2 de May de 2010 00:00

El verídico Socialismo del Siglo XXI

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Aldo Barba

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A principios de los 90, Tim Berners–Lee desarrolló un sistema para compartir información científica que se convertiría en lo que hoy conocemos como la web. La idea principal, y de la que devendría el cambio profundo que esta invención traería, era simplemente compartir. La web fue concebida como un sistema gratuito, no propietario y disponible para todos. La primera página web salió al aire en 1991.

Corte a negro. Año 2010. La web es ahora un nuevo medio, descentralizado y libre, para producir y compartir información, conocimiento y cultura. Funciona bajo principios que no son ni de mercado ni propietarios. La democratización de la tecnología de la información ha puesto los medios de producción en manos de la gente, que usa dichos medios para trabajar en comunidad y producir bienes de libre acceso, sin recibir compensación económica alguna. Pito, choque, la pregunta: ¿Socialismo? Si y no. Nadie impuso este sistema, no es una ideología y no tiene una autoridad central trastornada por el poder. Es un nuevo socialismo, y es el que mejor ha funcionado (¿El único posible? Quizá).

Podemos ver al Socialismo del Siglo XXI funcionando a toda marcha en la Wikipedia, en Linux, en Flickr y Firefox, un sistema operativo y un navegador que hacen temblar a Microsoft. En Twitter, donde la gente comparte lo que está pensando en tiempo real. En el movimiento del software libre, y en los nuevos esquemas de licencias y herramientas legales como las que provee Creative Commons.

También lo podemos sentir en el revuelo y la indignación que ha causado en los medios de producción tradicionales, propietarios y orientados al mercado, que tenían hasta ahora bajo su control la producción y distribución del conocimiento y la cultura. Disqueras, casas editoriales, Hollywood y el propio Estado hacen y deshacen leyes para tratar de tener control y regular lo que pasa en Internet.

Inútilmente tratan de ponerle puertas al campo, y cada vez la pelea se vuelve más fea. Y cada vez funciona menos, pues la gente, viendo los beneficios que nos ha traído este nuevo paradigma, no tiene miedo y continúa haciéndolo crecer.

De cómo devenga esta pelea depende mucho qué tanto podamos aprovechar estos nuevos esfuerzos cooperativos, que pueden mejorar nuestras oportunidades como individuos, que nos facilitan la vida, que pueden llevar a descubrimientos que hasta ahora se hacían esquivos.

No podemos dejar que las reglas las pongan los que vinieron atrás y que no entienden lo bueno que está pasando y lo ven como algo terrible. No podemos dejar pasar esta oportunidad.

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