30 de November de 2009 00:00

En la oficina de Paz solo caben liguistas

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Pablo Campos. Quito 

No sabe con exactitud la fecha. Solo recuerda que Liga jugaba un partido de Copa Libertadores con River Plate en Buenos Aires y él quería viajar con el equipo para visitar la capital argentina.

Patricio Guevara estaba ilusionado con el viaje y su jefe  Rodrigo Paz lo sabía. Por ello, el directivo albo decidió gastarle una broma. Dos días antes del viaje, Paz se acercó a su empleado y le extendió un papel. “Si quieres viajar con Liga debes firmar esto”, le dijo en un tono muy serio.   



Trabajamos en un ambiente familiar. Y todos queremos a LDU
Rodrigo Paz Delgado
Directivo de Liga En el documento, el asistente personal del directivo se comprometía a dejar de ser hincha del Deportivo Quito para abrazar la camiseta de Liga. Guevara no lo pensó mucho, tomó un bolígrafo y firmó el documento. ¿Por convicción? “¡No que va! Firmé el papel porque quería irme de viaje”.

Guevara es un ex subteniente del Ejército que  lleva 30 años trabajando para Paz. Es su asistente, colabora con su seguridad personal  y lo acompaña a todos lados, incluidas las visitas semanales que hace el directivo al complejo de Liga en Pomasqui.

El ex militar se confiesa: pese a renunciar al club azulgrana en aquel papel, siente simpatía por la ‘AKD’. Sin embargo, su amor por Liga ha crecido, sobre todo tras compartir largas jornadas con  Paz, el directivo influyente del cuadro universitario. 

“Don Rodrigo daría su vida por Liga. El equipo es como un hijo para él y las personas que trabajamos a su lado hemos seguido su ejemplo y queremos mucho a la institución”, dice Guevara.

Paz es una suerte de predicador que ha inculcado a sus colaboradores el amor por la ‘U’. En su oficina, ubicada en la calle Robles y Amazonas, sus empleados se han convertido en hinchas universitarios, por convicción en unos casos o por  complacer al jefe  en otros.

“Yo no impongo nada a nadie”, dice Paz levantando sus manos. “Pero si no fueran liguistas sería muy difícil que logren ascensos en sus puestos”, cuenta sonriente. 

El directivo mantiene por 40 años su oficina en el  edificio Proinco, ubicado en el centro-norte de la capital. Antes tenía la Casa de Cambios Paz y ahora se mantiene como accionista del Produbanco.

Su oficina  es el cuartel de operaciones desde la cual se han tomado muchas de las decisiones que han llevado al plantel ecuatoriano  a la gloria internacional. También es el espacio en el que semanalmente confluyen entrenadores, futbolistas, políticos y amigos del ex Alcalde de Quito. 

Cinco personas trabajan en el despacho. Algunos como Guevara o Patricia Ávila, la gerenta y mano derecha de Paz, han estado entre 30 y 33 años junto al dirigente. Lo han visto  triste por el plantel, como en el descenso de 2000, o feliz y eufórico como en julio de 2008 tras conseguir la Copa Libertadores de América. 

La oficina futbolera en donde aún vive don Evaristo

Miércoles 25 de noviembre, 09:45. En Quito, la final de la Copa Sudamericana entre Liga de Quito y Fluminense de Brasil  roba la atención mediática. En las calles también se habla del juego, y las banderas y camisetas albas  se multiplican por doquier.

La euforia de los aficionados y la tensión antes del partido también se sentía en la oficina de Paz. Los siete teléfonos del despacho  sonaban sin cesar, al igual que el timbre de la puerta principal. Mauricio Montalvo, el mensajero de la oficina, iba y venía con sobres llenos de entradas.

El inmueble está lleno de fotografías familiares, de recuerdos de Liga (pósters de la maqueta de la Casa Blanca, relojes en forma de balones con el sello de la ‘U’ y figuras de don Evaristo Corral, el personaje que utilizó Paz durante su Alcaldía -1988-1992-).       

“Estos días de Copa son realmente ajetreados”, cuenta Patricia Ávila, la ‘mimada’ de Paz, mientras termina de atender una llamada. Muchos amigos del directivo, gente de embajadas, socios comerciales... se presentan para solicitar ‘unas entraditas’ para el partido. Los asistentes de Paz se dan modos para entregar los codiciados boletos.

‘Doña Paty’ lleva 33 años trabajando en la oficina de  Paz. Cursaba el sexto curso del colegio Spellman, cuando una profesora suya le comentó de la posibilidad de trabajar en la Casa de Cambios. La entonces adolescente acudió a una entrevista con Paz, quien como prueba le dictó una carta.

“Después de la prueba me fui a la casa y cuando llegué mi mamá me dijo que me habían llamado para que trabaje”, rememora con nostalgia Ávila.

El 19 de julio de 1976 asumió su puesto como secretaria de Paz y de Sydney Wrigth. Después, se dedicó solo a trabajar para el directivo albo hasta la actualidad. “Patricia es la jefa aquí. Maneja mis cuentas, las cuentas de mis hijos Gloria, Verónica y Esteban. Es fundamental para mi familia”, cuenta Paz.

La mujer es bajita, amigable y sonríe continuamente. En los primeros años de relación con la familia Paz, aún era apática frente al fútbol. Esto pese a que su familia y su esposo Carlos Molina son fervorosos hinchas de Liga.

El tiempo y la relación con Paz le acercaron más a Liga. Hace una década junto con su familia compró una suite en el estadio de Ponciano. “Fue una gran adquisición. Ahora siempre voy a los partidos y según mi familia soy la cábala. No fui en el juego contra el Quito y ya ve, perdimos el partido y el campeonato”.

‘Doña Paty’ también tiene otros recuerdos. Uno de ellos es Hugo Chávez (homónimo del presidente de Venezuela), quien falleció en enero de este año por un cáncer terminal. El ‘Campeoncito’, como le decían al personaje, ayudaba a la mujer en los trámites de la oficina de Paz.

Ella recuerda que El ‘Campeoncito’, quien se dedicó al boxeo en su juventud, siempre escuchaba los partidos de fútbol y los programas de Nueva Emisora Central.      

Una fiesta de disfraces en el cumpleaños de Paz

Gloria Torres es la contadora de Paz. Aquel miércoles 25 escuchaba en su computadora un CD de Bob Marley y contaba las horas para ir al partido contra el ‘Flu’. Llevaba puesta una camiseta de Liga con el número 5 y el apellido Obregón debajo. El ex capitán albo es uno de sus  preferidos.

Torres trabaja nueve años con Paz y reconoce que en un inicio no tenía idea de fútbol. “Me empezó a gustar por el señor Paz. Ahora voy a todos los partidos a la tribuna con las chicas que trabajan en las otras oficinas de Liga”.

Torres relata que el ambiente de trabajo es amigable y muy futbolero. Dice que Paz es un jefe exigente, al que le gusta sorprenderse cada día.

Hace varios años, el círculo de confianza  del directivo decidió organizarle una fiesta por su cumpleaños. Todos decidieron disfrazarse. “Yo me vestí  con una mini muy cortita, don Patricio se vistió de viejito, Saúl se disfrazó de diablo... Hubo un brindis y don Rodrigo apagó la vela. Él estaba muy contento con la sorpresa”.

Las anécdotas y los personajes

Saúl Elizalde destaca la generosidad de su jefe. Hace ocho años fue intervenido de un tumor en el cerebro. “El señor Paz habló con el doctor y me ayudó a cubrir los gastos médicos”.

Elizalde  dice que su jefe es una persona caritativa. Recuerda que hace ocho años afrontó un tumor cerebral y Paz lo ayudó a combatirlo. El directivo cubrió parte de los gastos de la operación.

Patricia Ávila cuenta que Rodrigo Paz llevaba a  sus niños  Verónica, Gloria y Esteban a trabajar con él en las vacaciones. “Esteban siempre estaba presto a ayudar”.

Los trabajadores coinciden que el secuestro de Esteban Paz en 2002  fue uno de los momentos más duros para su padre. La relación entre padre e hijo es muy cercana.

Rodrigo Paz anunció a finales de 2008 que se retiraría de forma progresiva de la dirigencia deportiva. Sin embargo, sus decisiones siguen siendo las más importantes.

Uno de los momentos más felices para el directivo fue la consecución de la  Libertadores. El trofeo era llevado continuamente a la oficina del primer piso del edificio Proinco.
Una fotografía  de Gloria, Verónica y Esteban (hijos de Rodrigo Paz) adornan la oficina principal.

Rodrigo Paz también recibe la visita de personalidades del exterior. Uno fue el presidenciable chileno Sebastián Piñera, dueño de Colo Colo, que pidió a Paz su receta de éxitos.

Saúl Elizalde, encargado del archivo, trabaja 25 años en el despacho. Tiene 52 años y tres hijos. Se hizo hincha de Liga, aunque al inicio era seguidor de Barcelona (un detalle que hasta hoy era desconocido para Rodrigo Paz).

Ahora enfrenta un problema: su hijo menor Richard se ha declarado seguidor del conjunto torero y Elizalde se ha propuesto quitarle esa idea. “Don Rodrigo es como nuestro padre. No vale que seas del Barcelona”, le repite a diario a su heredero.

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