28 de March de 2010 00:00

Los verdaderos tesoros de El Dorado, un lugar escondido en Guyana

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Graham Watkins. Para Siete Días

Rupununi quizá no sea un nombre conocido para la mayoría del mundo. Y es una lástima, porque Rupununi es un tesoro biológico escondido en la parte sur-central de la Guyana que limita al este con Surinam, al oeste con Venezuela y al sur con Brasil. Hay quienes en esta misma zona una vez buscaron –sin éxito– esa leyenda llamada El Dorado.

Tras el mito

Sir Walter Ralegh (marino, pirata y político inglés que vivió entre 1552 y 1618, y fue aliado de Isabel I) nunca estuvo en Rupununi, pero supo recrear, líricamente, la suposición de que allí se encontraba El Dorado.

De hecho, en algún momento de su vida participó en una segunda expedición al Orinoco en busca del mítico Dorado.

Incluso uno de los subalternos de Ralegh, Lawrence Keymis, era capaz de explicar casi con exactitud cómo llegar al enorme lago blanco que se encuentra en ‘terras incógnitas’ –lugares no conocidos por los exploradores.

Dos siglos después, exploradores y aventureros, siguieron sus pasos en busca de la leyenda. Entre ellos se contaron Charles Waterton (naturalista inglés y destacado taxidermista; 1782 -1865) y Robert Schomburgk (naturalista y explorador británico, 1804 – 1865; publicó cuatro libros sobre Guyana), quienes llegaron hasta el gran lago, que no resulto ser más que las sabanas inundadas del Rupununi septentrional, alrededor de lo que hoy es conocido como el lago Amuku, pero jamás llegaron a El Dorado.

Sin embargo, muchos más siguieron en el intento. Por diferentes razones. Por ejemplo, Evelyn Waugh (1903 – 1966, famoso escritor inglés), quien tras pasar un buen tiempo en las sabanas de Rupununi escribió una novela de viaje inspirada en la zona.

Los más contemporáneos aventureros que se adentraron en este lugar para dar cuenta de su importancia como tesoro natural fueron David Attenborough, documentalista estrella de la BBC; y Gerald Durrell, conservacionista, presentador británico de televisión y fundador del mundialmente conocido Durrell Wildlife Conservation Trust.

Abundancia, maravilla...

Con más de 1 400 especies de vertebrados, por poner apenas un ejemplo, Rupununi es un ecosistema único, comparable con el Yasuní, uno de los lugares más biodiversos del mundo.

La alta diversidad en Rupununi es el resultado de la mezcla de las faunas de la Amazonía y el escudo natural de Guyana, y la subida y bajada estacionales del nivel del agua –entre 7 y 10 metros– en los humedales, que se vuelven propicios para el desove y la alimentación de los peces.

Eso sí, todavía no se sabe cuántas especies de peces se encuentran en las zonas húmedas y en los ríos Rupununi, Rewa, Essequibo, Siparuni y Burro-Burro.

Hasta ahora se han identificado 110 variedades de murciélagos en el área (esto es, el 10% del total de especies de murciélagos de todo el mundo).

Otro dato seguro es que Rupununi es el hogar de importantes poblaciones de especies en peligro de extinción, entre las que se cuentan la nutria gigante de río, el jaguar, la tortuga gigante de río, el caimán negro, el oso hormiguero gigante, el águila arpía y la arapaima (un pez muy grande que en Ecuador se conoce como paiche).

La historia geológica de Rupununi es muy antigua y, en consecuencia, muy compleja; la misma que es a la vez una explicación de la diversidad de la zona. Mayoritariamente, Rupununi es una sabana que conforma una cuenca, en una falla geológica que se formó miles de años atrás cuando Sudamérica estaba todavía unida a África.

En ambos lados del valle que forma esta cuenca, las montañas Pakaraima y Kanuku ofrecen los más maravillosos paisajes de Guyana. Sobre su geología fragmentada cobran vida distintos hábitats; así, en un área relativamente pequeña limitan entre sí sabanas inundadas estacionalmente, selvas, lagos, ríos muy extensos, pequeños riachuelos de montaña, una infinidad de tipos de vegetación y montañas que superan los 1 000 metros.

La gente de Rupununi

Alrededor de 800 000 personas pueblan actualmente Guyana; casi todas asentadas en los fértiles llanos costeros. El interior del país se ha mantenido, de alguna manera intocado y, por lo tanto en muy buen estado de conservación; es en ese sector en donde se encuentra Rupununi.

Durante los últimos 12 000 años, la gente ha sido parte del paisaje en esta zona. Antiguos petroglifos, que datan de hace unos 12 000 a 7 000 años, fueron encontrados a lo largo de los caminos de montaña y también de aquellos que bordean los ríos.

Hace más de 400 años, los indios makushi llegaron a Rupununi y todavía su economía sigue dependiendo de la pesca, la vida silvestre y los recursos forestales. La selva y las sabanas de Rupununi y Río Branco son su hogar.

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