19 de octubre de 2015 00:00

Niños viven más violencia psicológica

En un centro de acogida para menores de edad, ubicado en el norte de Quito, Bryan se recupera de los maltratos. Foto: María Isabel Valarezo / EL COMERCIO

En un centro de acogida para menores de edad, ubicado en el norte de Quito, Bryan se recupera de los maltratos. Foto: María Isabel Valarezo / EL COMERCIO

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Fernando Medina
fmedina@elcomercio.com

Los gritos de su abuela lo despertaban a las 03:00. A esa hora salía de su casa en El Camal, un barrio en el sur de Quito, e iba al mercado para preparar la venta de frutas. Cuando en el día tenía sueño, su abuela lo insultaba y lo amenazaba con pegarle si no vendía todas las manzanas.

Bryan tiene 12 años y desde que nació estuvo al cuidado de la mujer de 54 años. Su padre murió cuando aún era bebé y su madre se fue a vivir en otra casa, cuando se casó nuevamente.
 
Cada vez que la mamá lo visitaba veía cómo la abuela le gritaba y lo golpeaba. Por eso, hace un mes lo entregó a la Dinapen (Policía de menores).

Ellos lo llevaron a una casa de refugio, en el norte de la urbe. Allí estaba el viernes, sentado al lado de una pequeña mesa de madera, junto a tres niños de su misma edad. Los pequeños atendían al profesor que les enseñaba cómo tener buena escritura, mientras el coordinador del centro explicaba a este Diario que todos sufrieron maltrato psicológico en el hogar. 

Este tipo de violencia es la que más sufren los niños. En Quito, cifras de la Junta de Protección de Derechos señalan que 1 979 denuncias que se registraron en el 2014 por maltrato infantil. De ellas, 1 039 fueron por violencia psicológica, mientras en el 2013, la entidad, recibió 906 casos.

Tres representantes de fundaciones que trabajan con niños dicen que esas estadísticas casi no varían a escala nacional y los estragos de quienes sufren este tipo de lesiones son graves.  

Por ejemplo, en la casa de refugio en donde está Bryan solo en este año han ingresado 41 menores entre 7 y 15 años. Todos han tenido procesos de ayuda psicológica, porque cuando recién llegaron su comportamiento era inestable.

Unos no dejan de llorar y se aíslan, mientras que en otros casos los niños tienen miedo a las personas adultas y cuando escuchan gritos se asustan o empiezan a temblar.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), en su informe del 2014 sobre el maltrato infantil, detalló que los niños que han sufrido violencia psicológica “puede tener consecuencias a largo plazo”. Este tipo de maltrato les causa estrés y también les origina trastornos mentales. Sobre todo en casos más extremos, cuando la violencia va acompañada de golpes o abusos sexuales.
 
Vladimir Galárraga es especialista en desarrollo social y afirma que el maltrato psicológico no solo está ligado a la violencia infantil sino a la intrafamiliar, pues si un niño crece en un ambiente violento esto también genera un daño en su mente y en las relaciones que pueda tener como adulto.

Ese fue el caso de un menor de 11 años que hace siete días fue rescatado por la Dinapen en el sector de La Delicia (norte de Quito). El niño fue hallado luego de que abandonara su casa en la parroquia rural Calacalí y viviera por dos semanas en las calles de Carcelén, en el norte. En la entrevista que tuvo con los psicólogos reconoció que huyó de su casa porque su padre consume drogas y golpea a su madre y hermanos. Él recibe psicoterapias para evitar problemas a futuro.

Si los pequeños no tienen ayuda especializada, corren el riesgo de que en su adultez presenten problemas conductuales, físicos y mentales, como depresión, ansiedad, obesidad y adicciones al tabaco, alcohol y drogas. Esto también lo advierte la OMS.

La Fundación Azulado trabaja con niños que han sufrido violencia psicológica. Su directora, Paulina Ponce, señaló que es común que los padres utilicen el castigo como parte de la crianza de los menores. “Ellos les gritan y los denigran, les dicen que no sirven para nada y los niños se vuelven tristes”. En las charlas de prevención sobre maltrato a niños que ha dado en las escuelas ha detectado que los menores tienen miedo a sus padres e incluso algunos aceptan la agresión como parte de una “buena crianza”.

En contexto
Varios centros, como Mi Caleta y Laura Vicuña, se dedican a ayudar a niños que han sufrido todo tipo de maltrato. Parte del proceso de recuperación es que los infantes recobren su auto­estima y no piensen que son un estorbo o que son culpables de las agresiones.

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