8 de febrero de 2015 11:39

Nueva apuesta de diálogo entre Maduro y oposición

El presidente venezolano, Nicolás Maduro (d), junto a Ernesto Samper de la Unasur, el 4 de febrero de 2015. Foto: EFE

El presidente venezolano, Nicolás Maduro (d), junto a Ernesto Samper de la Unasur, el 4 de febrero de 2015. Foto: EFE

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Diario El Tiempo de Colombia
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Este lunes, en Montevideo (Uruguay), varios cancilleres de la región y el secretario general de Unasur, Ernesto Samper, intentarán construir de nuevo el diálogo en Venezuela entre el gobierno de Nicolás Maduro y la oposición, con el fin de buscar salidas a la crisis institucional que vive ese país.

Se trata de restaurar las sinergias entre los gobiernos de Brasil, Ecuador y Colombia, que ya el año pasado desplegaron esfuerzos para tender puentes entre el gobierno de Maduro y los sectores de oposición, pero que luego se frustraron.

En abril pasado, con el auspicio de los países de la región y el Vaticano, Maduro recibió en la casa presidencial a su contendor en las elecciones y uno de los principales líderes de la oposición, Henrique Capriles, y estrechó su mano. No obstante, las posibilidades de un entendimiento entre las partes se esfumaron más pronto que tarde.

El saludo de Maduro a sus contradictores no ayudó a crear el clima de comprensión que se esperaba. “Aquí no hay negociaciones, ni pactos, lo único que estamos buscando es un modelo de coexistencia pacífica, de tolerancia mutua”, dijo el mandatario.

Diosdado Cabello, el segundo hombre más fuerte del régimen, empeoró la situación. Mientras Capriles hablaba ante el Presidente y los líderes de su gobierno, Cabello escribió en su cuenta de Twitter: “Definitivamente el asesino fascista Capriles tiene problemas, no entiende que perdió las elecciones de abril, pareciera que le falta algo”.

Otro hecho que debilitó la continuidad del diálogo fue el incumplimiento de las peticiones hechas por los sectores de la Mesa de Unidad Nacional (MUD): liberar a los “presos políticos” y desarmar a los grupos allegados al Gobierno.

El encarcelamiento del líder opositor Leopoldo López, en febrero, tras las acusaciones de Maduro de ser el responsable de la muerte de 42 manifestantes y de casi medio millar de heridos, enrareció aún más el ambiente del diálogo.

Al cuadro de la crisis política se sumó la caída de los precios del petróleo (principal producto de exportación de Venezuela y soporte central de su economía) en los últimos meses, que al descender hasta 40 dólares por barril se constituyó en la más dura amenaza contra la estabilidad económica, con incalculables repercusiones sociales.

Con las inmensas filas de venezolanos frente a los supermercados, en busca de alimento, la situación de Maduro se ha debilitado, lo cual lo ha llevado a acusar a sectores de Estados Unidos y de Colombia de urdir una estrategia para derrocar a su gobierno.

Hace apenas 15 días tres expresidentes latinoamericanos (Andrés Pastrana, de Colombia; Felipe Calderón, de México, y Sebastián Piñera, de Chile) fueron a Caracas a denunciar la violación de los derechos humanos de líderes de la oposición, y de paso constataron la existencia de una “crisis humanitaria” por la falta de alimentos.

Pastrana, en diálogo con este diario, aseguró que el régimen de Maduro “tortura” a sus opositores.

Acorralado por la crisis, Maduro llamó al secretario general de Unasur, el expresidente colombiano Ernesto Samper, para denunciar un supuesto plan para derrocarlo.

En Caracas se alcanzó a hablar de una mediación de Unasur con Washington, pero el Departamento de Estado de los Estados Unidos respondió rápido con un fuerte rechazo a cualquier papel mediador de esta organización.

Luego de advertir que solo abordará cualquier asunto con Caracas en el plano bilateral, Washington le pidió a Maduro que se enfoque “en el diálogo con la oposición política, la sociedad civil y el sector privado para encontrar una solución genuina y duradera para sus crecientes problemas económicos y sociales, que han sido producidos por el Gobierno de Venezuela”.

El problema es que aunque Washington, Unasur y los países de la región están convencidos de que las soluciones de la crisis venezolana pasan por el diálogo con la oposición, Maduro no parece interesado en explorar esos caminos.

EL TIEMPO pudo establecer que la oposición está escéptica de regresar al diálogo con Maduro por cuatro razones esenciales: el Gobierno incumplió los pedidos que hizo la oposición la última vez que lo visitó en Miraflores, tales como liberar a los presos políticos; cree que la mesa de diálogo del año pasado oxigenó al Gobierno en plena crisis de las protestas y no quiere ser utilizada de la misma forma en la actual; no cree que el Gobierno tenga verdadera voluntad de concertación cuando acaban de aprobar una resolución que legaliza el uso de armas de fuego contra protestas y manifestaciones y, por último, no hay un consenso entre los principales dirigentes de la oposición al respecto.

Los ataques a la prensa venezolana

Los ataques que de diversas maneras ha emprendido el régimen de Nicolás Maduro contra la prensa de su país son otro de los factores de discordia que no estimulan el diálogo entre el Gobierno y la oposición. Como lo dijo este diario en su editorial del pasado martes, en Venezuela ha sobrevenido “una agonía de la libertad de expresión a expensas del interés del totalitarismo de permitir solo una lectura de la realidad”.

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