8 de junio de 2016 10:16

Los dueños de los locales de comida en el norte de Quito asumen el incremento del IVA o arman promociones

Dueños de locales arman promociones para atraer a los cliente, en Quito. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Dueños de locales arman promociones para atraer a los cliente, en Quito. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

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Érika Guarachi

El incremento del Impuesto al Valor Agregado (IVA) ha motivado a los propietarios de locales de comida a buscar estrategias para no perder clientela ni reducir sus ventas. En dos sitios conocidos del norte de la ciudad se realizó un recorrido para constatar qué pasa en estos negocios que, por lo general, son familiares.

Andrea Meneses, del local Pizarra Colombiana, lleva tres años vendiendo comida rápida en la avenida Real Audiencia, en el norte de Quito. Ella espera el fin de mes para determinar cómo han variado sus ventas, aunque percibe que sí han disminuido. Sin embargo, adelanta que creará promociones en sus productos para captar la atención de los comensales.

En esta avenida llena de negocios, en su mayoría de comida, la tarde y noche de este martes, 7 de junio, se pudo observar la presencia de pocos clientes. Lily Rodríguez, de 53 años, es dueña de un negocio de pizza en este sector. Ella lleva un año y cinco meses en la actividad de la comida rápida, cuenta que sus ventas se han reducido porque un martes por la noche, su local sí tenía una buena presencia de clientes; lo que no ocurrió ayer.

La estrategia de Rodríguez para que su clientela no disminuya es mantener sus precios y asumir la diferencia que representa el incremento del 2% del IVA. La propietaria del local teme a que si sube sus precios dejen de llegar clientes a su negocio.

La misma estrategia la usa Iván Poveda, propietario de un local de comida. Él explicó que no han sentido bajas en sus ventas porque decidieron no subir los precios y asumir el aumento.

Mientras en la avenida de La Prensa, a la altura de Cotocollao, Geovanny Freire, propietario de una cafetería, se refiera a una disminución en las ventas en un 40%. Su opción es más radical, Freire piensa cerrar su negocio y ponerse otro ya no relacionado con alimentos pues argumentó que lo que ofrece es más un gusto que una necesidad y ahora que las personas tratan de ahorrar dejan esos gustos a un lado.

En un local más al sur, Tania Román propietaria de Joys Burger, da cuenta de una disminución en sus ventas en un 30%. Hace unos meses calculaba sus ventas en unos USD 180 por día, ahora reúne unos USD 70. Román está pensando en armar promociones de sus productos para llamar la atención de los clientes.

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