22 de May de 2012 12:47

Temen en Grecia un caos sin el euro

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"¿Usted dejaría su plata en el banco, que de la noche a la mañana podría pasar a llamarse de otra forma y perder el 60% de su valor?" Cristina Marussi, un ama de casa de 50 años, contesta casi con resignación después de sacar euros de un cajero de la céntrica plaza Syntagma.

Es otro día gris en Atenas, gris como el humor de los griegos. No hay corridas bancarias ni pánico, pero en el ambiente reina un clima de gran tensión.

El fantasma del tan temido "Grexit", la salida de Grecia de la eurozona, que podría darse si en las elecciones del 17 de junio triunfa la izquierda radical que rechaza el plan de ajuste acordado con la Unión Europea (UE) y el FMI, está más presente que nunca.

Y el denominado "dracmageddon" -término acuñado hace unos meses por una radio local que trata de tomar con humor esta crisis que ya lleva dos años- sintetiza el temor de la gente a caer en esa apocalíptica dimensión desconocida.

Cuando falta menos de un mes para las cruciales elecciones parlamentarias que se han transformado en un virtual referendo a favor o en contra de la permanencia de Grecia en la eurozona, la incertidumbre es total. Algunas encuestas dan por vencedor, con más del 21%, al partido a izquierda radical Syriza, del joven Alexis Tsipras, la gran revelación del momento. Otros indican que ganará por un punto el partido de centroderecha Nueva Democracia, de Antonis Samaras, que sería votado no por convicción, sino por descarte, por quienes temen un "Grexit" si triunfa la izquierda.

En ese caso, una salida de Grecia del euro para muchos sería devastadora, sobre todo para un país como Grecia, que no tiene materias primas y es muy dependiente de las importaciones (entre el 80 y el 90% de la energía y de los bienes alimenticios llegan desde afuera) y que arrastra una deuda inmensa.

El primer problema sería un derrumbe de la nueva y vieja moneda, el dracma. Tomando como referencia el default argentino, se habla de una devaluación de entre el 60 y el 70%. Y el gobierno se vería obligado a un inmediato bloqueo de los capitales para frenar el colapso.

Aunque hay quienes, además, avizoran algo mucho peor: caos, anarquía, saqueos, violencia social, al mejor estilo de la Argentina en 2001. Con tropas en la calle, fronteras cerradas y con la policía sin la nafta suficiente como para salir a patrullar...

"Tengo miedo. Si Grecia sale del euro, voy a tratar de irme de la eurozona", confiesa a LA NACION María Topalova, una periodista búlgara que vive hace más de diez años en Grecia, directora ejecutiva del sitio web GreekReporter, con diez empleados.

"Tengo miedo a un aumento de la criminalidad que ya existe, de no poder mandar más a mi hijo de diez años a un colegio internacional, porque mucha gente ya no podría pagar la cuota. Miedo a estallidos de violencia", afirma esta mujer separada, que vio reducir drásticamente sus ingresos por el aumento de los impuestos.

"Por eso estoy pensando en irme del país, donde nació mi hijo y donde en 2005 me compré una casa gracias a los créditos que otorgaban en la época de optimismo de los Juegos Olímpicos... Pero ahora no hay futuro", dice Topalova.

Anastasia Stadoris, docente de 40 años, también cree que puede pasar cualquier cosa. "La bronca que tienen los griegos se está canalizando con las elecciones del 6 de mayo y con las que vamos a volver a tener el 17 de junio, así que no creo que va a haber estallidos sociales graves. Pero si llega a haber un corralito como tuvieron en la Argentina, si a los griegos no nos dejan sacar el poco dinero que nos queda del banco, seguro va a haber caos", vaticina.

Dennis Sofianopulos, un desempleado como el 21% de los 11 millones de griegos, no tiene dudas. "Si volvemos al dracma, estamos muertos, sería el desastre", afirma. De 45 años, ex camionero y ex dueño de una tienda de música, Dennis se las rebusca haciendo changas. Vive en un hospedaje comunal para los sin techo porque perdió la casa de su familia. "Mi hermano la vendió y se fue a vivir al exterior, dejándome sin nada", cuenta.

Clima de miedo

Para Evel Setomakis, profesor en una escuela norteamericana, de 52 años, el término "dracmageddon" tiene sentido. "Mucha gente estaría shockeada por una vuelta al dracma, muy alterada, pero creo que todavía nos quedan dos o tres años para que haya un estallido social violento... Estamos mal, pero todavía no tocamos fondo. Sí, hay jóvenes que tiran piedras en las manifestaciones, pero nadie quiere salir a pelear. No veo escenarios de guerra civil", opina.

"Es más, me parece que es la troika la que crea este clima de miedo ante una posible salida del euro, para dañar a la izquierda radical que rechaza los planes de ajustes y para favorecer a los partidos de derecha y centro -acusa Setomakis-. No se puede predecir el futuro, pero si dejamos la UE, no me sorprendería, y si nos quedamos, tampoco. En cualquier caso, los griegos vamos a estar mucho peor."

Dimitris Catisis, un pequeño empresario de 37 años, dueño de un hotel, una cafetería y un restaurante, no les teme ni al "dracmageddon" ni al "Grexit".

"Con dos millones de desocupados, nueve de cada diez empresas cerradas, 1800 suicidios por la crisis, los jóvenes que sobreviven gracias a sus familias y que apenas terminan la universidad enseguida sacan su pasaporte para irse, el 30% de los griegos viviendo debajo del umbral de la pobreza ¿qué otro caos podría venir?", pregunta.

"Salir del euro sería mejor para los griegos", agrega, al contar que por culpa de la moneda única pronto deberá cerrar uno o dos locales, porque tiene deudas por 40 000 euros.

Frente al árbol de la plaza Syntagma que se convirtió en un monumento-símbolo de esta crisis (el 3 de abril pasado se suicidó allí Dimitris Christoulas, un jubilado de 77 años), Vasilis, un estudiante de economía de 22 años, es el fiel reflejo del escepticismo total de muchos jóvenes.

Un anarquista, no votó en las últimas elecciones ni va a votar porque, según cree, "nada va a cambiar". Mientras le muestra a su novia ese "árbol del suicidio", destino de peregrinación para muchos griegos, admite que lo único que lo asusta de una vuelta al dracma es que le falten medicamentos.

"Soy diabético y tengo que darme cuatro inyecciones por día. La comida la podemos robar en los supermercados, pero necesito de mis medicamentos... Y si no los consigo, entonces sí, sería un «dracmageddon»", dice Vasilis.

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