27 de June de 2011 00:04

La exportación de prendas se afectó sin la Atpdea

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La producción de vestidos, pantalones y camisas de algodón, que Alberto Terán elabora en su taller, en la comunidad de Peguche, Otavalo, cayó en un 45% en los últimos tres meses.

Hasta enero de este año, en esa factoría confeccionaban 1 000 prendas al mes, para exportar, principalmente, a EE.UU. En ese país aprecian la ropa de liencillo con diseños indígenas, comenta.

Hasta hace cuatro meses esos productos ingresaban con exoneraciones por ser parte de las preferencias arancelarias andinas (Atpdea, por sus siglas en inglés).

Según Terán, si en el negocio no utilizara mano de obra de la familia hubiera quebrado. A la afectación en la comercialización le agrega el incremento sostenido del salario básico unificado y la afiliación a la seguridad social.

En el taller trabajan siete personas, entre hijos y sobrinos, que percibían una remuneración de USD 250. Para cubrir los costos de producción acordaron, mientras dure la crisis, una reducción voluntaria del salario a USD 200.

La situación es igual para los 400 productores del cantón. Rodrigo Cachimuel confecciona ropa indígena para vender a sus coterráneos en el exterior.

Afirma que las medidas internas y externas frenaron sus planes de abrir nuevos nichos de mercado en el exterior. Para Cachimuel el volumen de ventas al exterior es mínimo. “Esperaba crecer mucho más, pero las políticas del Gobierno han afectado bastante”.

En Otavalo se producen 50 000 prendas de algodón por mes, según la Unión de Artesanos Indígenas del Mercado Centenario (Unaimco). El 70% se comercializa en EE.UU. y Europa y el 30% queda para consumo nacional.

Desde febrero, cuando EE.UU. no renovó la Atpdea, se afectaron las líneas de producción y comercialización, que es el fuerte de los microempresarios otavaleños.

Una de las causas es que ahora pagan entre el 17% y el 18% de aranceles por cada factura de exportación a EE.UU. La mercadería que venden llega, principalmente, al puerto de Nueva York.

El gravamen se fija de acuerdo con la materia prima con la que están elaborados los productos. Las fibras de acrílicos, por ejemplo, pagan 18%. El monto declarado no es menor a USD 15 000.

El no contar con la Atpdea, además, aumentó las trabas de ingreso de mercancías. Según Patricia de Guerrero, gerenta de la agencia exportadora Planetacargo, los envíos de textiles a EE.UU. están prácticamente suspendidos desde hace dos meses. Los productos que todavía despachan son sombreros de paja toquilla y artículos de tagua.

Antes de la aplicación de los aranceles, esa agencia enviaba en promedio siete contenedores de seis metros. Pero ahora no llegan a dos. Eso a pesar que en esta zona prima el envío de contenedores consolidados. Es decir, el despacho de mercancía de varios productores en un solo contenedor.

Según Guerrero, eso generó“una competencia feroz” entre las 16 agencias exportadoras que operan en el cantón, por el traslado de la mercadería al exterior.

Otra de las tácticas de los artesanos otavaleños es diversificar mercados. Uno de los nichos que buscan dinamizar es México, especialmente para la venta de blusas de algodón. También apuntan a otros países de América Latina como Argentina, Chile y Brasil.

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