3 de January de 2010 00:00

No se motiva a donar órganos

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Redacción Sociedad

Desde el pasado 15 de diciembre, el Organismo Nacional de Trasplantes de Órganos y Tejidos (Ontot) está en acefalía.



400 000
DÓLARES
destinará Salud para capacitar a médicos y enfermeras en el extranjero, en este tema.Este es el organismo oficial,  creado para impulsar el trasplante en el país. Pero el último director, Fernando Naranjo, dice que renunció, entre otras cosas, porque el Ministerio de Salud le “quitó USD 27 000,  listos para iniciar una campaña nacional” e incentivar la donación.

El subsecretario de Protección Social, John Cuenca, reconoce que  retiraron ese fondo, pero “para que en lo posterior se dé más dinero”. Y, “para justificar los gastos  al cerrar el año fiscal”.

En este Gobierno han pasado dos directores por el Ontot. El primero fue Roberto Proaño. Se queja por la falta de apoyo del Ministerio. “Se preguntan por qué no hay donantes. La respuesta es   que las autoridades ministeriales no han entendido los programas  presentados”.

En 2009, el presupuesto inicial del Ontot era de USD 400 000, pero hubo recortes y   se desembolsó USD 148 000. Al inicio de su gestión la situación era más crítica,  tenían USD 49 000. “Con eso no se podía hacer nada. Es un martirio el manejo económico y con exiguos recursos”.

En este período no se ha impulsado campaña alguna de donación. Por eso, Dora García esperó 12 años para recibir un riñón. “La gente tiene miedo de dar alguna parte de su cuerpo”.
El presidente de la Fundación Donantes por la vida, Xavier Cabezas, explica que al donar no se destruye el cadáver. “Se abre y se cierra el organismo respetando la anatomía”.   Preside la Asociación de pacientes renales caminando hacia la luz. Desde este grupo  y sin apoyo del Gobierno han impulsado 47 trasplantes. 

Cuenca dice que la situación cambiará en 2010 y anuncia que se destinarán USD
400 000  para capacitar al personal médico. “Mandaremos a  profesionales al  exterior para que se especialicen”.

En el Ontot tampoco hay un registro del número de personas que necesitan un órgano.

Hace un año, el médico ecuatoriano Franz Serpa retornó de Brasil, en donde trabajó como especialista en trasplantes, y elaboró una lista inicial de 18 personas que necesitan hígado.
“Esta ministra (Caroline Chang) es la única que ha dado un impulso al   área”. Con respecto a riñones o córneas, por ejemplo, nadie sabe cuántos están a la espera.

A estos se suma que en el país solo se realizan trasplantes de estos dos órganos, de corazón y de médula ósea. Si se requiere un pulmón  debe viajar a EE.UU.  o España, donde cada cirugía cuesta hasta USD 300 000. Según Proaño, esto sucede porque ningún hospital público del país está preparado tecnológicamente para estas operaciones.


Ángela Viteri. Samanta y Josep le dieron el empuje para seguir de pie


Ángela Viteri no se imaginó que sucedería, pero su nombre comenzó a aparecer en periódicos y en la  televisión. El 21 de diciembre fue la primera ecuatoriana en someterse exitosamente a un trasplante de hígado en el país. Lo logró luego de 10 años de esperar un donante. La  cirugía se hizo  por un acuerdo entre el Ministerio de Salud, Inclusión Social y el Hospital Metropolitano.

Una llamada telefónica de las enfermeras de este centro asistencial cambió la vida de la quiteña. En la mañana de ese lunes 21 se comunicaron con su departamento en el barrio Luluncoto (sur de Quito) y le dijeron que debía internarse de urgencia porque en Guayaquil apareció un donante cadavérico.Viteri, pequeña de estatura, tiene 30 años.

Los primeros síntomas de cirrosis hepática congénita aparecieron en 1999. La fiebre, decaimiento, presencia de sangre en las heces eran constantes. Cuatro años después, el médico gastroenterólogo Carlos Castillo,  confirmó el cuadro. Dijo que el hígado se le destruiría paulatinamente y que la única solución era trasplantarse el órgano.

En el país no se hacía esta cirugía. En la Internet conoció que en Colombia la operación le costaría USD 80 000 y en Argentina 120 000. La búsqueda quedó allí por los altos costos.

Al inicio sus padres eran el único apoyo económico y moral que tenía, pero en 2004 se casó con Stalin Toapanta, también médico de profesión, con el cual se conoció cuando cursaban la carrera de medicina en la Universidad Central.

Con él procreó dos hijos: Samanta de 4 años y Josep,  de 2. Juntos buscaron nuevas alternativas. Toapanta recuerda que en abril pasado, Viteri tuvo una recaída, pasó una semana y media internada en el Hospital Carlos Andrade Marín (IESS). Cinco días después conoció que el oficialista Programa de Protección Social (PPS) realizaría cirugías y se anotó de inmediato en una lista con 17 personas más.

El miércoles 30, Viteri caminaba lentamente en una habitación del Metropolitano. Una foto  de su esposo y dos hijos la acompañan. Siempre estaremos juntos dice el afiche y más abajo otra frase: muy pronto estaremos juntos. En menos de 10 días se recuperó en 50%, aunque los médicos esperaban esos resultados en por lo menos 20. Cuando esté totalmente bien ella quiere impulsar campañas para que la gente done órganos.

La operación alivió los gastos en tratamientos. El padre de Ángel, Tito Viteri, dice que ella ganaba USD 380 mensuales por atender en una fundación y que todo se iba en medicina  para impedir el avance de la cirrosis. La situación económica se complicó, porque hace cuatro meses la enfermedad obligó a dejar el trabajo y aún quedan dos años para cubrir USD 35 000 que costó el departamento. Cada mes cancelan USD 350 y el único ingreso económico es el sueldo de su esposo, que también bordea los USD 350 al mes.     


Gabriela Vintimilla. Un nuevo hígado le salvaría la vida a una cuencana  

Los ojos y la piel de Gabriela Vintimilla están amarillos. Es lunes 28 de diciembre, la cuencana de 26 años acaba de salir del Hospital Metropolitano tras permanecer tres días internada.

Cubierta con bufanda y una abrigada chompa negra habla despacio y dice que tiene cirrosis hepática, una enfermedad que destruye el hígado y, entre otras secuelas, cambia la coloración de la piel. En tono bajo recuerda que todo comenzó cuando solo tenía 8 años.

La madre de Gabriela, Patricia Jaramillo, guarda en una carpeta todo el historial médico de su hija. Allí están los primeros exámenes que le realizaron para determinar por qué el cuerpo de la niña se tornaba  morado. Luego de varios análisis, los doctores extirparon el bazo (órgano que participa en reacciones inmunológicas), para frenar este cuadro.

Sin embargo, luego de un año y medio de esa intervención quirúrgica volvieron los vómitos con sangre. Esto hizo que viajen de Cuenca a Quito y aquí los médicos particulares confirmaron cirrosis hepática.

Por la enfermedad, Gabriela apenas cursó el primer año de Estimulación Temprana en la Universidad del Azuay. La extirpación del bazo le provocó várices esofágicos. Este cuadro no es más que la dilatación de las venas del esófago o estómago. Se forman como consecuencia de la hipertensión causada por la cirrosis. Esto hace que la joven tenga vómitos con abundante sangre.

La solución que halló es que los médicos le hagan cauterizaciones y ligaduras permanentes de várices. Doña Patricia cuenta que los tratamientos son “muy caros”. El único sostén económico de la familia es ella, pues enviudó y hace cinco años perdió el trabajo. Desde entonces vive  con la pensión jubilar de USD 300.

Jaramillo espera que los gastos en hospitalización y tratamientos los cubra el Gobierno a través del Programa de Protección Social (PPS). Comenzó los trámites. Pero antes logró inscribirse en lista de espera para que su hija reciba el hígado.

Las dos abandonaron la natal Cuenca y desde hace tres semanas se radicaron en Quito. En el norte de la ciudad arrendaron un departamento en USD 200 y allí se quedarán hasta que aparezca la persona que done el órgano que necesita.

Gabriela vive con una mínima parte del hígado. Desde hace seis meses se complicaron las secuelas. Cuando el sábado 26 de diciembre salió del hospital pensó que estaría más tiempo en casa, pero tres días después volvió a internarse.

El martes 29, Gabriela no se despertó y a las 14:00 su madre fue a la habitación y notó que estaba inconsciente. De inmediato la trasladaron en ambulancia al  Metropolitano.         

La cirrosis hepática afectó al riñón y ahora  padece insuficiencia renal. El médico Franz Serpa, quien trata a Gabriela, dice que ella necesita urgentemente el hígado para salvarse. Desea  seguir con sus sueños: estudiar.  
          

 

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