27 de June de 2010 00:00

Supercines, un caso que lleva 3 años

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Redacción Negocios

Los sellos de clausura están rotos y descoloridos en las puertas de los Supercines de la av. 6 de Diciembre y El Jardín, en el norte de Quito.

Desde el 27 de febrero pasa-do, cuando el complejo de diversión fue cerrado, 2 500 perso-nas han dejado de visitar diariamente las 22 salas de este complejo, propiedad de la Inmobi-liaria Motke, de la Corporación El Rosado.

Los sellos fueron colocados por tres comisarías de la Zona Norte de Quito: de Aseo, Salud y Medio Ambiente y Construcciones.

La decisión se tomó por dos razones: la contaminación ambiental por ruido y los problemas de movilidad en la zona, según el expediente que se abrió sobre este caso en el Juzgado Quinto de Tránsito de Pichincha.

La primera causa marcó el inicio de los problemas para los Supercines. Los primeros meses del 2009, durante la última etapa de construcción del sitio, Edith de La Torre, de 75 años, quien vive en el séptimo piso del edificio El Conquistador, al sur de Supercines, comenzó a tener problemas para dormir debido a un zumbido de los ventiladores y del generador eléctrico del sitio.

“El sonido era como el de un panal de abejas. No solo se presentaba en las noches sino durante todo el día. Mi rutina cambió totalmente porque para no escuchar ese ruido me veía obligada a salir de la casa por largas horas”.

Ella y otros vecinos comentaron del tema a Pilar Mora, presidenta del edificio, quien envió una carta a la Comisaría del Medio Ambiente exponiendo su queja por el tema, el 5 de marzo del 2009.

La inmobiliaria Motke, a cargo del proyecto, desarrolló medidas de mitigación que, de acuerdo con Mora, no solucionaron el problema. En mayo del 2009, el Cabildo hizo mediciones y determinó que el ruido llegaba a 67 decibeles, cuando lo permitido en las zonas residenciales es de entre 45 y 55.

Con ese informe, el 18 de junio del 2009 la Comisaría de Ambiente emitió la resolución 0053, que determinó la suspensión temporal de la obra y una multa de USD 4 796, pero no actuó. La inmobiliaria Motke apeló la decisión pues sus estudios, realizados por la perita Sandra Vásquez, señalaban que los equipos y el generador de emergencia no son aportes de ruido ambiental en la zona.

Mientras esto sucedía, otros problemas se venían encima del complejo recreacional. Gustavo Fierro, quien en ese entonces se desempeñaba como administrador de la Zona Norte, explicó que existían varias irregularidades en la construcción de la obra.

“Los planos se registraron, en febrero del 2007, sin el informe de impacto en el tráfico vehicular ni las propuestas de mitigación”. Cuando no se cumple una regulación, el sistema informático del Municipio debe notificarlo, lo cual no funcionó”.

Además, la Empresa Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas (Emmop) había rechazado en abril del 2007 el plan de acceso y salida vehicular del complejo.

Pese a ello, el proyecto se puso en marcha, lo cual fue observado por el Cabildo el 4 de marzo del 2009. La Inmobiliaria Motke presentó el documento de impacto en la circulación el 21 de abril, al cual fue observado por el Municipio. La Emmop no se pronunció y calificó al documento de extemporáneo, pues el proyecto estaba casi terminado.

Según Oswaldo Granda, actual administrador de la Zona Norte, este no era el único problema. “Necesitaban 520 parqueaderos, en los planos ofrecían 440 y solo tenían 350”.

Sin embargo, Gad Czarninski, representante legal de la Inmobiliaria Motke, aseguró que solo necesitaban 186 parqueaderos por los 5 578 m² de construcción, según las ordenanzas vigentes en el 2007, cuando se emitió el permiso de construcción.

En octubre del 2009, el Municipio emitió una nueva ordenanza, la cual obligaba a construir un estacionamiento por cada 10 m² de construcción.

Czarninski señaló que si se aplica esta norma a los Supercines se estaría violando el principio de irretroactividad de la ley.

En todo caso, Granda recuerda que en los planos aprobados se ofrecen más plazas de parqueo de las que realmente hay.

El inicio de las operaciones

Pese a los cuestionamientos sobre construcción y movilidad, así como a la decisión de suspender la obra por parte de Comisaría de Ambiente, el cine abrió sus puertas el 8 de julio del 2009.

“El sonido de las máquinas persistía y debido a la cantidad de gente que venía al cine no había parqueo”, dijo Edith de La Torre.

Ante esto y por los antecedentes de movilidad, Fierro, entonces administrador, pidió la clausura a la comisaria encargada, Patricia Naranjo, pero no se ejecutó.

Los moradores del edifico El Conquistador presionaron al Municipio para que se resolviera su situación. El 30 de septiembre del 2009, la Procuraduría del Municipio determinó que es la Comisaría la encargada de dar cumplimiento a la resolución. Pero no se actuaba porque oficialmente no había comisario en la zona.

Desde esa fecha hasta inicios de febrero pasado los problemas persistían por lo que, según Granda, se intentó buscar soluciones.

“Me reuní con dos representantes de los propietarios (Motke), su abogado y un arquitecto, y firmamos un acta de compromiso en la que se comprometieron a solucionar los problemas”. Hasta el 26 de febrero debían presentar una propuesta para mejorar la movilidad y para el 5 de marzo registrar planos modificatorios para resolver los conflictos de ruido.

Esos documentos no llegaron y la Administración Norte, ya con comisario, ejecutó la suspensión el 27 de febrero del 2010.

La decisión causó reacciones a favor y en contra. Para Cecilia Morales, quien acudía casi todos los fines de semana a ese sitio, ahora tendrá que ir a otros cines que no ofrecen el mismo servicio. “Me parecía excelente la pantalla GT Max, que era inmensa”. En cambio, Marcelo Sáenz aplaudió la medida porque el tráfico en la 6 de Diciembre era “inaceptable”.

Mientras las opiniones se multiplicaban, los dueños de los Supercines mantenían silencio.

Luego de 117 días de cerrados los Supercines, el restaurante Chilis y la tienda de productos tecnológicos Metrópolis, la Corporación El Rosado recién se pronunció el jueves pasado. A través de un comunicado de prensa cuestionó que la clausura se produjera por la supuesta descarga de un camión en la acera y por una orden de la Comisaría de Construcciones.

 El cine abrió sin los permisos

Gad Czarninski, representante legal de El Rosado, señaló que contaba con todos los permisos para abrir los Supercines en la av. 6 de Diciembre. Se refería a los permisos de “operación, instalación centralizada de gas, de Cuerpo de Bomberos, certificado ambiental, permisos sanitarios de funcionamiento y patente municipal”, según la declaración que hizo en el Juzgado Quinto de Tránsito de Pichincha.

El permiso de ocupación fue emitido el 2 de septiembre del 2009 por el Cuerpo de Bomberos, casi dos meses después de la apertura del complejo.

Una situación similar se produjo con el certificado definitivo de instalación centralizada de gas, emitido el 22 de septiembre.

Según el administrador de la Zona Norte, Oswaldo Granda, para la apertura debía contar con un permiso de habitabilidad, que lo extiende la Administración Zonal, según la Ordenanza 0108.

“Nadie le autorizó a operar, ellos arbitrariamente abrieron”, fue la razón que dio Granda para explicar la apertura de los cines .

El funcionario aseguró que la justificación que dieron los abogados de El Rosado fue que creyeron que el documento de calificación de salas de cine, otorgado por la Dirección de Cultura del Municipio, el 7 de julio del 2009, era el permiso habilitante.

No se pierda la segunda entrega de este tema el lunes 28 de junio.

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