29 de abril de 2015 10:53

Los niños que pisan minas son un golpe para cientos de familias en Colombia

Personal de la Cruz Roja camina por las calles de San Andrés de Pisimbalá, Cauca, al suroeste de Colombia asolado por las minas antipersona y otros explosivos. Foto: EFE

Personal de la Cruz Roja camina por las calles de San Andrés de Pisimbalá, Cauca, al suroeste de Colombia asolado por las minas antipersona y otros explosivos. Foto: EFE

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Agencia AFP

Al acelerar su marcha para alcanzar a sus primas, Angie, de 8 años, dio un paso fuera del camino y pisó una mina que la dejó sin pierna, sumándola a cientos de menores víctimas de estos artefactos en Colombia y golpeando también su entorno familiar.

Ese día de 2008, las vidas de Angie y su padre, Raúl Trespalacios, cambiaron para siempre: tuvieron que dejar su finca en el departamento de Bolívar (norte) para ir a la ciudad, abandonaron escuela y trabajo, dejaron tíos y primos atrás, y se dedicaron totalmente al proceso de recuperación y aceptación de lo sucedido.

Una historia usual para las familias de los 1.124 menores víctimas de minas antipersonal desde 1990, según cifras de la Dirección Contra Minas de la Presidencia de Colombia, segundo país más afectado por estos artefactos tras Afganistán.

"Cuando un niño pisa una mina, no cambia solo su vida, sino la de su familia. En muchos casos, viven en el campo y deben desplazarse para buscar atención para sus hijos o por miedo a los actores armados que colocaron la mina", dice a la AFP Claudia Bernal, de la ONG Colombianitos, que ofrece prótesis y acompañamiento a víctimas menores de edad.

De los más de 11.000 afectados por minas en Colombia, 10% son niños, y de estos 79% quedaron heridos, muchos mutilados, y 21% murieron en el incidente.

Un acuerdo de desminado, que debe comenzar a aplicarse en las próximas semanas y fue alcanzado por el gobierno y la guerrilla Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en medio de los diálogos de paz que sostienen desde 2012 en Cuba, busca evitar que las cifras sigan aumentando.

"El niño logra asimilar de una manera mucho más tranquila el proceso de pérdida (de una pierna o brazo). Sin embargo el problema real (...) es la familia que no lo logra aceptar y maneja niveles muy altos de culpa", explica la psicóloga Maythem Méndez.

Méndez trabaja en el Centro Integral de Rehabilitación de Colombia (CIREC) en Bogotá, donde Angie -ahora con 15 años- prueba su nueva prótesis, que deberá cambiar nuevamente en un año si sigue creciendo tan rápido como hasta ahora.

Mientras ve a su hija ejercitarse, Raúl Trespalacios, de 45 años, rememora el día en que Angie -a la que crió solo- volvía de misa junto a familiares y pisó la mina cuando "intentaba alcanzar a sus primas que la iban dejando botada".

También cuenta cómo pasó cinco años sin despegarse de ella, hasta que finalmente hace dos años volvió al campo a trabajar. Lo que aún no logra aceptar es verla sin pierna. "Una psicóloga me llegó a decir que yo estaba más loco que Angie. Ella lo lleva mejor. Yo no me he acostumbrado a verla así, aunque han pasado siete años. La vi nacer completa y ahora le falta algo", asegura.

Dudas sobre el desminado

Sobre la posibilidad de que sea efectivo el proceso de desminado, que comenzará en una primera etapa a mediados de año en dos departamentos del país, Trespalacios es poco optimista.

"Yo no confío (en los actores armados) (...) una cosa es que digan que esto está minado y otra que sepan dónde está la bomba", dice.

El gobierno de Colombia, tampoco cree que será tarea fácil y estima que el desminado tomará por lo menos 10 años, pues de los 1.123 municipios del país, 688 tienen minas sembradas.

Colombia vive un conflicto armado de más de medio siglo que ha dejado más de 220.000 muertos. Tanto guerrillas, como paramilitares y agentes estatales han utilizado las minas en la confrontación.

Sin embargo, las fuerzas militares renunciaron a este método tras la firma de la Convención de Ottawa (1997), que prohíbe su uso y comercialización. Aunque los agentes armados han sido los más afectados por las minas, los civiles y especialmente los niños resultan muy vulnerables a estos aparatos, que incluso a veces son detectados cerca de escuelas o canchas deportivas.

"Si Dios nos ayuda de pronto llega la paz a Colombia. Me gustaría, para que más nadie caiga" en una mina, dice Angie, quien a pesar de su accidente guarda esperanzas y se siente "totalmente normal".

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