9 de May de 2010 00:00

‘Soccket’, la pelota de fútbol ecológica

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Redacción Siete Días

Aprovechando el atractivo mundial que tiene el fútbol, un grupo de cuatro estudiantes de ingeniería de la Universidad de Harvard, creó una pelota denominada ‘Soccket’, que cuando se la patea, genera y almacena energía limpia, barata y puede ser utilizada en aparatos de iluminación de bajo voltaje como las lámparas LED, o para recargar teléfonos celulares.

La idea nació como un proyecto grupal para una clase de ingeniería de la universidad. Las creadoras se inspiraron en las pistas de baile que atrapan la energía que expulsan los bailarines al saltar y al moverse.

Quince minutos de partido son suficientes como para iluminar una lámpara Led por tres horas; y un partido de fútbol podría, fácilmente, proveer luz para un día.

Soccket funciona con la tecnología denominada bobina inductiva, la misma que utilizan las linternas que se recargan cuando se agitan. La pelota captura la energía del impacto que, normalmente, se pierde en el entorno cuando está en movimiento y la almacena para ser utilizada más tarde.

El movimiento de la pelota empuja un imán a través de un espiral de alambre que tiene en su interior y así se genera una corriente de electricidad. Soccket pesa 595 gramos, 113 más que una pelota de fútbol común. El grupo detrás del proyecto está trabajando para reducir al mínimo esa diferencia, y así lograr que Soccket sea más liviana.

Para la mayoría de los humanos, encender una luz es natural. Sin embargo, un informe del Banco Mundial (BM) del 2006 registraba que el 95 por ciento de la población de África no tiene acceso a la electricidad. Aquellos que sí lo tienen, usan lámparas de queroseno, una alternativa que no es ni sana ni barata. Su uso constituye un riesgo para la salud no solo porque puede ocasionar incendios, sino también porque el humo producido durante su quema genera trastornos respiratorios.

De hecho, estos desórdenes representan el mayor porcentaje de muertes infantiles –en naciones en desarrollo– más que el sida y más que la malaria.

Según el BM, inhalar los gases generados por la combustión del queroseno equivale a fumar dos atados de cigarrillos por día. Además, cada año, las lámparas de queroseno generan 190 millones de toneladas de dióxido de carbono, contribuyendo al calentamiento global. Y las lámparas no se utilizan solo en África; en el mundo más de mil millones de personas dependen de ellas.

“En África, los niños se la pasan jugando al fútbol durante horas. Si logramos capturar esa energía y utilizarla para cargar dispositivos de baja energía, como las baterías, sería algo muy bueno”, dijo Jessica Lin, una de las cuatro integrantes del equipo de Harvard.

Las estudiantes pusieron a prueba a Soccket en Sudáfrica. Para Lin todo es muy motivador: “La respuesta fue increíble. Lo mejor fue que después de mostrarles la pelota me llamaron y me mostraron dibujos que habían hecho con otras ideas para la pelota, como por ejemplo una con paneles solares. Me alegró ver cómo el producto les hizo pensar en el aspecto energético y entender el fútbol desde otra perspectiva”.

De momento, el proyecto está en fase de experimentación. Los ensayos efectuados en Durban, Sudáfrica, han sido, sin embargo, un éxito y se ha comprobado que en un partido de 90 minutos podría generar energía suficiente para alimentar una lámpara de LED durante 18 horas.

Actualmente , el equipo está trabajando en una segunda ronda de prototipos buscando distintas maneras de generar energía. Espera tener el modelo definitivo listo para finales de este año.

Además tienen previsto comercializarla en otros países y con su venta subvencionar la distribución del producto en las naciones subdesarrolladas, en donde hay una carencia extrema de electricidad, circunstancia que, piensan, se podría apaciguar de alguna manera con la Soccket.

Las investigadoras planean elaborar la pelota de materiales que se puedan encontrar en África, así como los diseños que serán resistentes a duras condiciones climáticas como el polvo o el calor.

Estas ingenieras esperan vender un modelo de lujo en los Estados Unidos y Europa utilizando una oferta de ‘compre uno-regale uno’. Las ganancias serán utilizadas para distribuir las pelotas con un costo simbólico en países desarrollados a través de organizaciones como ‘Whizz Kids United’ (organización en África que utiliza el fútbol como un medio para crear una generación sin sida).

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