17 de March de 2012 11:06

Casinos cerraron en medio de la nostalgia y quejas de incomprensión

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Las máquinas tragamonedas y mesas de blackjack del mayor casino de Ecuador quedaron vacías la medianoche del viernes al vencer el plazo para que esos establecimientos cerraran, tras ser prohibidos por un referendo, en medio de la nostalgia de empleados y apostadores.

Un concierto de música tropical matizó los últimos instantes del casino Montecarlo, que empleaba a 120 personas en un hotel del norte de Quito.

Pero el concierto no logró levantar el ánimo de los trabajadores, que se despidieron de los clientes con besos, abrazos y llanto.

“Ahora empieza la preguntadera: ¿qué vamos a hacer?”, dijo Darwin Játiva, dependiente del club en la que los juegos quedaron aislados con cintas amarillas.

Este local fue uno de los últimos en cerrar, al vencer el límite para que ocho casinos de hoteles cinco estrellas clausuraran sus actividades, luego de la consulta del 7 de mayo de 2011 que proscribió los juegos de azar por iniciativa del presidente Rafael Correa.

Previamente lo habían hecho otros 24 casinos y un centenar de salas de juego ilegales.

Játiva, de 35 años, se vinculó al Montecarlo en 2005, cuando este negocio de capital franco-austríaco se instaló en Ecuador con una inversión de 1,5 millones de dólares.

Desde entonces, el casino invirtió 17 millones de dólares de utilidades para adquirir, entre otros, el hotel donde operaba, según su gerente, Pedro Sánchez.

Con su sueldo de 420 dólares, que puede duplicarse con horas extras, Játiva sostiene a su esposa y dos hijos, lo que espera seguir haciendo si es incluido en el 40% de la nómina que será reenganchada en un negocio de eventos y banquetes.

“Todos estamos haciendo méritos”, señaló el hombre, quien ve con escepticismo un plan del gobierno para reubicar laboralmente a los cesantes, que ha logrado la contratación de 400 personas.

Los establecimientos que funcionaban legalmente empleaban a unas 3.200 personas, señaló la Asociación de Casinos y Bingos (Ascabi) . Otras 3.000 laboraban en los clubes ilegales, según estimativos del sector.

Los trabajadores formales serán indemnizados, para lo cual ya fueron depositados 4,5 millones de dólares en el ministerio de Relaciones Laborales.

Algunos clientes del Montecarlo tampoco ocultaron su amargura. “Estamos de luto, me va a hacer mucha falta”, afirmó Rosa Sosa, una escritora de 70 años que solía visitar el local junto con Aníbal Iturralde, su esposo de 78.

“Somos gente mayor que busca un poco de alegría, no estúpidos que vienen a derrochar dinero”, añadió Iturralde, quien esta semana ganó 550 dólares.

Otros confesaron que la medida les ayudará a liberarse de la dependencia de los juegos de azar.

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