4 de mayo de 2016 13:40

Los operadores de retroexcavadoras cuentan sus experiencias en la demolición de Pedernales

Derrocamiento de edificios colapsados en el centro de Pedernales. Foto: Antonio Salazar / EL COMERCIO

Derrocamiento de edificios colapsados en el centro de Pedernales. Foto: Antonio Salazar / EL COMERCIO

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Sara Ortiz

Su trabajo consiste en reducir a pedazos un edificio de cinco pisos, una casa, una escuela o cualquiera de las 1 159 edificaciones que fueron afectadas por el terremoto del 16 de abril pasado, en Pedernales.


Esta ciudad manabita está llena de retroexcavadoras. En cada cuadra se ve cómo arrancan las varillas de acero desde la raíz, rompen paredes o columnas y, en cuestión de horas, dejan solo recuerdos esparcidos por el suelo: entre los restos de hormigón se ve ropa, pedazos de fotos, zapatos de niños, juguetes empolvados, ollas aplastadas...

Lejos de ser una tarea sencilla, Iván Intrigago, operarios de maquinaria pesada, explica que ha sentido tristeza al destruir el esfuerzo de otros. "Sé que es importante hacerlo, porque igual son edificaciones ya dañadas, pero sí me causa dolor ver cómo la gente intenta salvar sus cosas y no puede", comenta este manabita de 28 años.

Hace seis maneja una retroexcavadora, pero su capacitación antes del sismo era solo para remoción de tierra, construcción de carreteras, minas y canteras. Nunca ha tenido que demoler tantas infraestructuras y en la misma cuadra.

En Pedernales, el sismo causó daños en el 80% de la infraestructura. Se extienden por toda la ciudad, desde el centro hasta la casa más humilde en las periferias, donde sus propietarios cuentan que la tierra no solo temblaba sino que les sacudía de abajo hacia arriba. En una cuadra, por ejemplo, de siete casas, solo una esta en pie.

El trabajo de los maquinistas es extenuante. Trabajan ocho y hasta 10 horas en el interior de la cabina de control que, en la mayoría, cuenta con aire acondicionado para soportar un sol de 29 grados.
Solo hacen una pausa de una hora para el almuerzo. Aún así, el trabajo no para, pues se turnan con los compañeros pues una vez iniciado el derrocamiento sería inseguro dejarlo a medias.

"Es una tarea que hay que hacerlo con precisión porque cerca de los edificios a veces hay casas que todavía están en pie. Pero también tenemos que evitar que haya accidentes como el de Manta" dice Diario Vega, otro operador de retroexcavadoras.

Se refiere al volcamiento de una de estas máquinas durante el derrocamiento de un edificio en esa ciudad.

"El primer día que tuvimos que derrumbar un edificio aquí en Pedernales, nadie de los compañeros quería tocarlo, porque nunca nos hemos preparado para esto. Pero al final echando andar se aprende", comenta.

A él también le causa tristeza destruir el patrimonio de otras personas. Sobre todo cuando le tocan casas muy humildes.

Según el Comité de Operaciones de Emergencia, en la ciudad hay más de 85 maquinarias entre retroexcavadoras, volquetas, camiones, etc. Estas están a cargo de remover más de 185 000 metros cúbicos de escombros y trasladarlos a una escombrera afuera de la ciudad.

Los trabajos de derrocamiento son dirigidos por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército, quienes monitorean el trabajo de los maquinistas.

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