1 de August de 2010 00:00

El mundo y los retos del macho beta

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El Mercurio, Chile,

GDA

Todos íbamos a ser felices: las mujeres tendríamos trabajos gratificantes, con horarios flexibles y salarios justos. Ellos, dejando atrás la responsabilidad de ser el único sustento del hogar, iban a disfrutar de la vida en pareja y de los niños. Los días en que ella saldría tarde, él se iba a preocupar de preparar algo rico y de bañar al bebé.

Hace como unos 10 años había nacido un nuevo hombre, amasado por la irrupción de la mujer en el mundo laboral, suavizado por la igualdad de géneros, y que, sin tener la necesidad de reafirmar su sexualidad en el machismo de antaño, diría adiós al cavernícola macho alfa, para acoger al hombre beta que existía en él: ese que cocina, que lleva a los hijos al parque y que nunca se le olvida preguntar a su pareja cómo se siente.

The New York Times tuvo una columna titulada Beta Male y el London Times aún mantiene una desde 2005 con ese nombre. En ambas, los autores reflexionan sobre ir a dejar a los niños al colegio, hacer dieta o perder la libido con dignidad.

Finalmente, Sally había conocido a Harry. Él había madurado y la relación de amigos, pares y amantes florecía con el nuevo milenio. El problema de esta historia es que la realidad se interpuso y el nuevo hombre, bien instalado en la pareja, se está enfrentando con conflictos en la oficina; justamente a los mismos problemas que descubrieron las mujeres alfa cuando decidieron incorporarse al frenético y, a veces, despiadado mundo laboral.

Los puntos de crisis

El primer frente de batalla que se abre al hombre beta es el de la sobrevivencia: en la empresa sigue imperando la ley del más fuerte. “Ser beta en pareja hoy es un placer, es divertido; se vuelve un espacio agradable”, opina el psiquiatra, y autor de la obra ‘La sexualidad secreta de los hombres’, Marco Antonio de la Parra. “Pero en el trabajo puede ir quedando atrás ante los empujones de los alfa. Es su sitio de presión, porque en lo laboral hay un nivel de competencia fuerte y aún las cualidades blandas no se aprecian. ¿Están las empresas contratando a ese sujeto?”, agrega.

El segundo problema se presenta en que la cantidad de tiempo que los ‘nuevos hombres’ están realmente dedicando a los hijos y a las tareas de la casa sigue siendo mucho menor que el de las mujeres; los estudios demuestran que tanto en el trabajo doméstico no remunerado, como en el cuidado de niños y ancianos, las mujeres los siguen aventajando. “Hay cada vez más interesados en participar en la paternidad, pero muy poco en las tareas domésticas”, afirman especialistas en género.

Muy beta se habrá puesto el hombre, pero esta actitud no se está traduciendo en equidad doméstica. ¿Por qué? A veces es porque, simplemente, no puede.

“Lo que comienza a ser creciente es la molestia de hombres que quieren participar en las actividades de la casa, pero no pueden porque sus condiciones laborales no parecen considerar este tipo de deseos de tener una mejor calidad de vida”, explica José Olavarría, sociólogo experto en masculinidad. Destaca este problema, de conciliación entre familia y trabajo, como el más grande que hoy enfrenta el mundo masculino.

Las mujeres no ven en el hombre beta un limón a exprimir, sino una ayuda para poder llevar su hogar. En general, la visión femenina respecto del nuevo rol del hombre es positiva. Solo en pequeños grupos, por lo general conservadores, se extraña al macho alfa y el antiguo modelo de proveedor-ama de casa.

¿Y qué hacen los que deben seguir trabajando en profesiones tradicionales? El beta comienza a ver que su necesidad personal por más tiempo, más hogar, es parte de un requisito colectivo. “Lo que antes era demanda de mujeres y sindicatos -tener condiciones para poder dedicarse a la crianza- comienza a ser también de hombres”, dicen los expertos.

El nuevo hombre ha llegado para quedarse; pero para disfrutar plenamente de los beneficios familiares que le podría traer su calidad de beta debe primero aprender a lidiar con los dos mundos en los que habita. Mientras que se solucione su compatibilidad, ser un hombre y padre beta, ese que corre de la oficina a hacer la comida, seguirá siendo por ahora una especie de doble trabajo.

La pareja ideal

El macho sensible sobrevive en la vida real. ¿Cómo? La explicación se puede encontrar, por ejemplo, en una de las columnas de la experta en relaciones del London Times, Kate Mulvey, quien escribió una apología al nuevo hombre.

Mulvey dice que las mujeres inteligentes o trabajadoras ya no tienen que esconder su inteligencia del macho alfa, ni someterse a él: “Las mujeres del siglo XXI tienen una agenda muy clara cuando se trata de encontrar pareja. Mapean muy tempranamente sus vidas: llegar a la cima de sus carreras, conseguir una buena casa, tener niños adorables y acurrucarse en sus camas con un encantador macho beta. La mujer alfa no necesita que llegue el Señor Alfa y la vuelva loca cuando le compra un departamento; ella tiene suficiente dinero para hacerlo por sí misma. Es exitosa, además de confiada y valora a un hombre cariñoso que pueda ayudar con las tareas domésticas”.

Hace unos 10 años se despidió al cavernícola alfa, aún no extinto, y nació un nuevo hombre.

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