8 de April de 2011 00:00

No hay sistema

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Cuando eran las 8 de la mañana, hora en que se suponía abrían las puertas de la Comisión Nacional de Tránsito de Pichincha, la cola de ciudadanos rodeaba la esquina.

Los medios habían anunciado que los servicios para matrículas de vehículos y obtención o renovación de licencias estaban suspendidos. La falla se atribuía al sistema informático.

Los usuarios, que guardaban cola desde la madrugada, perdieron la paciencia, obligaron con elevado tono de voz, a atenderlos. Llegaron los canales de televisión. Primero Teleamazonas con una microonda; luego, RTU; más tarde, Ecuavisa; el desfile de cámaras y reporteros lo cerró RTS. Todos son canales privados, puesto que los medios públicos, aquellos que pagamos todos los ciudadanos ni siquiera registraron el hecho, no vaya a ser que molesten a los depositarios del poder. Una vez más se demuestra que el terror al Gobierno puede más que el servicio público que esos medios estarían obligados en una agenda que debería responder a demandas ciudadanas.

Por la presión de la gente , unos funcionarios muy educados pero impotentes salieron durante el transcurso de la larga jornada a explicar al menos unas cuatro veces que era imposible agilitar la atención. Alguno de ellos intentó desacreditar el reclamo de un usuario que dijo que había asistido la semana pasada a las oficinas y que desde entonces no lo atendían. Lo único que nos queda a los ciudadanos es reclamar, exigir respuestas a unos burócratas (y no es mala palabra ) cuyo sueldo lo costeamos todos los demás ecuatorianos que pagamos impuestos.

El ir y venir del sistema, el ir y venir de reporteros, el cobro de 10 centavos por usar un baño, no sabemos con claridad a cambio de qué servicio y la larga espera para renovar la licencia (en mi caso 8 horas y 35 minutos) estuvo matizada por la charla en la que nos enteramos que el problema se arrastraba desde la semana pasada.

La mayoría consideraba que el servicio en manos de los civiles había empeorado, al menos en el tiempo de espera. Muchos servidores se mostraban cordiales pero los sistemas informáticos operaban con un tortuguismo desesperante.

Pero eso sí. En el amplio patio de operaciones de la Comisión de Tránsito un cartel inmenso con sonrientes modelos, seguramente bien pagados por la agencia de publicidad, exhibía una frase que decía lo siguiente: “Mejoramos el servicio para su satisfacción”.

Los publicistas de palacio, lejanos de los avatares de los problemas diarios que enfrentamos los ciudadanos comunes no alcanzan a dimensionar el efecto bumerán que la publicidad engañosa alcanza. El ejemplo más vivo está en el sistema de salud donde hay niños que se mueren.

Nos preguntamos si ese derroche millonario de propaganda no sería más propio emplearlo en mejorar la atención al público para no recibir a cada rato respuestas como las de : “No hay sistema”.

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