16 de marzo de 2016 12:17

Pablo Pineda vive sin límites

Pablo Pineda es el primer europeo con síndrome de Down en terminar una carrera universitaria. Visitó Guayaquil y busca motivar a familiares de personas con discapacidad. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO

Pablo Pineda es el primer europeo con síndrome de Down en terminar una carrera universitaria. Visitó Guayaquil y busca motivar a familiares de personas con discapacidad. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO

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Elena Paucar

Está cómodo en el sillón. No le molestan las intensas luces del escenario ni que el auditorio esté repleto. Pablo Pineda Ferrer cruza la pierna, se remanga el terno, hace una que otra broma, habla con soltura... A sus espaldas resalta una pantalla brillante con una de sus frases: ‘Los demás me pueden poner límites, yo no’.

“Si algo debe tener una persona con discapacidad es formación, estudio; porque es nuestra carta de presentación ante una sociedad que nos dice continuamente que yo no puedo, que yo no valgo… Yo sí valgo y aquí esta mi formación”, dice el primer europeo con síndrome de Down en terminar una carrera universitaria.

Pablo nació en Málaga (España). Tiene 41 años de edad, es maestro, conferencista, presentador de TV, autor de libros y también un actor galardonado.

El pasado domingo, decenas de padres de niños con síndrome de Down lo recibieron como a un famoso artista en el aeropuerto de Guayaquil. Muchos lo conocían por sus libros ‘El reto de aprender’ (2013) y ‘Niños con capacidades especiales: Manual para padres’ (2015).

Pero este martes 15 de marzo del 2016 pudieron verlo y escucharlo de cerca, durante una conferencia organizada por la Dirección de Acción Social y Educación del Municipio de Guayaquil y la Cámara de Comercio de la ciudad.

“Descubrí que tenía síndrome de Down a los 11 años. Un día un profesor me pregunta: ‘Pablo, ¿sabes que es el síndrome de Down?’ Yo le dije: ‘claro que sí’. Pero no tenía ni idea, vale”, dice con frescura y las risas empiezan a resonar en la sala.

Fue cuando empezó a investigar sobre esta condición genética, causada por la existencia de material genético extra en el cromosoma 21 y que se traduce en discapacidad intelectual, como cita la Organización Mundial de la Salud (OMS). El organismo también apunta que, globalmente, 1 de cada 1 000 niños nacen con síndrome de Down, lo que implica algunos problemas oculares, auditivos y cardiacos, en ciertos casos.

Pero Pablo rompió todos los esquemas, en gran parte por el apoyo constante de sus progenitores. “Mis padres tuvieron unas ideas realmente revolucionarias. Me enseñaron a ser lo más autónomo posible, a superarme como mis hermanos”.

Así pasó por la escuela, el colegio, hasta llegar a la universidad donde alcanzó un Diplomado en Magisterio de Educación Especial y continuó una licenciatura en psicopedagogía. Aunque su diploma quedó colgado en su habitación -no ha logrado ejercer su profesión-, ahora viaja por el mundo dando conferencias.

“El síndrome de Down no es una enfermedad -dice con firmeza-; y como no es una enfermedad, no hay grados. Cada uno es diferente y cada uno llegará a donde llegue; lo importante es ser feliz. Muchos me dicen: ‘Pablo, yo quiero que mi hijo sea como tú’. Y yo les digo: ‘no, yo quiero que sea como él es’. Yo cogí un camino, pero el niño puede escoger otro tan respetable o más que el mío”.

Pero no todo ha sido sencillo para Pablo, pues uno de los retos más grandes fue conseguir empleo. Inicialmente trabajó en el Ayuntamiento (Municipio) de Málaga como preparador laboral de personas con discapacidad. Sin embargo luego, en otro espacio, fue relegado a labores auxiliares, repetitivas; y acabó sacando copias y pasando papeles. “Hasta que me dije: yo valgo para más que manejar papeles”.

Así que se reinventó y sacó a la luz su personalidad camaleónica. En el 2009 se lanzó a la pantalla grande y se convirtió en el actor principal de Yo también, papel por el que ganó la Concha de Plata del Festival de Cine Internacional de San Sebastián.

El filme, en parte, habla sobre su vida; aunque en el fondo es una crítica a la sociedad. Es la historia de un joven con síndrome de Down que ha obtenido un título universitario y que comienza su vida laboral en la administración pública. Ahí, en medio de las barreras que levanta la discriminación, también conoce el amor.

“En esa época era estudiante. Salía en los medios de comunicación, pero nunca había actuado (…). La idea era aportar a una sociedad sin estereotipos. Deben ver nuestro talento, nuestras posibilidades; todavía falta esa cultura de desligar nuestra condición de nuestro talento”.

Ese es el mensaje que ahora lleva por varios países como miembro de la Fundación Adecco, en la que colabora desde el 2010. En sus charlas impulsa a los empresarios a abrir una ventana laboral para elevar la autoestima de las personas con discapacidad, que suman más de 950 millones en todo el mundo.

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