10 de April de 2010 00:00

Una obra de teatro de niños para niños

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Redacción Cultura
cultura@elcomercio.com

El primer colectivo de Teatro infantil Guagua Pichincha surgió de la iniciativa de la actriz rusa, radicada en Ecuador, Irina Gamayunova  (‘Sólo cenizas hallarás’, ‘La extraordinaria muerte de Ada Maldonado’, entre otras).
 
La idea apareció después de que Gamayunova presenciase la presentación del grupo infantil La Colmenita, de Cuba, en el Teatro Sucre en el 2007.



 Guagua Pichincha
El proyecto,  parte del Taller de Teatro Mascaró, tiene previsto crecer con una nueva convocatoria para este año. 
La actriz  Irina Gamayunova, además de escribir esta obra teatral, también es la autora del relato  ‘El espíritu de la selva’. En Rusia también trabajó con niños.
Las funciones  son hasta el 25 de abril, los sábados y domingos, a las 11:00,en el Patio de Comedias. Entrada: USD  5.

Entonces, con el apoyo del Gobierno Provincial de Pichincha, se abrió una convocatoria  a la cual acudieron más de 400 niños. Tras una selección quedaron 25, quienes dieron forma al colectivo.
 
Un proceso de formación fue necesario para explotar su talento. Allí,  apoyaron Álvaro Rosero,  percusión; Isaac Yépez,  magia; Irma Santoro,  canto; Alducir Saad,  manejo escénico, y  la misma Gamayunova,  actuación.
 
El resultado de todo ello fue su ópera prima ‘Una vaca que buscaba una estrella’, obra escrita y dirigida por la actriz rusa y que tuvo su estreno en octubre de 2009.
Ahora, la pieza está de  temporada en el Patio de Comedias. La puesta en escena tiene una base lúdica, que se complementa con  música, teatro negro, malabares y magia. “Todo ello emergió mientras escribía la obra, es una síntesis de recursos”, dice la directora.
 
El orden de las acciones teatrales presenta  dos partes. La primera muestra la alienación de los niños actuales con respecto a la aparición de las nuevas tecnologías y cómo la imaginación cede ante ellas. La segunda, en cambio,  es una invitación  a soñar.

Así, los niños narran alternadamente la historia de  María, una vaca distraída que  mira a las estrellas y siempre quiere bailar. En este personaje empiezan a caer todas las obligaciones y prejuicios de una sociedad mecánica, enfocada en producir leche.
 
Sus compañeras, su maestra y  los reyes de la villa intentan hacer entrar en razón a María. Pero el desarrollo de las acciones indicará que siempre es necesario un sueño (una estrella) para ser feliz.
 
El escenario se vuelve así en un campo de juegos. Más allá de una interpretación se puede ver que los niños se divierten y buscan expresarse. Hay quienes sobresalen y hay quienes se  roban la escena, hay  momentos de mucho ritmo y otros de vacío; sin embargo, el montaje de ‘Una vaca...’ es un ejercicio teatral que permite a todos (público adulto incluido) la posibilidad de sentirse niños.

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