22 de agosto de 2016 00:00

Pacientes de Chone y Bahía aún se atienden en campamentos

El Napoleón Dávila, que ahora es derrocado, es del 98.  En 1942 un sismo también dejó sin hospital a este cantón. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

El Napoleón Dávila, que ahora es derrocado, es del 98. En 1942 un sismo también dejó sin hospital a este cantón. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

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Elena Paucar

Ya no hay paredes que oculten los daños. Sus cinco pisos lucen como un rompecabezas. Las lámparas penden de débiles cables y el zinc del tumbado rechina con el viento.

Es lo que ha quedado del Hospital Napoleón Dávila Córdova, en el cantón manabita de Chone, donde las excavadoras desmoronan lo que el terremoto del 16 de abril no logró destrozar por completo.

Irónicamente, es la segunda vez que Chone pierde su hospital a causa de un sismo. Otro violento terremoto destruyó el que existió hasta 1942. Entonces su director, el doctor Dávila Córdova, reunió donaciones de 200 y 500 sucres para levantar uno de madera que luego fue reemplazado por otro que se terminó de adecuar en 1998.
Esa infraestructura es la que no se pudo recuperar tras el último sismo. Un informe de la Organización Panamericana de la Salud concluyó que sus cimientos, columnas y vigas “sufrieron daños importantes y no podrán ser reparados”.

“No se salvó nada -dice Carmina Pinargote, coordinadora zonal 4 de Salud-. Pero planificamos construir un hospital general de 83 camas y otro básico de 30 camas”.

Chone tiene cerca de 126 400 habitantes. Su anterior hospital tenía 130 camas. Aún no se conoce el presupuesto ni el tiempo que tomará levantar los nuevos hospitales. Pero Pinargote recalca que la atención no se paralizó.

Inicialmente, el Napoleón Dávila atendió en carpas. Ahora se asienta en el terreno donde la fundación Samaritan’s Purse instaló un hospital móvil y donde por dos meses atendió a 1 200 personas e hizo más de 200 cirugías.

La doctora Alexandra Bravo recorre las carpas donde hay espacio para 13 pacientes en Emergencia y los contenedores de rayos X, Neonatología y quirófano. Por ahora el hospital pasó de 136 camas a 72 y de 22 consultorios a ocho.

El terremoto también remeció las cifras de atención: de 150 consultas por día pasaron a 60, y de 650 hospitalizaciones a 400 por mes. Bajo una de estas carpas Ericka Solórzano tuvo a su hijo, Jeremy. Y Rita Marcillo coordinó una cirugía.

El Napoleón Dávila era un sitio de referencia del norte de Manabí y de provincias cercanas. Para mantener la cobertura y debido a que por ahora no realizan cirugías de alta complejidad, Bravo explica que derivan pacientes en ambulancias a Guayaquil y Portoviejo.

Manabí tiene 190 centros y subcentros de salud. 10 están en reparación por USD 600 000, como indica la coordinadora zonal. Y de sus 11 hospitales, el de Chone y el de Bahía de Caráquez (en el cantón Sucre) tienen daños severos.

El del 16 de abril es también el segundo terremoto que deja graves secuelas en el Miguel Hilario Alcívar. Abrió en 1987 y en 1998 un sismo con epicentro en Bahía causó su colapso parcial. Por dos años un minihospital lo reemplazó; hoy, nuevamente, fue abandonado y se evalúa si debe ser derrocado por completo o no.

Judy Bandera, su directora asistencial, dice que solo minutos después del terremoto atendieron tres partos y otras cirugías dentro de ambulancias, ayudaron a 94 heridos y adecuaron, pese a la lluvia de esa noche, una sala de hospitalización en el parqueadero.
“Pero no podíamos quedarnos ahí. En la madrugada hubo una réplica fuerte y el edificio no era seguro. Había paredes caídas, ventanas rotas y grietas en las escaleras”.

Un día después se trasladaron a la Escuela de Guías Penitenciarios, el campamento que dejó el Cuerpo de Ingenieros del Ejército cuando construyó el puente Los Caras. Así, pasaron de 146 a 94 camas y de cuatro quirófanos a una unidad quirúrgica móvil y otro en adecuación. En este caso, las limitaciones físicas no afectaron drásticamente las cifras de atención. En marzo, antes del sismo, el Miguel H. Alcívar cerró con 1 639 consultas y 508 hospitalizaciones; en julio llegaron a 1 861 consultas y 428 hospitalizaciones.

“Los médicos (34 en total) arriesgaron su vida -cuenta la directora-. Entraron al hospital y bajaron microscopios, camas, ecógrafos, incluso la torre de laparoscopia que tenía solo tres meses. Así logramos armar nuestro hospital”.

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