30 de August de 2010 00:00

Las inversiones para el Coca-Codo no despegan

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Alberto Araujo.

Cabizbajos y escépticos salieron cerca de 100 pobladores de El Reventador, el viernes pasado, de la escuela de esta parroquia de Gonzalo Pizarro, en Sucumbíos.

Allí fue el improvisado auditorio donde los vecinos sostuvieron una reunión de tres horas con las autoridades de la constructora china Sinohydro y de la empresa pública Coca Codo Sinclair.

El pueblo es de casas de madera y techos de zinc, pocas de cemento. Su paisaje está cruzado de ríos y cascadas, en medio de un verdor de muchos matices.

Para los pobladores, el encuentro del viernes se sumó a otros en los que han escuchado ofrecimientos parcialmente cumplidos sobre el desarrollo de la zona.

Mientras toman la carretera, que a la vez es la avenida principal, no olvidan las deudas que tienen con el Banco Nacional de Fomento (BNF), adquiridas para iniciar o ampliar negocios de alimentación, transporte y alojamiento. Los cuales, sin embargo, están lejos de ser rentables.

De Sinohydro y Coca Sinclair, la respuesta es la misma: la obra civil comenzará en seis meses y solo en ese momento repuntará la demanda de mano de obra y de servicios. Actualmente se finiquitan los estudios de diseño de detalle.

Es un nuevo plazo que se suma a los más de dos años en los cuales los pobladores han esperado el desarrollo de su parroquia.

Esta población, de 600 familias, se ubica a menos de 13 kilómetros del lugar donde se levantará la central hidroeléctrica más importante del país: 1 500 MW de potencia. En la zona, el agua entubada se raciona cuando no llueve; la electricidad llega con variaciones de voltaje; y las deficiencias en el alcantarillado ocasionan inundaciones frecuentes.

Las paredes de la escuela están cuarteadas, los pizarrones de tiza se ven manchados y las bancas de madera están por romperse.

La gente es oriunda de Tungurahua. Emigró a comienzos de los setenta, atraída por la naciente explotación petrolera y por la apertura de la vía a Lago Agrio. En su tierra hubo una plaga que acabó con los cultivos de naranjilla.

La realidad de la parroquia El Reventador no ha cambiado desde abril del 2008, cuando el presidente Rafael Correa colocó la primera piedra del proyecto junto con su colega, la presidenta argentinaCristina Fernández de Kirchner.

Tras ese sonado acto hubo una serie de reuniones entre las autoridades del Gobierno con los líderes de los cantones del Chaco, en Napo, y Gonzalo Pizarro para animar a los pobladores a invertir en servicios de transporte, alimentación y hotelería.

Luis Campoverde, hotelero de El Reventador, dice que en esa época se firmó un acuerdo entre las comunidades y el entonces ministro de Electricidad, Alecksey Mosquera, en el cual se ofreció la contratación masiva de mano de obra. El personal de la empresa pública Coca Sinclair, que trabajaba en la socialización del proyecto, alentó a los pobladores a hacer inversiones en la crianza de cerdos y pollos para que fueran proveedores directos en la alimentación de los técnicos y obreros del proyecto.

Transcurridos varios meses, este morador dice que invirtió USD 10 000 gracias a un préstamo del BNF para levantar una granja con 5 000 pollos. Sin embargo, tenía muy poca demanda. “Nadie nos compraba el producto. Y luego nos dijeron que debíamos tener facturas y registro sanitario, cuando nunca nos capacitaron en eso”, se lamenta Campoverde.

Dice que para aminorar su pérdida tuvo que buscar mercado en poblados cercanos y rematar los pollos que había criado. Con ello pagó el primer crédito al BNF.

Pero los ofrecimiento animaron nuevamente a Campoverde a pedir un segundo préstamo a la entidad estatal para construir un pequeño hotel de 10 habitaciones. En esta infraestructura ha invertido, hasta la fecha, cerca de USD 30 000, pero aún no logra ocupar los espacios que dispone.

“Con el ministro Mosquera acordamos que no iban a instalar campamentos en el proyecto para que los obreros y técnicos se hospedaran en nuestras poblaciones. Ahora dicen que Sinohydro va a instalar tres campamentos para 1 500 personas. Al menos debieran ocupar los hoteles hasta que acaben de construir los campamentos”.

Actualmente, Campoverde se sostiene con la crianza de cerdos que provee para la zona.

Algo similar sucede a Joselo Amaguay, dueño de la Hostería El Reventador, quien amplió la infraestructura de su establecimiento de 10 a 25 habitaciones.

Para ello hizo un préstamo de USD 20 000 a una cooperativa. Ya ha perdido las esperanzas de que los obreros y técnicos se hospeden en su local y se ha dedicado más a promocionar la hostería para pagar el préstamo.

La construcción de la central viene retrasada cerca de un año de acuerdo con el cronograma acordado con Sinohydro. El inicio de la obra estaba previsto para septiembre del 2009, pero recién el 28 de julio pasado se firmó el acta de inicio del proyecto.

Con la expectativa del proyecto, Efraín del Pino, agricultor del sector, compró una camioneta doble cabina para ofrecer transporte a la empresa Fopeca —subcontratista que trabajó en la construcción de la vía a la casa de máquinas de la central— ocupó solo en una ocasión y durante dos días.

Aunque las autoridades de Coca Sinclair definieron una nueva reunión para el próximo 7 de septiembre, con el Ministerio de Electricidad, la población confía poco en los discursos. Mientras tanto, Luis Campoverde y Arturo del Pino no pierden la esperanza de recuperar la inversión y continuar su vida en esta parroquia donde las blancas cascadas brotan de las montañas selváticas.

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