22 de August de 2010 00:00

Los apagones, el karma de Miguel Calahorrano

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Alberto Araujo

Miguel Calahorrano, actual ministro de Electricidad, se sentía derrotado y decepcionado en 1998. La razón: el Instituto Nacional de Electrificación (Inecel), una institución en la que forjó su carrera, agonizaba. Él, al igual que muchos trabajadores, veían inevitable la privatización del sector eléctrico.Sin embargo, 12 años después, como Ministro de Electricidad, este hombre flaco, de pelo cano y serio tiene la misión de revivir aquella entidad. Testigos de aquella época de Inecel son 12 archiveros que coronan su biblioteca. En ellos guarda los documentos que firmó cuando fue Gerente de la entidad en 1997.

El cuarto de estudio de Calahorrano es su espacio de trabajo, reflexión y descanso en el valle de Cumbayá, en Quito. Está en el segundo piso de su casa donde los rayos del sol iluminan tres carteles de la estancia: a la izquierda, la mirada penetrante y combativa del líder de la revolución mexicana Emiliano Zapata con la leyenda: “Abajo la propiedad privada” y a la derecha, el Che Guevara fumándose un habano con sonrisa conciliadora.

Formando un triángulo invertido, en medio de los dos, descansa un póster de The Beatles.

“Mi primer trabajo fue como baterista. En un principio teníamos en el Colegio Mejía una banda que quería emular a The Beatles. Luego actué en orquestas tropicales al estilo Don Medardo y sus Players. Eso me permitía continuar con mis estudios en la Politécnica”, dice el funcionario al tiempo que muestra la colección de sus acetatos: Piero, Carole King, Carlos Santana, Edith Piaf... Y en medio de ellos, un disco de las sesiones del Partido Comunista de Cuba.

Eran los años del ‘boom’ petrolero y el gobierno del general Guillermo Rodríguez Lara trabajó en construir nuevas centrales de generación hidroeléctrica como Pisayambo y Paute.

Esta infraestructura requería de ingenieros eléctricos y la principal cantera de la época era la Escuela Politécnica Nacional. Así, los egresados de la Facultad de Ingeniería Eléctrica eran reclutados para trabajar en el Sistema Nacional Interconectado que estaba en crecimiento.

Uno de estos egresados fue Calahorrano, quien pese a haberse graduado como ingeniero electrónico, pasó a las filas del joven Inecel, donde trabajó en las redes de telecomunicaciones.

Paralelo al crecimiento de la entidad, también se desarrolló la Asociación de Empleados y Obreros del Inecel (AEOI), en la cual Calahorrano participó.

Pero este no fue el primer contacto que el actual Ministro de Electricidad tuvo con las organizaciones sindicales. Comenzó en su infancia. Su padre, José Julio Calahorrano Leiva, presidía la Asociación de Carpinteros de Pichincha y llevaba a Miguel, el último de sus 12 hijos, a las reuniones del sindicato.

Junto con su hermano, Víctor Hugo, pasaban a limpio, con tintero y pluma, las actas de la Asociación que su padre les dictaba la noche anterior a las asambleas, en su casa de las calles Canadá y Asunción, en el popular barrio América de Quito.

Un hecho determinante para Calahorrano, cuando tenía 11 años, fue la muerte de su padre. Ello obligó a su familia a vender su casa y a sus hermanos mayores y su madre, Dolores, a trabajar. Acaso esta circunstancia influyó para que comenzara su participación activa en movimientos sociales de izquierda.

Uno de sus primeros pasos en el sindicalismo fue la participación en la toma de la Facultad de Ingeniería Eléctrica de la Escuela Politécnica por el cambio del pénsum de la carrera en 1971.

Años más tarde, ya en el Inecel, pese a ser restringida la actividad sindical, organizaba charlas sobre economía social para campesinos junto a Mesías Tatamuez. Con sus amigos estudiaba textos como ‘El Capital’ de Karl Marx, que hasta ahora conserva en su biblioteca dividida en dos grandes muebles. Del un lado, libros de historia, economía y socialismo. Y del otro, textos de física, matemáticas, electricidad, mecánica y energías renovables.

Pocas novelas o poemarios se dejan ver. Sus libros favoritos son tres tomos en francés de la‘ Civilización material del siglo XV al VIII’ del historiador Fernand Braudel y la colección biográfica de Trotsky, escrita por historiador inglés Isaac Deutscher.

Fernando Muñoz, quien en la década de 1980 se desempeñó como jefe de Fiscalización en el Inecel, recuerda que en esos años, Calahorrano participó en la organización laboral. Esta condición los llevó en varias ocasiones a sentarse en lados opuestos de la mesa de negociaciones.

La afinidad y estudio del socialismo se materializaron en la militancia de Calahorrano en el Partido Socialista Revolucionario del Ecuador. Apoyó el levantamiento del general Frank Vargas Pazzos, en 1986, cuando se rebeló en contra del Gobierno de León Febres Cordero. También en esos años mantuvo amistad con los líderes del movimiento Alfaro Vive Carajo,

Pero los grupos en los que estuvo involucrado nunca tuvieron un poder político eficaz. Y la caída del muro de Berlín, en 1989, fue determinante en su concepción política. El Ministro confiesa que a partir de ese hecho archivó la idea de la toma del poder en el Ecuador para imponer la dictadura del proletariado.

Así, en los años subsiguientes su participación política fue declinando progresivamente, pero no su actividad sindical.

En 1996, llegó a presidir la AEOI cuando se había aprobado una nueva Ley que daba inicio al proceso de modernización y privatización de las empresas públicas eléctricas -lo que nunca llegó a ejecutarse- y la consiguiente liquidación del Inecel.

Tras participar en la caída de Abdalá Bucaram, en conjunto con partidos políticos y movimientos sociales, asumió la Gerencia de la entidad, como parte de los repartos que se hicieron entonces. Ello representó para los trabajadores una gran oportunidad para demostrar que la institución podía ser eficiente y así evitar su desaparición.

Sin embargo, ocurrió todo lo contrario. La AEOI se vio desprestigiada porque en octubre de ese año el país sufrió apagones de cuatro horas diarias, por 20 días, por falta de lluvias en la Central Hidroeléctrica Paute.

Luis Ordóñez, ex dirigente laboral del Inecel, afirma que los racionamientos fueron “la estocada final” para la dirigencia laboral. Aunque Jorge Santillán, ex sindicalista de la época, refuta ese argumento al indicar que había una unidad encargada de liquidar la entidad y que los trabajadores cobren la liquidación.

A su salida de la entidad, en 1998, Calahorrano recibió como liquidación, tras 23 años de servicio, 650 millones de sucres. El cambio en ese mes de acuerdo con cifras del Banco Central era de 5 494 sucres por dólar, lo que equivalía a USD 118 310.

El actual Ministro precisa que el 50% de ese dinero lo depositó en el Banco del Progreso y lo perdió con su cierre. El otro 50% se pagó el Doctorado en Economía Industrial que siguió en la Universidad de Montpellier, al sur de Francia entre 1999 y el 2004.

Tras su regreso de Francia, Calahorrano se dedicó a la docencia y a la dirección de proyectos de energías renovables. En el 2007 encabezó la dirección de Planificación del Conelec, llamado por su amigo Édgar Ponce, por siempre representante de los trabajadores de la Empresa Eléctrica Quito (EEQ), quien fungía como vicepresidente del Directorio.

Hacia fines del 2009, el Mandatario lo llamó a presidir el Comité de Crisis con la llegada nuevamente de los racionamientos y, tras la renuncia de Esteban Albornoz, lo reemplazó en el cargo de Ministro de Electricidad.

De modo de hablar breve y preciso, con expresiones serias y esporádicas sonrisas, Calahorrano tiene en su actual asiento una dura prueba que deberá franquear: el estiaje que se proyecta iniciar en octubre.

Con más de la mitad de las centrales termoeléctricas en mantenimiento y retrasos en la instalación de nuevas generadoras, la esperanza está en Mazar. De fallar los cálculos, Calahorrano reviviría su mala experiencia como gerente de Inecel en 1997.

A ello, se suma la posibilidad de revivir al Inecel. Otra vez, una nueva Ley quiere cambiar el rumbo del sector eléctrico y pondría como rectora a la Corporación Eléctrica del Ecuador (Celec EP), cuyo Directorio preside Calahorrano.

No obstante, otro fantasma se ciñe detrás de esta realidad, según Jorge Santillán: la falta de un sostén político detrás de la figura de Calahorrano que lo pueda mantener en su cargo.

“Como técnico le doy largo plazo pero a nivel político no hay un partido que lo respalde”.

Mientras ambos retos llegan, el Ministro solo quiere relajarse, permanecer en casa y ver la ópera que tanto le apasiona.

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