7 de enero de 2016 16:22

Osamentas de hace cien años, halladas en una casa de Quito

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Sara Ortiz

Las piezas óseas son humanas. Las encontró la tarde de ayer, miércoles 6 de enero del 2016, la propietaria de una vivienda ubicada en la calle Bernardo de Legarda y Sexta Transversal, en el norte de Quito.

La mujer hacía una zanja en su terreno cuando descubrió unos huesos enterrados. El hallazgo la alarmó y llamó al Sistema de Vigilancia ECU- 911. Un equipo de Criminalística de la Policía fue enviado hasta el lugar, ellos realizaron la recolección de todas las piezas.

También acudió el antropólogo forense Miguel Moreno, quien confirmó que los restos datan de aproximadamente cien años atrás y que durante ese tiempo han permanecido enterrados en ese lugar. Los investigadores también recolectaron tierra del lugar para establecer la fecha de muerte. Sin embargo, los datos de a quiénes pertenecían o por qué murieron son una incógnita.

Esta no es la primera vez que se encuentran osamentas en casas, terrenos baldíos y quebradas de la capital. Uno de los últimos casos ocurrió en la quebrada de Zámbiza, en donde fue hallado un esqueleto, el pasado 19 de noviembre. Tras investigaciones, entre las que se incluyen pruebas de ADN, la Policía determinó que se trataba de Jhomayra Calo, una estudiante universitaria que estaba reportada como desaparecida desde el 15 de marzo del 2015.

En mayo pasado, los empleados de una cooperativa de transporte interprovincial descubrieron en sus bodegas una encomienda que contenía los huesos de alguna persona. El cráneo humano fue lo más llamó la atención a los empleados, quienes realizaban la limpieza. La primera investigación de la Dirección Nacional de Delitos contra la Vida (Dinased) determinó que las piezas óseas se enviaron a Quito desde Loja y que llevaban allí desde el 2013.

En el hallazgo de ayer, los peritos llevaron los huesos hasta el departamento de Medicina Legal, en donde se iniciará la investigación. En este tipo de casos, un antropólogo forense se encarga de determinar la causa de la muerte, el sexo y edad de la persona. Además de buscar su identidad en una base de datos de la Policía, en donde constan los nombres de cientos de personas desaparecidas en el país. La mayor dificultad es el tiempo pues los rastros de un crimen, como sangre, huellas dactilares o texturas, se pierden en cuestión de horas.

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