7 de November de 2011 11:47

La lucha de Merkel por mantener la unidad de su gobierno

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La crisis de deuda soberana en la que se encuentra inmersa Europa no es la única crisis que persigue a la canciller Angela Merkel.

La escisión dentro de su gobierno es cada vez más clara y los esfuerzos por demostrar credibilidad, cada vez más desesperados.

Muestra de ello fue la cumbre que durante casi diez horas mantuvieron el domingo los integrantes de la coalición de gobierno en Berlín, la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel, los hermanos bávaros de la Unión Cristianosocial (CSU) y los liberales del FDP.

Sus resultados fueron "pobres", consideró hoy el semanario "Der Spiegel" en su edición digital. "La coalición perdió hace mucho su cohesión". "Los cansados compromisos de una cansada coalición", tituló por su parte el diario de centro-izquierda "Süddeutsche Zeitung". Incluso para el conservador "Die Welt", el Ejecutivo de Merkel "ya no es lo que se debería esperar".

El maratoniano encuentro de ayer en Berlín tuvo lugar pocos días antes de los congresos de partido que la CDU y FDP celebrarán a partir del próximo fin de semana.

Citas en las que ambos están obligados a demostrar su solidez y capacidad de liderazgo en estos tiempos de crisis.

Tras horas de negociaciones, una agotada Merkel compareció por la noche para anunciar la bajada de impuestos que desde hace meses exigían los liberales. Y los socios bávaros recibieron por fin las subvenciones que pedían para los padres que no llevan a sus hijos a la guardería, y más capital para infraestructuras. Pero Merkel no tiene asegurado de ningún modo que la prevista rebaja fiscal vaya a salir adelante.

Para ello no sólo necesita luz verde de la Cámara baja del Parlamento, el Bundestag, sino también de la alta, el Bundesrat, donde perdió la mayoría hace dos años.

La polémica rebaja fiscal con la que la jefa de gobierno prometió "una mayor equidad fiscal" en la principal economía europea, es "el camino equivocado", aseveró hoy Andrea Nahles, secretaria general del principal partido de oposición, el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD).

La descarga fiscal de 6 000 millones de euros (más de 8 200 millones de dólares), que será realizada en dos pasos,- en 2013 y 2014 -, sólo representa una pesada carga adicional para los presupuestos estatales, mientras que a los ciudadanos apenas les quedarán unos euros más a finales de mes, argumentó.

Por ello, se mostró convencida de que los "Länder" gobernados por el SPD frenarán la propuesta en el Bundesrat. Y el partido baraja incluso llevar su queja ante el Tribunal Constitucional de Alemania, según reveló su presidente, Sigmar Gabriel. "Tienen que explicar dónde quieren ahorrar", enfatizó. Por otro lado, Nahles afirmó que el programa de ayudas aprobado tampoco es suficiente porque parece diseñado para "la economía de seguros privados" y no para el alemán de a pie. "¿Se trata de un nuevo comienzo, del deseado cambio en el ecuador de la legislatura? la verdad es que no. La debilidad de los compromisos alcanzados tras largas negociaciones demuestra la debilidad de la coalición", analizó "Süddeutsche Zeitung". "Si quieren ser reelegidos en 2013, los socios de gobierno deberían idear algo común", apuntó "Die Welt".

Las críticas no ayudan a dos partidos que necesitan cualquier logro para salir de la crisis en la que se encuentran por no haber encontrado una línea común desde 2009, cuando la CDU de Merkel y la hermana CSU decidieron aliarse a su "socio natural", el FDP. Los liberales, sobre todo, no han hecho más que cosechar derrotas desde su subida al poder, cuando sumaban un 14,6 por ciento de los votos.

Hoy, según los últimos datos demoscópicos, el partido se queda entre el 3 y el 4,5 por ciento de los apoyos, por debajo del cinco por ciento necesario para estar representado en el Parlamento alemán.

Por ello, en el congreso que el partido celebrará este fin de semana en Fráncfort, su nuevo líder, el ministro de Economía, Philipp Rösler, necesita urgentemente un éxito con el que sacar a flote una formación hundida por el monumental fracaso en el maratón electoral de este año en Alemania. Y también lo necesita la canciller, aunque haya logrado al menos por esta vez estabilizar la coalición.

Del domingo al martes 15, la CDU celebra su congreso en la ciudad oriental de Leipzig y en él se enfrenta a otro punto polémico que podría volver a desencadenar una nueva guerra dentro de la coalición.

La canciller pretende consensuar una especie de salario mínimo como el que llevan pidiendo desde hace años los socialdemócratas, ecologistas y poscomunistas en la oposición. Pero en sus propias filas hay un sector reacio a ello y los liberales lo rechazan categóricamente. De hecho, en el acuerdo de coalición se descartó abiertamente.

No sería el primer cambio de rumbo de Merkel: su decisión de abandonar la energía nuclar tras el desastre atómico en Fukushima y sus posturas en la crisis del euro han traído cola dentro y fuera de Alemania.

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