26 de December de 2009 00:00

El Niño Viajero congregó a más de 40 000 peregrinos

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Redacción Cuenca 

Cuando apenas despuntaba el día repicaron incesantes las campanas. Al pie de la iglesia del Carmen, en el Centro Histórico de Cuenca, militares acompañaron jubilosos con el redoble de trompetas.



Otras actividades

A las 17:00  se realizó la tradicional Misa de cierre del Pase del Niño Viajero, con una concurrida asistencia de devotos en la iglesia de El Carmen.

Alas 23:00  continuó  la vigilia y adoración al Niño, la procesión de la luz en los alrededores del templo y a las 24:00 la Misa de Gallo para cerrar los actos con pirotecnia por Navidad.

Más Pases  Ayer varias calles céntricas y aledañas a la ciudad se congestionaron por la presencia de diversos Pases del Niño de familias y de los  barrios.
Ayer en las iglesias  a propósito de Navidad hubo misas cada hora. Los Pases del Niño se extienden hasta finales de enero.Fue el anuncio de la Misa del Alba. Pero también la invitación a todos los devotos a participar ese día (24 de diciembre) de los 48 años de tradición del Pase del Niño Viajero, cuyo principal objetivo es rendir culto al nacimiento de Jesús.

Es la celebración religiosa-popular más apoteósica que  vive  Cuenca y por eso ostenta el título de Patrimonio Intangible del Ecuador. La de este año reunió a no menos de 40 000 fieles de Azuay y provincias vecinas (Cañar, Loja, El Oro…) durante siete horas de desfile cultural, religioso y popular.

A las 07:45, después de la Eucaristía, la pequeña imagen bañada en oro (data de 1823) fue trasladada en brazos por el obispo, Luis Cabrera, desde el templo del Carmen hasta la iglesia Corazón de Jesús.

Es el tradicional barrio donde empieza cada año, a las 10:00 este multicolor desfile que reune a gente de toda condición social.

Ni la crisis económica logró mermar la presencia de devotos y la riqueza de los más de 300 carros alegóricos participantes. Caballos, coches de madera… y otros objetos fueron ricamente adornados con golosinas, frutas y platos de la gastronomía azuaya (cuyes, gallinas….).

Muchos emigrantes que cada diciembre asistía al desfile este año no llegaron. Pero con donaciones incentivaron a sus familias a que participen. Así buscan mantener viva la fe en el hijo de Dios y cumplir con las promesas hechas antes de emigrar.

Por ejemplo, el hijo de Jacinto Farfán, de 68 años, de la parroquia Chiquintad no llegó de Estados Unidos. Pero envió a sus padres USD 1 500 para costear los gastos de los disfraces para los miembros de la familia (la mayoría niños) y el carro alegórico este año exhibió escenas bíblicas.

Laura Alvarado (60) del barrio la Gloria, cono desde hace 30 años, participó con danzas folklóricas y el tradicional baile del tucumán. Ella ahorra dinero para costear el alquiler de la vestimenta de los 15 danzantes de su barrio y la alimentación. Este año gastó sobre los USD 1000.

A media mañana el sol quemaba fuerte. El rostro de Nora Andrade (52) se veía enrojecido por la larga caminata y la fuerza que hacía para gritar “Viva el Niño”. Este año le acompañaron sus cuatro nietos vestidos de mayoral, ángel, rey mago y papá Noel.

De momentos la abuela se adelantaba a ellos, entre la multitud, para filmar la participación de su familia. “Es para enviarle a mi hija que vive en España. No vino porque la situación está difícil allá. Trabaja por horas y no puede falta porque pierde el empleo”, dijo resignada.

Los cánticos, villancicos, danzas y demás disfraces alegraban el ambiente caluroso. En los balcones de las viviendas ubicadas en la calle Bolívar, por donde avanzó el desfile, sus propietarios no paraban de aplaudir esa devoción presente.

Washington Noroña, del grupo Hermano Miguel, organizador de la celebración, insistió que ni la  crisis económica opacó la fiesta. Según sus cálculos este año hubo más asistencia. 

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