Montalvo, de Travel Center, en cambio, explica que pagaron todos los tours a Global Networks, pues caso contrario no les hubiesen entregado los ‘vouchers’ de servicios.

Reconoce, además, que los pasajeros pagaron con anterioridad y dice estar pidiendo a Global Networks la indemnización, de los cuales dos piden el valor de las entradas revendidas y cinco solicitan el costo total del tour y -según dice- lo harán a partir del 25 de julio.

Jorge estuvo con sus dos familiares hasta la noche en la delegación. Ahí se enteraron que la Selección empató con Francia. Los policías no les dejaron libres hasta que se terminó el partido. Los ocho analizan presentar una demanda legal, en la que se reconozcan los daños y perjuicios, pero pese a la pesadilla que vivieron volverían a ir al siguiente Mundial...

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