20 de December de 2009 00:00

El neoclásico buscó la armonía y el equilibrio

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Como los textos anteriores, el actual contiene un amplio despliegue gráfico: bellas imágenes de obras, ciudades y personajes.

Se divide en estos capítulos: La época, Arquitectura, escultura y pintura necoclásica. Además, ofrece un apartado de tablas cronológicas.

El libro abre con una cita del crítico Giulio Carlo  Argan, quien en su libro ‘El arte modero’ (1984), dice: “Los artistas neoclásicos adoptan de hecho, con respecto al arte clásico, una actitud netamente romántica. Se pude afirmar que el Neoclásico histórico no es más que una fase de la concepción romántica del arte”.

La segunda mitad del siglo XVIII y el primer tercio del siglo XIX corresponden al período cronológico en que los historiadores del arte sitúan el estilo o movimiento neoclásico. Sin embargo, lo que en principio parece tan sencillo de establecer, resulta más complejo de explicar cuando se indaga en la definición conceptual de ese estilo, o cuando se intenta incluir en él a todos sus  posibles autores y obras.

Tanto lo clásico como lo neoclásico se vincularon de forma general con el mundo de la Ilustración del siglo XVIII y, por tanto, con el espacio del pensamiento racional. También, las dos tendencias surgieron del cansancio, en especial decorativo del Barroco y del Rococó. Otro factor contribuyó a fortalecer el estilo neoclásico: el descubrimiento de las ruinas arqueológicas de Herculano (Nápoles) y Pompeya. Aquel gran hallazgo fomentó el interés por los monumentos propiamente griegos, sobre todo atenienses, y las expediciones por el Mediterráneo Oriental, amén de la creación de las academias y de las reflexiones teóricas de estudiosos como Winckelmann y Lessing.

La belleza ideal y el tema de la naturaleza marcaron a lo clásico. Y el neoclásico buscó el equilibrio, la serenidad y la armonía.

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