20 de octubre de 2014 10:47

Entre las cruces sobre el agua, el Código del Trabajo y una nueva movilización

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Santiago Estrella G.
Editor encargado

El poeta francés Charles Baudellaire decía que “la patria es la infancia”. Y eso podría explicar por qué el escritor ecuatoriano Joaquín Gallegos Lara creara la novela ‘Las cruces sobre el agua’. Tenía solo 11 años en aquel 15 de noviembre de 1922 y fue testigo de la masacre de aproximadamente 1 500 obreros que llevó adelante una huelga nacional en contra del gobierno de José Luis Tamayo.

Varios años después, en 1946, como parte consagrada de la denominada ‘Generación del 30’ de la literatura ecuatoriana, Gallegos Lara escribió la novela. El motivo es la masacre a los trabajadores. Los dos potagonistas son un obrero, que muere ese día, y otro de clase media que tenía sensibilidad social –algo de lo que carecía su novia, razón por la cual decidió romper con ella- participan de la movilización sindical.

Años después, cuando el ´pequeño burgués’ regresa a Guayaquil luego de un viaje de años, ve flotando en la ría cruces con flores. Le cuentan que es algo que depositan cada 15 de noviembre en homenaje a los obreros asesinados.

Los criados en la tradición revolucionaria marxista siempre reivindicaron –y reivindicarán- esa fecha. El título de esa novela está enraizada en la tradición sin necesidad de haberla leído. Y aunque 1922 no es el inicio de la organización sindical en el país (en 1915 se logró que el 1 de mayo fuera feriado y al año siguiente se impusieran que solo fueran 8 las horas de trabajo diario, de lunes a sábado), fue su primer legado simbólico o el más recordado de una lucha contra “el estado burgués”. Luego llegó una victoria: el Código de Trabajo en 1938.

Citando la novela de Gallegos Lara, el presidente Rafael Correa dijo que el 15 de noviembre presentará “una media docena” de Reformas al Código de Trabajo Vigente.

Carlos Marx Carrasco, ministro de Relaciones Laborales, lamentó que se perdiera “la oportunidad histórica” de tener un nuevo Código pero en “aras de la paz social” y para que no haya “pretextos de desmanes”.

El 15 de noviembre de 1922, más allá de la mirada maniquea que tenían los escritores de ‘La generación del 30’, también se presentaron desmanes y vandalismo, según algunos relatos históricos. La vida para los trabajadores no era fácil. La situación se agravaba porque el precio internacional del cacao caía. El país importaba mucho más de lo que exportaba y el dólar se encarecía.

Hubo ese caos que las movilizaciones no siempre son capaces de impedir y que ese día sirvió como pretexto para dar fin a la huelga con aproximadamente 3 000 uniformados para disparar a las masas obreras.

El 15 de noviembre próximo, el país conocerá la reforma al Código. Cinco días después, los sindicatos y algunas organizaciones sociales organizarán una nueva movilización nacional –aún no se atreven a pronunciar “huelga nacional”.

Lo decidieron en la reunión en Guayaquil el sábado 18 de octubre. Su exigencia es la aprobación de un nuevo Código, no el del Gobierno, sino que se trate el que presentaron hace dos años. 

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