13 de December de 2009 00:00

Los oblatos viven con el recuerdo del padre Julio Matovelle

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Juan Pablo Vintimilla  Redacción Cuenca

Aunque está en el Centro Histórico de Cuenca, en el interior del convento de los oblatos el ruido no  atraviesa  las amplías paredes de adobe. Lo único que reina  es el silencio, que crea  un ambiente de misticismo.



Cuenca   atesora  bienes oblatos  

Cuenca ya no es  sede de la Congregación de los Oblatos, sino  Quito. Las casas de formación  están en Bogotá (Colombia) desde 1973. La  mitad de   religiosos es de ese país.

Un proyecto   es crear un museo del padre Julio Matovelle para  exhibir   3  000 libros de los siglos 17, 18, 19 y 20. También  50 cuadros religiosos, 20 esculturas, 500 piezas textiles y sus manuscritos.

La radio Matovelle suena en los parlantes de  los parques  Abdón Calderón, San Blas y San Sebastián, en el Centro Histórico de Cuenca.Es el entorno perfecto para que novicios como el lojano Julio Córdova tenga hasta tres jornadas de oración al día y  reciba sus lecciones. Tiene 18 años y en una década  estará listo para oficiar misas.

Él sintió el llamado de Dios luego de una convivencia de los oblatos a la que asistió por sus estudios en el Colegio La Dolorosa, en Loja, aunque antes ya sospechaba que su vocación era la religión. Luego de dos convivencias más decidió  ingresar al noviciado.

Lo guía  el bogotano Ramiro Cristancho,  el más joven y activo de los tres sacerdotes oblatos radicados en Cuenca. Allí, hace 125 años, el sacerdote azuayo Julio Matovelle fundó la única orden religiosa masculina del país.

El  convento, a más de ser silencioso está lleno de reliquias  como  la tumba de mármol de Matovelle y a pocos metros  la celda en la que pasó sus últimos años. Cristancho afirma que permanece intacta desde   su muerte en 1929.

Allí está  su biblioteca con libros escritos en francés, su reclinatorio, su cama... Es un sitio con acceso restringido porque Matovelle está en proceso de beatificación y esos  objetos pueden convertirse en reliquias. Ya fue nombrado  venerable por Juan Pablo II.

Aunque el patrimonio material de la congregación es importante, lo es  más el número  de fieles que llegan a los santuarios y templos que están o estuvieron a su cargo. Entre ellos  El Cisne (Loja), El Quinche (Pichincha), el Panecillo y la Basílica del Voto Nacional (Quito) y La Merced (Cuenca).

La congregación fue fundada para misiones parroquiales. Ahora sus 52 religiosos (27 de ellos sacerdotes) están en Ecuador, Colombia, Italia y Estados Unidos. A más de la labor pastoral, los oblatos   dirigen  el Liceo Matovelle (Quito) y la Unidad Educativa Julio Matovelle (Cuenca). También dos  radios en ambas urbes.

En Cuenca,  la emisora se llama  Radio Matovelle y se especializa en  música ambiental sin publicidad comercial y con  mensajes para fortalecer la fe cristiana.

Una pequeña habitación, a la que se accede desde el convento, es la sede. Ximena Luzuriaga la opera. Según ella   aunque el dinero es limitado porque no hay publicidad  tiene  buena audiencia.

Lo sabe porque cuando la radio sale del aire por  cortes de energía   recibe llamadas de sus oyentes  exigiendo   explicaciones.

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