47 empleados de Casa Tosi en Quito, sin norte

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Byron Rodríguez V./ Editor

Solo se escuchaban murmullos de hombres y mujeres, en su mayoría jóvenes.

Unos se quedaban con los ojos fijos en la elegante alfombra de figuras geométricas del salón Simón Bolívar, Hotel Crown Plaza, en el norte de Quito. Otros miraban por la ventana el tedio del tráfico de la av. De los Shyris.

Las frases resumían el tiempo difícil que viven los 47 empleados (37 mujeres y 10 hombres) de Casa Tosi-Quito, cerrada el pasado martes, 1 de abril: "cómo voy a educar a mis dos hijos de escuela"; "¿pagarán la quincena de marzo?"; "por qué el inspector del Ministerio del Trabajo no viene?".

Ayer, en Quito, un obrero subía cajas al segundo piso para empacar y enviarlas a Guayaquil. La primera planta estaba vacía. El inventario para el remate está listo en Guayaquil. Será en Policentro (norte). La ropa para niños, hombres, mujeres, y artículos de casa serán ofrecidos a los clientes.

[[OBJECT]]Pasadas las 14:30 del 1 de abril, la presencia de Miomir Vucinic, corpulento y de barba cana, aplacó los murmullos. De voz gutural y gestos resueltos, su llegada causó respeto.

Vucinic es el gerente de Casa Tosi de Quito, creada en 1998 en un local propio de tres plantas (6 066 m2) del CCI.

Ofreció tres cosas: la quincena estará depositada a las 18:00; se pagará a todos conforme señalan las leyes por despido intempestivo (liquidación de la firma); el proceso se canalizará desde la matriz de Guayaquil (fundada en 1956 por el migrante italiano Egidio Zunino Zunino; antes, en 1934, ya la puso a andar en Cuenca).

Los empleados alzaron la voz y Vucinic, con habilidad y paciencia, bajó las tensiones. "El Banco Territorial (cerrado el 18 de marzo del 2013 por un proceso de liquidación y ligado a Casa Tosi) arrastró a esta empresa", dijo una mujer bajita.

Esa frase prendió la mecha y las críticas, en contra de supuestas malas administraciones, arreciaron. Originario del este de Europa, la pinta de padre franciscano le daba un toque de velatorio a la reunión.

Solo faltaban los candelabros y las flores para completar el cuadro de pesadumbre. "Dejen de molestarlo, al menos ha venido a dar la cara", reclamó otra mujer. Tania García, de 35 años, embarazada de cinco meses, y vendedora -durante cinco años- en la sección Casa, pidió al Gerente el pago de los ocho meses atrasados al IESS.

"Allí daré a luz, me afiliaré de forma voluntaria, ya que si dejo de pagar dos meses pierdo el seguro", dijo García, del cantón manabita Santa Ana.

Cerca de las 15:00 llegó Eugenia Álvarez, abogada de Casa Tosi, y reiteró que pagarán a través del Ministerio del Trabajo con todos los beneficios. Hubo un alto, hasta que llegase el inspector del Trabajo.

Según Evelyn Mañay, la empleada más antigua (11 años), Casa Tosi parecía un palacio de cristal. "Daba gusto ver, hasta la noche, a la gente subiendo y bajando por las cuatro escaleras eléctricas en busca de toda clase de artículos, para la casa, ropa de hombre y mujer, vajillas, a precios cómodos; hoy no queda nada". Mañay, de 35 años y madre de un hijo de ocho, llegó a ser supervisora general y ganaba USD 500 de salario.

Óscar Jumbo, también con 11 años de trabajo, era auxiliar de cocina. Como la mayoría ganaba el sueldo básico. "Aprendí mucho en Casa Tosi y pese a este conflicto seremos gratos".

La espera seguía. No llegó el inspector. El reloj marcó las 18:00 y todos fueron a constatar, en un banco, el depósito de la quincena. Estaba lista.

A las 09:00 del siguiente día, 2 de abril, los empleados fueron al Ministerio de Relaciones Laborales (Ponce y Piedrahíta). Arribaron al segundo piso.

En Finiquito, les recibió una inspectora, sorprendida, pues desconocía que Casa Tosi había sido liquidada. "Todos nos quedamos sin voz, incrédulos". Eso recordó Evelyn Mañay.

Luego, en la tarde, un funcionario de Casa Tosi reiteró que la matriz y el Ministerio coordinaban el tema de las liquidaciones en Guayaquil.

Corrieron al IESS. Eran las 10:30. En información, un funcionario les explicó que los ocho meses de pagos al Seguro estaban cancelados. "Nos volvió el alma al cuerpo", afirmó Damaris Padilla.

Ahora aguardan 15 días para obtener las liquidaciones. Yadira Collahuazo, madre de dos niños, calculó que esperaban recibir unos USD 4 000 o más.

El almacén vacío del CCI

El viernes 3 y el jueves 4 de abril, un desfile de clientes de Casa Tosi-Quito preguntaba por los remates. En la tienda, cinco trabajadores cargaban ropa, relojes y bisutería en cajas de cartón. La gente miraba detrás del vidrio. Un grupo de 30 maniquíes blancos, algunos descabezados, ponía el detalle surrealista a la escena.

Apareció Juanita Oleas, quien vendió sánduches de mortadela durante 17 años a los trabajadores. "Les traía fresquitos desde mi casa de la calle Chimborazo; les cobraba USD 1,40 por sánduche".

José Caicedo, jubilado, ex supervisor de educación de la provincia de Cotopaxi, esperaba el remate, pero sentía pesar por el cierre de la casa.

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