15 de December de 2012 00:02

La cosecha de maíz cambia la vida de los comuneros en Zapotal

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En medio de una zona árida, llena de maleza, cactus y restos de plantas secas en la comuna Zapotal, de Santa Elena, se dibuja un punto verde. Tupidas matas de maíz, de casi dos metros de alto, se mecen al paso de agricultores que realizan la primera cosecha.

Quienes allí trabajan dejaron la dependencia laboral, para ser sus propios jefes. Los largos viajes a Guayaquil y la baja remuneración en oficios para los que eran contratados forman parte del pasado de 46 personas, de las cuales 32 son mujeres. Ahora son dueños de sus propias hectáreas, laboran, comercializan sus productos y tienen ganancias.

El proyecto se realiza en 60 hectáreas. Allí se cultiva maíz de la variedad Agri 104, de alto rendimiento. Las semillas fueron importadas de Bolivia.

En el país hay 415 600 hectáreas de maíz de otras variedades, según el Ministerio de Agricultura (Magap), en el 2010.

Según Liet Peña, técnico cubano que participa en el plan Pidaasse, se prevé que los cultivos produzcan 140 quintales por hectárea, es decir 220 sacos con 250 mazorcas.

Ese sembradío forma parte del Proyecto Integral para el Desarrollo Agrícola, Ambiental y Social de forma Sostenible del Ecuador (Pidaasse), del Magap.

Kerly Orrala, vestida con una blusa negra de mangas largas y con una gorra blanca para cubrirse del sol, arrancaba las mazorcas la mañana del pasado martes. “No creía que iba a llegar este día, no pensé que crecería la planta”.

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Antes trabajaba en una peluquería, pero cuando quiso incursionar en el proyecto Pidaasse su esposo no estaba convencido. Temía que no fuera una actividad estable. Además, dijo que la labor del campo era cosa de varones.

“Ahora él me acompaña en la cosecha”, dice con una sonrisa.

El trabajo comenzó a principios de este año. Los comuneros recuerdan que tuvieron que limpiar el área, quitar la maleza, ayudar a colocar el sistema de riego y sembrar. En la limpieza del área se tardaron cerca de siete meses.

En este proyecto, el Estado invirtió USD 400 000. También USD 250 000 para el sistema de conducción del agua desde la represa El Azúcar hasta el sembradío, por medio de una tubería bajo tierra. El líquido es depositado en una laguna artificial de 7 100m³.

De esa inversión se siente beneficiado Santiago Lindao. “Tengo otra fuente de ingresos, para vivir mejor”. Él realizaba jornales en tierras ajenas, arreglaba autos y maquinarias industriales. Esto último lo hace eventualmente. Para el agricultor, su cultivo de maíz es primero.

Pero a sus 56 años, Lindao sigue aprendiendo sobre la agricultura. Recuerda que cuando trabajaba en otros cultivos tenían que inundar la tierra, ahora lo hace por medio del sistema de riego por goteo. “Me gusta lo que hago, trabajo desde las 08:00 y a veces me doy cuenta que son las 15:00. Ni hambre siento”.

Cada saco es vendido a USD 8, por lo general a personas que trabajan en los mercados.

Mientras los agricultores cosechan la mazorca, el comprador Ángel Vélez comenta que el producto es más grande. Ese día compró 50 sacos y en las plazas lo expende a USD 11.

El crecimiento del choclo se da entre 75 y 80 días. Luego de eso deben venderlo hasta en tres días, sino deben hacer que el grano se convierte en maíz seco (en 140 días más) y el quintal es vendido a USD 17 a la Unidad Nacional de Almacenamiento (UNA).

Los ingresos han hecho que los productores no se desalienten. La agricultora Cecilia Lindao, de 50 años, dice que los dos primeros meses no fueron fáciles y terminaba el día muy cansada. Pero “ahora tengo mi recompensa y soy microempresaria”. La señora trabaja junto con su hija de 24 años, desde las 08:00 hasta las 13:00.

Peña señala que la producción ha cubierto las expectativas. El primer grupo que cosechó, cada uno tuvo una ganancia de USD 1 760. De esa cantidad, los agricultores deben separar USD 600 para la compra del paquete tecnológico para sembrar.

El dinero es depositado en el banco comunal, que está a cargo de Jorge Ramírez. De esta forma, ellos se aseguran la compra de las semillas para el siguiente sembrío y su continuidad.

Durante el primer año, la asesoría del Magap ha sido continua, con 10 técnicos ecuatorianos y cubanos. Ellos realizaron el estudio de la tierra. Peña indica que el terreno era “sumamente pobre, de bajo contenido de materia orgánica”. Los nutrientes que necesita el campo son administrados por medio del sistema de riego, denominado Fertiriego, tecnología estadounidense e israelí.

Este sistema consiste en regar el campo con el agua y la urea incorporada. Así, el agricultor no necesita hacer huecos en el suelo para nutrirla. Las 60 hectáreas están divididas en 10 grupos y son regadas por turnos, con dos horas de diferencia del sector que se regó primero.

Otra forma como fortalecerán el suelo es una vez terminada la cosecha, dejarán que la planta se seque y se descomponga, nutriendo el suelo. Luego de tres cosechas de maíz, los agricultores sembrarán otro tipo de cultivo -como pimiento, maní, cebolla, maracuyá, fréjol, entre otros-, para que no se destruya la tierra.

Carlos Vélez, coordinador de la Zona 5 del Magap, indica que los agricultores al estar capacitados pueden acceder a créditos del Banco Nacional de Fomento (BNF), para continuar mejorando los maizales.

La tecnología es clave

El sistema de  riego usa energía a través de  paneles, no energía eléctrica. Estos materiales fueron importados de Israel.

En el riego  se nutre a la tierra. En un tanque con 400 litros de agua se diluyen cuatro sacos de urea para   fertilizar  el cultivo. También deben aplicar abono.   

En la plantación  se controla que no crezca la maleza, ni que la plaga del gusano cogollero le caiga al maizal. Este  hace que la planta  disminuya su rendimiento. Este gusano a parece desde que la planta es pequeña.

En el 2013    se capacitará a otro grupo de personas  para sembrar la misma variedad de maíz en
2 000 hectáreas.


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