6 de abril de 2016 00:00

El padrón electoral arrastra problemas desde hace décadas

Tras las denuncias del PSP, Juan Pablo Pozo, titular del CNE, reiteró que no hay difuntos votando, en febrero pasado. Foto: Alfredo Lagla / EL COMERCIO

Tras las denuncias del PSP, Juan Pablo Pozo, titular del CNE, reiteró que no hay difuntos votando, en febrero pasado. Foto: Alfredo Lagla / EL COMERCIO

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Redacción Política
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El padrón tiene errores históricos. Eso lo dejó claro Wilson Hinojosa, director de Registro Electoral del Consejo Nacional Electoral (CNE), tras los cuestionamientos de los técnicos informáticos de las organizaciones políticas.

El Registro Civil también esquivó la responsabilidad; la depuración es tarea de la autoridad de sufragios, dijo el subdirector, Claudio Pietro.

La base de datos original que el Registro Civil le entregó al CNE tiene 19 millones de registros (de personas de toda edad). Para Enrique Mafla, informático delegado del PSP, es imposible revisarla para estos comicios. Sugirió tomar una muestra aleatoria que determine la calidad del padrón.

Según Hinojosa, el padrón preliminar consta ahora de unos 12,5 millones de registros. Y estos son los que deberán ser depurados. E insiste en que solo el 2 de octubre, de acuerdo con el cronograma, se conocerá el listado definitivo de electores. En el 2014, el padrón tuvo 11 601 835 electores.

Todos los actores involucrados en el proceso de depurar el padrón, para las votaciones de febrero del 2017, concuerdan en que los problemas se arrastran desde hace décadas.

Carlos Aguinaga, expresidente del extinto Tribunal Supremo Electoral (TSE), calcula que deben ser unos 50 años de mal manejo de las bases de datos físicas y de no concluir el traspaso digital de la información de los ciudadanos.

Aguinaga recuerda que a finales de los noventa e inicios del 2000 tenían problemas similares. Por ejemplo, entre 1998 y 2000 se hicieron cuatro actualizaciones del padrón.  La mayor imprecisión en ese entonces era la cifra de los ecuatorianos que migraban. Esto ocasionaba un ausentismo del 20% en cada elección.

Ahora, pese a que los flujos migratorios han disminuido, el problema se mantiene. Según calcula el Registro Civil, hay 1,5 millones de ecuatorianos que no han registrado su salida.
Hinojosa lo conecta al temor de los migrantes irregulares. Y no es obligatorio notificar el cambio de domicilio electoral en los consulados. A ellos tampoco se los puede eliminar del registro, pueden volver y tienen derecho a votar.

Las autoridades aceptan que hay problemas sin solución definitiva. Uno: el registro de nacimientos y defunciones. Pietro explicó a los delegados técnicos que en ciertos sectores, más en las zonas alejadas, no se notifican estos eventos. Y aclaró que no tienen la facultad legal para dar por muerta a una persona sin importar la edad que registre el sistema.

Sobre eso el CNE encontró una solución parcial. Según Hinojosa, en 2014, se declaró como información no verificable la de más de 40 000 personas que superaban los 100 años y no habían acudido en varias ocasiones a las urnas. Fueron eliminados del padrón. “Este mismo proceso lo volveremos a correr previo al cierre de este registro electoral”.

Para Aguinaga hay otro inconveniente: existen dos registros separados, el del Registro Civil y el del padrón. “Hay que construir un expediente universal, toda la información del ciudadano en un solo archivo”.  Esto, explica, debe ser una política de Estado; depurar definitivamente el registro de ciudadanos, un trabajo de varios períodos administrativos.

Pietro contó, en la última auditoría, que hay todavía información que está en bases de datos físicas, en papel, y que esto dificulta y retrasa la verificación de ciertos registros.

Aguinaga, expresidente del TSE, recuerda que entre el 2001 y el 2002 intentaron hacer una gran depuración, para lo que debieron digitar manualmente las defunciones registradas en toda la década de los noventa. Redujeron de 650 000 difuntos, que constaban en el padrón, a 320 000.

Todas estas cifras flotantes son las que preocupan a las organizaciones políticas. Temen que puedan convertirse en votos válidos. Por eso designaron a los técnicos informáticos para que revisen el padrón electoral, junto con el CNE.

El jueves pasado, Néstor Marroquín, delegado de Concertación; José Cabrera, del PSC; y Mafla, le mostraron más inconsistencias al CNE. Por ejemplo, unos 519 000 números de cédula que no pertenecen a nadie, pero existen; ciudadanos registrados sin un nombre válido, cédulas duplicadas, personas con dos cédulas, guerrilleros...

Aunque el CNE y el Registro Civil se empeñan en garantizar la seguridad del proceso, entre Mafla y Aguiñaga recordaron que en el país se falsifica todo tipo de documentos físicos y digitales, como sucedió con los títulos registrados en la Senescyt. Además, este no es solo un problema electoral sino que también se usa para fraudes civiles, legales, aduaneros, fiscales. Aunque sí concuerdan con Pietro e Hinojosa en que no existe un registro electoral ni civil perfecto.

La respuesta de Hinojosa ante las críticas es que en estos casos puntuales hay “una auditoría en la fase postelectoral para chequear efectivamente si alguien (que no podría) sufragó y sobre todo si ha sido un número gigantesco como para incidir en una votación”.

En contexto
El CNE inició el 21 de marzo un programa de auditorías a los procesos electorales. El primero es al padrón, de todas formas las organizaciones políticas denuncian que no es una auditoría real, que el CNE se limita solo a contarles cómo funcionan los sistemas.

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