25 de julio de 2016 00:00

188 microbuses operarán en la Simón Bolívar y alrededores de Calderón

En el puente peatonal al ingreso de Carapungo, las minivan y busetas se estacionan para tomar pasajeros y transportarlos a Quitumbe. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO.

En el puente peatonal al ingreso de Carapungo, las minivan y busetas se estacionan para tomar pasajeros y transportarlos a Quitumbe. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO.

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Érika Guarachi

Tarifas que se cobran al ‘ojímetro’. Busetas que no se sujetan a ningún horario. Vehículos de cualquier tipo que trasladan pasajeros, desde sedanes hasta buses escolares y paradas improvisadas. Este es el panorama que una nueva ordenanza busca erradicar en la av. Simón Bolívar y en las vías hacia Carapungo y hacia otros sectores del norte.

La semana pasada, en el Concejo Metropolitano se aprobó una ordenanza para regular este servicio, que lleva más de 10 años en la informalidad y que, por el incremento de la demanda, luce descontrolado. Sin embargo, varios aspectos, en su mayoría técnicos, todavía están por definirse.

Está corriendo un plazo de 180 días para, por ejemplo, se concrete la tarifa. El proceso de regularización se hará por fases, la primera será la inscripción y verificación de los requisitos que deberán cumplir tanto los vehículos como los choferes, para que los informales se conviertan en transportistas legales.

Enrique Cerón, dirigente de la compañía de transporte Transperiféricos, una de las seis operadoras que ofrecen este servicio en la avenida Simón Bolívar, anhelaba este paso para realizar su actividad dentro de las normas legales.

No solo los prestadores de transporte tienen expectativas sobre los pasos que siguen luego de la publicación del documento, sino también quienes se transportan a diario.

Carolina Tobar, quien se encontraba en la parada de la Simón Bolívar, a la altura de la conexión con la autopista al valle de Los Chillos, confía en que con la regularización se logrará estipular una tarifa. Ella contó que en ocasiones paga USD 0,75 desde la Loma de Puengasí hasta Carapungo, y a veces paga un dólar, sin que alguna autoridad lo disponga.

En Carapungo, Mayra Caiza tomó una buseta hacia la avenida De los Granados. Ella destacó algunas cualidades positivas de este servicio, como la rapidez (tarda de 15 a 20 minutos) y que viaja sentada.

Hay días, sin embargo, como el viernes pasado, en que los vehículos resultaron escasos y se formó una fila de 30 personas. Las busetas, a medida que arribaban, se llenaban rápidamente. Caiza espera que con la regularización se organice un servicio más confiable.

La regularización no será para todos, al menos no por ahora. Solo hay 188 cupos. Darío Tapia, secretario de Movilidad, explica que en la ordenanza se acuerda una línea base de 128 microbuses, que cubrirá la ruta de Calderón hacia Tumbaco y Cumbayá, y otra línea base 60 microbuses desde ­Calderón hacia Quitumbe.

Otra certeza está en que las personas que entrarán al proceso de regularización son quienes vienen prestando este servicio por varios años, los llamados ‘históricos’. No se descarta que otros conductores puedan acceder al proceso.

Todos deberán cumplir ciertos requisitos. Se adelantó, por ejemplo, que deberá poseer la licencia profesional y que los vehículos deberán pasar la revisión correspondiente.

A los choferes no les preocupan estos aspectos, porque de esa manera garantizarán su trabajo, según opinaron Moisés Oña, que lleva ocho años prestando el servicio, y Milton Montaño, que va tres.

En la presentación de la ordenanza, se conoció que las rutas y paradas serían seis: tres que irán por la Simón Bolívar y tres internas de Calderón.

En la actualidad, seis operadoras de transporte se dividen el servicio en la avenida Simón Bolívar, en diferentes rutas. La operadora Ruta Viva cubre la ruta Carapungo-Cumbayá. Las compañías Metro Trans, Tambo Cumbayá y Trans Yarac trabajan en la ruta Guajaló-Cumbayá. La operadora Transperiféricos va de Carapungo a Guajaló. Y la Trans Granados sale desde esa avenida hacia Guajaló.

Con la regularización esperan que la informalidad también disminuya.

Mario Villagómez, quien habitualmente aguarda por una buseta en la parada improvisada al ingreso de Carapungo, desea que con esta ordenanza se creen paradas adecuadas, que tengan asientos y cubiertas, que protejan del sol y de la lluvia. Ahora hacen fila en un terreno baldío e inseguro.

Tapia adelantó que se respetará la ubicación de las paradas actuales, pues cumplen con el propósito de hacer que el servicio sea rápido.

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