20 de julio de 2016 00:00

La obra en la Granados afectó al comerciante

Los peatones no cuentan con espacios seguros para poder cruzar por la Granados, que exhibe locales cerrados o bloqueados con cintas. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

Los peatones no cuentan con espacios seguros para poder cruzar por la Granados, que exhibe locales cerrados o bloqueados con cintas. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

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Evelyn Jácome
njacome@elcomercio.com

Ya no es la zona comercial que solía ser. Las vallas de metal que limitan las excavaciones, los tractores, los desvíos y el polvo, ahuyentaron a los clientes y se llevaron la tranquilidad de los moradores.

En el lugar donde desde febrero se construye el intercambiador de la Granados, las personas no tienen un paso peatonal por donde cruzar.

Miran de un lado al otro y encuentran el momento indicado para pegar la carrera y ganarle a los autos. Abordar un bus es otra proeza. Antes, la parada se encontraba a pocos pasos en la Granados, hoy deben cruzar cinco cuadras al redondel del Ciclista.

Caminan sobre la calle, junto a carros, motos… porque en el trayecto no hay veredas, y si las hay, tienen grandes surcos.

En medio del sonido de los tractores y motores de los autos se escucha las voces de algunos peatones. ¿Dónde tomo un bus para ir a Cumbayá? ¿Por dónde voy a la Río Coca? Movilizarse en el sector, a pie o en auto, no es fácil. Estacionarse allí es imposible.
Por eso las caras largas de los dueños de los locales comerciales, afectados colaterales de esta obra que beneficiará a los habitantes de Quito y los valles pero que, hasta que termine, les ha generado pérdidas.

En plena intersección funciona un restaurante que antes de la intervención vendía 100 almuerzos; hoy no llega ni a 30. María Andrade, de 57 años, teme no poder reunir los USD 700 de la renta por lo que va a hablar con el dueño de casa para ver si le hace un descuento, caso contrario, dice acongojada, tendrá que cerrar.

En una florería cercana, las ventas fueron en picada. Antes vendían 20 ramos, hoy no venden ni tres. Caterine Ovelencio toma una rosa y muestra cómo el polvo se aferra a los pétalos y los daña. Como nadie compra flores marchitas, están buscando otro local.

Las ventas en El Galeón, que vende bebidas, snaks, alimentos e implementos de papelería desde hace 22 años, también bajaron en un 65%. Marcelo Romero, propietario, cuenta que no han pensado en cerrar porque es dueño del inmueble y no paga renta, pero han tenido que disminuir el personal en un 50%.

La construcción no solo afectó a los negocios grandes. Hace tres años, Rosita Guamán, de 44 años, mantiene a sus siete hijos con un quiosco que tiene en la Eloy Alfaro. Antes, en un buen día, reunía USD 60. Hoy no vende ni USD 5.

Los ingresos bajaron incluso en locales que tenían plan de emergencia. En AMC Ecuador, dedicada a vender implementos de seguridad industrial, Ricardo Marcillo cuenta que elaboraron un plan estratégico para mitigar perdidas.

Implementaron un servicio de entrega a domicilio que les ha funcionado bien, comparado con otros locales. Solo han bajado un 30% de ingresos.

En el lugar hay 120 agentes de tránsito que ayudan a la movilidad, pero pese al esfuerzo, el trancón es inevitable. El tiempo de desplazamiento de la gente prácticamente se triplicó. Vivir en la zona ya no es lo que era meses atrás.

Pamela Romero, de 32 años, quien reside desde su niñez en las calles Motilones y Guevara Moreno (barrio Analuisa), asegura que no puede ni sacar el auto de su garaje. Ha escapado de chocar su vehículo por la cantidad de afluencia. Además, como quitaron los rompevelocidades de la Motilones, la vía se volvió demasiado rápida. Una pista.

Debido a los cambios en las vías, para llegar a su casa debe ir hasta la Gaspar de Villarroel y como todas las calles que salen de la Motilones están habilitadas de bajada, debe dar un vueltón por la Eloy Alfaro. El nuevo trayecto le toma 25 minutos adicionales.

La confusión y el trancón obligó a Rosángela Alulema a madrugar 25 minutos más. Antes, tomaba un bus de su casa hasta la Granados, y allí abordaba un bus al valle. Hoy el bus se tarda y debe caminar por 10 minutos a paso apresurado.

Los vecinos se quejan del ruido, de la recolección de basura, y del polvo que está empezando a causar problemas respiratorios…. Los afectados cuentan los días para el fin de la obra.

En contexto

El martes comenzó la segunda fase de la construcción del intercambiador de la Granados. La constructora china Road and Bridge Corporation está trabajando 24 horas al día con 84 obreros para entregar el paso deprimido antes del regreso a clases.

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