25 de June de 2010 00:00

Rentas impone más control sobre los casinos

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Redacción Negocios

Los representantes de los casinos que son parte de los hoteles de lujo se encuentran sorprendidos por la amenaza del presidente Rafael Correa de cerrar sus actividades en dos meses.

Para el vicepresidente de la Asociación de Casinos y Bingos del Ecuador (Ascabi), Jorge Castro, la medida puede dejar sin empleo a unas 5 000 familias a escala nacional y, además, dejar al Fisco sin un buen pagador de impuestos.Según cifras del Servicio de Rentas Internas (SRI), el incremento de los controles en el cobro del Impuesto a los Consumos Especiales (ICE) ha hecho que la recaudación a estos centros prácticamente se haya duplicado en este último año (ver cifras), por la aplicación del régimen especial.

De hecho, el valor que deben cancelar estos lugares también ha aumentado al pasar de un valor de USD 597 por mesa y USD 66 por máquina, en el 2009, a USD 1 789 por mesa y USD 201 por máquina, para este año.

Si bien hasta el momento, según explica el director del SRI, Carlos Marx Carrasco, el cobro de estos impuestos se aplica de manera presuntiva, porque no hay aún un mecanismo que permita cobrar de conformidad con las transacciones que se realizan, ya hay un nuevo reglamento que permitirá mantener mayor control. Desde el 26 de mayo de este año hasta el 31 de diciembre, los casinos están obligados a “implementar un sistema computarizado de interconexión en tiempo real”.

A través de este mecanismo se podrá vigilar directamente, en línea, más detalles como son los pagos a mano, los premios gordos, los errores por fichas o monedas insertadas, el código de las máquinas tragamonedas, el valor de la apuesta mínima, entre otros.

Eso, sin duda, permitirá al Fisco disponer de mayores ingresos y es por eso que Castro no entiende la propuesta del Mandatario.

Castro, quien además es gerente del casino del Best Western Plaza Hotel desde hace 15 años, afirma que los casinos que según la Ley deben operar exclusivamente en los casinos cinco estrellas, cumplen a cabalidad con sus obligaciones con el Estado.

“Tenemos permisos de funcionamiento, estamos debidamente regularizados, cumplimos con todas las normas técnicas, y pagamos unos impuestos altísimos, es más, en el último año se han triplicado. Estamos de acuerdo que hay que regularizar los juegos de azar, pero permitamos que las operaciones legalmente constituidas, con grandes inversiones, que dan fuentes de trabajo y que somos un recurso turístico, continuemos operando. El Presidente debe tener más información a través de sus asesores”.

En este casino trabajan 200 personas y reciben entre 200 y 300 clientes diarios.

Y dada la preocupación por el impacto que podría ocasionar de aplicarse la medida anunciada por Correa, los representantes de la Ascabi se reúnen hoy con el ministro de Turismo, Freddy Ehlers, para presentarle sus dudas.

Washington Artieda, un asesor de ventas de 61 años, con su corbata a medio ajustar y el saco del terno en el asiento frente a la máquina tragamonedas, metía las fichas una tras otra la noche del pasado miércoles, en el Plaza.

Apostador desde hace ocho años, Artieda asegura que el casino para él es una diversión. “En estos casinos hay seguridad, no hay violencia, hay mucha gente que viene todos los días y se hacen lazos familiares. Nunca en todos estos años he visto un problema. Cada vez que vengo, apuesto unos USD 100. A veces gano, otras no, pero a mí me desestresa. La propuesta de Correa no está bien”.

Algo similar opina el jefe de Seguridad del casino del Hotel Quito, Luis Mera, para quien es falso que estos lugares incentiven la violencia. “Nunca ha pasado nada en el casino. Me pregunto por qué quiere dejar el señor Presidente a 180 familias sin empleo. Cumplimos la Ley”.

Explica que a pesar de que la crisis económica y la prohibición de vender bebidas les ha reducido el negocio en un 50% en el último año, quieren seguir en el negocio.

Eso no ocurre en el Hotel Tambo Real, donde la nostalgia envuelve a los empleados del casino. En la esquina del popular sitio conocido como ‘Las focas’, en Quito, era común ver las luces de neón exterior que invitaban a los apostadores. Hace un año, las máquinas tragamonedas y mesas de apuestas dieron paso a las tijeras y sillas de la peluquería Maggy’s.

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