9 de mayo de 2017 00:00

El modelo de negocio de los ‘food trucks’ migró a los ‘food parks’

La Pradera Food Garden agrupa desde marcas menores hasta cadenas reconocidas. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

La Pradera Food Garden agrupa desde marcas menores hasta cadenas reconocidas. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

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Patricia Carolina González

La sobresaturación de ‘food trucks’ en las calles de Quito y en los valles durante el 2016 –añadido a otros problemas– originó un cambio en el modelo de negocio.

La esencia de este tipo de locales de comida, que es movilizarse por diferentes barrios, se perdió, y los emprendimientos pasaron a formar parte de las llamadas plazas de comida o ‘food parks’, un negocio inmobiliario con pros y contras.

En septiembre del 2016, el Municipio emitió una resolución para regular el funcionamiento de los ‘food trucks’. La norma autorizó 60 lugares de la ciudad para el desarrollo de la actividad, y estableció el pago de USD 500 al mes por una licencia municipal.

La normativa no tuvo acogida entre los emprendedores. Los lugares seleccionados no eran considerados atractivos; además, había restricciones en el horario de trabajo. Ante los problemas que les generaba continuar operando en las calles, los propietarios de los negocios optaron por rentar un espacio en plazas de comida.

En un análisis sobre este mercado gastronómico, David Maldonado, socio fundador de la marca Inka Burger e integrante de la Asociación Ecuatoriana de Food Trucks, calcula que existen más de 35 plazas en Quito y que desde finales del 2015 hasta el mes pasado se crearon alrededor de 700 nuevas marcas.

Una plaza reúne hasta 20 locales, denominados contenedores, que permiten tener mayores controles de sanidad. Algunas plazas también albergan a los antiguos ‘food trucks’.

Estos espacios ofrecen mayores servicios a los clientes. Hay mesas y sillas, calefacción y ambientación musical.

Para un emprendedor, el costo de entrada a un patio de comida ronda los USD 2 000. El arriendo, que en ocasiones cubre las alícuotas (pago de mantenimiento y servicios), es de unos USD 1 000.

Entre la avenida República y la Pradera, en el norte de la capital, se sitúa La Pradera Food Garden, un espacio integrado por 17 contenedores y cuatro ‘food trucks’. Hay desde pequeños emprendimientos hasta ca­denas como Sweet & Coffee.

Patricia Jaramillo, encargada, explicó que la iniciativa busca acercar a las personas a una oferta integral de servicio. La plaza también ofrece entretenimiento: tiene canchas deportivas y próximamente abrirá un parque de diversiones.

Inka Burger fue una de las marcas pioneras de ‘food truks’
en Quito. Se lanzó al mercado en octubre del 2015. Tras comercializar sus hamburguesas en las calles decidió sumarse a la nueva tendencia del mercado, para no perder presencia.

“Esta plaza cuenta con un plan de negocios sólido, lo que nos permite tener más atractivo y rentabilidad que en las calles”, reconoció el socio de Inka Burger sobre La Pradera. La marca también está presente en otras tres plazas.

Pero esto no siempre ocurre y, por lo general, en estos espacios los negocios ven disminuidas sus ganancias entre un 30% y 40%, debido a los costos fijos que deben cancelar.

Andrés Torres y dos socios habilitaron hace 11 meses La Platea, plaza ubicada en el sector La Floresta. El espacio concentra 12 locales. “Es un lugar de diseño, arte y cultura. Buscamos que cada local tenga una identidad”, dijo Torres.

Pizza Rodante fue un negocio que nació con la idea de movilizarse. Como ‘food truck’,

la marca fundada hace cuatro años comercializó sus productos en eventos privados y en calles. Ahora funciona en La Platea. Paúl Alvarado, su propietario, aseguró que pese a que contaba con permisos llegó a pagar multas de hasta USD 800. En la plaza bajaron considerablemente sus ganancias por el pago de arriendo, pero se siente más tranquilo.

A diferencia de Pizza Rodante, Delicious nunca comercializó en espacios públicos. Es un negocio de alitas y carnes al grill, fundado por Nicolle Orbe y su hermana. Se ubica en La Platea, donde el costo de arriendo, con alícuota, es de USD 1 000. “El requisito para entrar fue no ser una marca grande y que el menú no se repita con los otros negocios”.

Formar parte de una plaza no garantiza el éxito. El Bunker Food Park, ubicado en La Pradera, cerró en marzo. No tener una estrategia clara de negocio y falta de pago de los arriendos fueron algunas causas, según el propietario de un negocio que funcionó en este sitio.

En contexto

El negocio de los 'food trucks' migró a plazas de comida, donde pasaron a establecimientos fijos. En estos espacios, los propietarios de los puestos de comida deben pagar arriendo y costos de mantenimiento. Pero también mejoró el servicio al cliente.

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