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Shushufindi vive de la palma africana y del fragor petrolero

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31 de January de 2012 00:03

Desde la avioneta Pilatus Porter o Machaca, a 2000 metros de altitud, Shushufindi se muestra colorido por sus casas de tonos cálidos, los techos de zinc y los rojizos terrenos baldíos.

La avenida Unidad Nacional, la principal, deja ver un largo parterre sembrado de palmeras y heliconias salvajes, coronadas por una flor carmesí, similar a la cresta de un gallo de pelea.

La avioneta suiza Pilatus Porter, pilotada por el capitán Édison Costales, comienza la maniobra de aterrizaje y los nueve pasajeros están atentos a la pericia de Costales, para posar la pequeña nave en la autopista, de solo 180 metros de largo, del campo petrolero Shushufindi, cuyos pozos empezaron a explotarse en 1969.

Atrás queda el correntoso río Aguarico abriéndose paso en la selva como una fantástica anaconda café. También decenas de fincas, de 50 ha., entregadas por el ex Ierac -en los setenta- a colonos de Santo Domingo, Manabí, Loja, El Oro, Chimborazo, Bolívar y Esmeraldas.

La Machaca, de Petroecuador, adquirida en el 2010, se aleja a cumplir los ocho viajes restantes -hasta las 17:30- entre los diversos campos petroleros de esta rica región amazónica.

En la misma miniterminal aérea, el mayor Gustavo Valarezo, supervisor de Seguridad Física, da las normas básicas de protección en la zona fronteriza.

Es la segunda charla. La primera fue en el campo de Lago Agrio, ex sede de la Texaco, una vibrante y acogedora ciudadela en la que trabajan 500 técnicos.

Allí, el ingeniero César Subía, coordinador general de Seguridad Industrial, y el coronel-ingeniero, Édison Sierra, coordinador de Protección Física en el Distrito Amazónico, hablaron de los peligros de la zona.

Por ejemplo, en esta región de frontera el nivel de riesgo es medio, por la cercanía de las FARC; a pesar de los controles y esfuerzos del Ejército, grupos de delincuentes roban la gasolina blanca, mediante pinchazos en la tubería, para procesar la coca; hay robos de autos y asaltos. 23 policías están asignados a Shushufindi para mejorar la seguridad de la gente.

El ingeniero Galo Naranjo, coordinador de Producción, es uno de los técnicos más experimentados: trabaja 34 años. Vivió los lejanos años en los que el pueblo empezaba a levantarse junto al fragor de la fiebre petrolera que atrajo a gente de muchos confines. Naranjo, robusto, de barba entrecana, casco blanco y uniforme de jean, dice que cuando se descubrió petróleo en Shushufindi no había carreteras ni poblaciones.

El helicóptero era el único medio de transporte. Ahora, por la ciudad, vecina de la sede industrial petrolera, circulan camionetas Chevrolet y Ford; buses interprovinciales y, sobre todo, motos, adquiridas por hombres y mujeres, en los 10 almacenes de este cantón de 44 830 habitantes (según el censo del 2010).

La población se duplicó desde el penúltimo censo del 2001, cuando en Shushufindi vivían 22 300 personas.

La mayoría de habitantes del cantón vive del cultivo de palma africana, de cacao y de café.

Esto lo confirma el alcalde Augusto Espinoza, del PSP, un tecnólogo en Sistemas, que despacha en la oficina de un edificio blanco y amarillo de dos plantas.

Espinoza también reconoce el aumento del comercio en la ciudad, repleta de almacenes de electrodomésticos, repuestos para autos y motocicletas.

Una ciudad activa que cuenta con modernos hoteles, servicio de taxis (camionetas de doble cabina), decenas de restaurantes y negocios de comidas, atendidos sobre todo por emigrantes colombianos, como la próspera panadería Las delicias del gordo, que ofrece variedades de pan colombiano y se halla en la esquina más movida: Unidad Nacional y Policía Nacional.

Según Espinoza, hay 15 000 hectáreas dedicadas a la palma africana. Palmeras del Ecuador -dice- asesora y compra el producto a los 3 000 agricultores. La tonelada del fruto de palma se vende en USD 180.

El cacao de aroma ha sido sembrado en 4 000 hectáreas y el café en apenas 200, pues hace cinco años un quintal se cotizaba en USD 80 y luego bajó a menos de USD 10. El Alcalde también destaca la bondad de la tierra para los cultivos de productos de ciclo corto: arroz y maíz.

“Tienen alto rendimiento, similar a varias zonas de la Costa; por ejemplo, el maíz híbrido abunda en las riberas del Aguarico”.

¿La relación entre Shushufindi y el complejo petrolero? Espinoza reconoce que siempre ha sido estrecha y que con el tiempo se ha afianzado.

Un hecho: la mayoría de cientos de guardias que custodian los campos son oriundos de Shushufindi, hijos de los primeros colonos. Además, el complejo petrolero también consume frutas de buena calidad que se cultivan en las fincas, como piña, toronja, mandarina, zapote, etc.

Los servicios están a medias. El sistema de agua potable data de 1986 y por ello con la ayuda del BEDE -y con fondos propios- la ciudad contará pronto con un nuevo sistema, cuya fuente viene de La Fortuna, en el río Eno, a 12 km del poblado. El costo: USD 6 millones, con una proyección de 30 años. Faltarían USD 1,5 millones para tender la tubería. El alcantarillado está obsoleto; el cambio se complica porque la tubería del petróleo pasa por el centro de la urbe. Sin embargo, el Municipio es beneficiario de las rentas petroleras: USD 8 millones anuales por la Ley 015 y USD 4 por la Ley 010. Todos los municipios y consejos provinciales amazónicos se benefician 50 centavos por cada barril de petróleo.

La finca, unidad productiva

A solo 4 kilómetros de Shu-shufindi queda la comuna La Victoria, donde los colonos conservan sus fincas. Libio Aguinsa-ca Pineda es uno de ellos. Llegó con sus padres, Cornelio Agustín y Luz Herminia, desde Loja, en diciembre de 1976.

“Yo tenía 13 años y recuerdo que mis padres compraron las 50 ha en 8 000 sucres a Modesto Correa, el primer colono, también lojano; él buscó mejores tierras pues la sequía acabó con Loja”.

Libio, alto y blanco, habla con claro acento lojano. Es feliz en su tierra en la que cosecha cacao y palma africana. Junto a la modesta casa de madera, de dos pisos, crece un frondoso árbol de zapotes que da sombra y frescura en el agobiante calor. Aguinsaca se pierde por los cultivos.

En cambio, Mario Gutiérrez Hidalgo, de 52 años, el principal panadero de Las delicias del gordo, no se da abasto y al mediodía del pasado viernes sigue elaborando sus golosinas colombianas, en especial el pan de crema colombiano -de queso y huevo; cachos de hojaldre y flanes. Él, al igual que 2 500 colombianos, vino a Shushufindi a trabajar. Tiene sus papeles en regla y se siente contento por la aceptación de los panes, exhibidos en vistosas vitrinas. Vino del Valle del Cauca.

Más detalles     

Una carretera asfaltada de primer orden   comunica a Lago Agrio con Shushufindi. Por ella se transportan cítricos, palma africana, cacao;  es muy transitada por los buses interprovinciales como Baños, Loja, Esmeraldas.   

Una hora dura   el viaje entre las dos ciudades; sin embargo, en el trayecto hay un sinnúmero de pequeños pueblos y parroquias que se benefician de la vía.  

Todo el tiempo los   militares de los batallones Santa Cecilia y Rayo (paracaidistas) revisan a los pasajeros y a los buses. Controlan papeles,  armas y posible transporte de drogas.     

En breve,     el Municipio de Shushufindi  inaugurará un moderno centro comercial; tiene  gradas eléctricas y ascensores.

El almacén Sony vende motos chinas y  japonesas. Rosa Mina,  vendedora, dice que las motos chinas se compran más.

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