12 de marzo de 2016 00:00

Olas grandes y fuertes llegan a las playas 

Los obreros del Municipio de Salinas retiraron la arena y conchilla que se acumuló en el malecón, por los aguajes. Foto: Cortesía del Municipio de Salinas

Los obreros del Municipio de Salinas retiraron la arena y conchilla que se acumuló en el malecón, por los aguajes. Foto: Cortesía del Municipio de Salinas

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Juan Carlos Mestanza

Las playas de Esmeraldas, Manabí, Santa Elena y El Oro fueron afectadas por los fuertes aguajes que comenzaron el miércoles en la región costera.

Atacames y Mompiche, en la provincia verde, son los lugares más perjudicados por el golpe de las olas de este período de aguaje, llamado ‘aguaje máximo’, que termina hoy. Se denomina así porque ocurre durante el perigeo lunar, que es cuando la Luna está en el punto más cercano en su órbita alrededor de la Tierra. Por esa proximidad, el nivel del mar es mayor al normal.
Esa intensidad dañó al menos 150 metros del malecón de Atacames. En el sector La Bocana, los propietarios de los 25
comedores piden una reubicación, porque se inundan.

Aunque el Municipio refuerza la parte afectada con piedras y muros, los propietarios de cinco hoteles que están a solo 20 metros del malecón están preocupados.

Los negocios y parasoles del centro del malecón colocaron sacos de arena como barrera y pequeños muros, para evitar que el agua ingrese a los locales que están al filo de la playa.

En cambio, en el malecón de Súa, un poco más al sur, en dos tramos se puso cinta amarilla de seguridad, porque el mar ha empezado a socavar las bases.

Otro de los balnearios afectados es Mompiche (Muisne), donde se presentaron olas de casi dos metros. El vecino Santiago Moreno dijo que el agua ingresó a los restaurantes y a los hoteles, que están a 15 metros del malecón.

Los hoteleros y la comunidad compraron piedras de escolleras para reforzar el malecón. La Prefectura de Esmeraldas prestó la maquinaria para la construcción.

En Salinas (Santa Elena), personal del Municipio retiró ayer, con maquinaria especial, la arena y conchilla que se acumuló en el malecón y sus calles.

Las cuadrillas trabajaron en medio del ir y venir de los turistas que visitan el balneario.

El miércoles y jueves, por la tarde, personal de la Comisión de Tránsito del Ecuador cerró la circulación vehicular por la calle del malecón. La fuerza del mar, por el aguaje y un proceso de oleaje, hizo que el agua re­ba­sara la pared del malecón.

El aguaje se sintió también en centros urbanos. En Guayaquil, desde la noche del jueves hasta la madrugada de ayer, el agua del río Guayas, que tuvo un proceso de marea alta -que alcanzó 4,77 metros de altura-, ingresó por las alcantarillas.

Ocurrió en la calle del malecón Simón Bolívar, a la altura de las calles Víctor Manuel Rendón y Loja, sector de la Espol. Esto se repitió en el norte, frente a la terminal terrestre, donde el río Daule cubrió dos tramos de la calle ante el asombro de los conductores, pues en la ciudad no había llovido.

En Machala (El Oro) las lluvias que se registran en la zona austral causaron el incremento del caudal de varios afluentes, entre ellos el estero El Macho, que al sumarse con la marea alta no pudo desfogar normalmente hacia el mar, anegando varios sectores.

Según José Luis Santos, coordinador del Programa para el Cambio Climático de la Espol, los aguajes son eventos normales que ocurren todos los meses en mareas altas. Pero en esta ocasión, al estar la Luna más cerca de la Tierra se suma el evento de El Niño.

“Cuando tenemos un Niño, se produce un incremento en el nivel del mar en la Costa ecuatoriana. Ese aumento actualmente es de 10 centímetros; en El Niño de 1998 llegó a los 25 cm. Entonces, el aguaje y ese incremento adicional del nivel del mar son suficientes para provocar efectos como, por ejemplo, los que hemos visto en Salinas”.

En Manabí, el paso hacia la playa de Crucita (Portoviejo) se llenó de piedras y arena desde la tarde del jueves y la madrugada de ayer.

Según la Junta Parroquial de Crucita, no se registraron daños en las viviendas ni hay personas damnificadas. Sin embargo, Rosa Loor asegura que no pudo dormir porque pensó que el agua entraría. “Se escuchaba cómo chocaba el agua con las piedras”.

En ese sector, el oleaje del 24 de febrero dañó el muro de gaviones y el Municipio de Portoviejo lo reconstruye.

En Manta, el sitio Piedra Larga registra daños. Las olas arrastraron el material usado para la reconstrucción de un muro de escolleras.

Según la Dirección de Obras Públicas del Municipio, el muro tiene un avance del 30% y se construirá en forma de talud para que resista más.

En la zona rural de Manta, 60 familias viven cerca del mar, en zonas consideradas riesgosas. De estas, siete familias fueron evacuadas porque el suelo fue socavado y las casas podrían derrumbarse con un fuerte oleaje. Según el Instituto Oceanográfico de la Armada, se tiene previsto que las olas de este día alcancen hasta 2,60 metros de altura.

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