11 de April de 2010 00:00

El sexo es un dispositivo de control de los cuerpos

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Mariela Rosero. Redactora

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Es una abogada alternativista. Se concentra en buscarle las cinco patas al gato y a las leyes y reglamentos, para utilizarlas y reírse del sistema. Con las reglas de juego jurídicas rompe los libretos. Usa la institucionalidad para subvertirla desde adentro.

Elizabeth Vásquez, de 30 años, estuvo detrás del anuncio de la boda entre una lesbiana y una transexual (un hombre en lo físico, que se siente y se viste como mujer). Con ese caso se planteaba la posibilidad de que los involucrados, con cédula de mujer y de hombre, vayan al Registro Civil...

Estos intentos por usar las puertas de escape del sistema legal tienen una razón: Ecuador no admite el matrimonio entre personas del mismo sexo. Por eso, hace cuatro años reclutó a parejas de gays y lesbianas interesadas en reconocer su unión. Los llevó a una notaría y allí firmaron un contrato mercantil, que aseguró los derechos sucesorios a los novios.

Miguel Bosé dijo que no hay que conformarse con un solo sexo. Se declaró trisexual, igual que usted.

Sí, soy trisexual. En el Proyecto Transgénero surgió el término para hablar de que nos gustan los hombres, las mujeres y más que nada todos los demás. Reconocemos que existe una tercera posibilidad sexual. Fue una feliz coincidencia. El proyecto ha creado términos propios, para definir aspectos del cuerpo, sexo y deseo. Y las relaciones y los cruces entre estas tres dimensiones de la identidad sexual, que es móvil.

Pero, ¿el sexo es algo fijo o también se construye?

Cada persona es una combinación sexo-genérica. Tiene una base sexual de macho o de hembra. Pero además construye, modifica y adopta distintas estéticas, roles y aptitudes que pueden ser considerados como femeninos, masculinos o andróginos.

¿Defiende la ambiguedad?

El poder crea categorías fijas, lugares para encasillar. Las políticas identitarias sobre diversidad sexual, desde la postura liberal abanderada por los movimientos GLBT, han creado nuevas categorías y en estos lugares fijos volvieron a la normalidad. Creen que si alguien se torna en hombre tiene derechos como casarse con una mujer y obligaciones, por ejemplo, el servicio militar. Pero si eres una identidad ambigua, que fluctúa, no pueden controlarte.

¿Esto funciona en un país tan pudoroso como este?

Nunca he creído que seamos conservadores. La identidad nacional, cultural, sexual y geográfica es diversa. La sociedad es peculiar, con niveles de conservadurismo dominantes, pero también es flexible. Viví un año en Inglaterra y allí, el peso del derecho es enorme. Acá podemos trabajar con los tres poderes, poner cinco, cambiar la Constitución...

Al hablar de educación sexual en el colegio, los grupos Pro Vida protestan.

La cultura jurídica tradicional, blanco mestiza católica sí es la dominante. Pero en la Costa, la unión de hecho es la regla...

El sexo es un tema tabú, pero muy humano.

Es una dimensión invisibilizada por tabúes sociales y culturales. Es una forma de comunicación y un lenguaje, una forma de relacionamiento potente.

Persiste la idea de que el hombre solo quiere sexo y las mujeres algo trascendente...

Sí y eso tiene que ver con la construcción de los sexos.

¿Son solo estereotipos?

Hay mujeres que dicen que lo que importa es el amor, por la manera en que se legitimó lo que es ser hombre y ser mujer. Pero existen comunidades que empiezan a deconstruir eso. En la Costa hay comunidades trans y andróginas... Las relaciones son de poder y a partir de eso se pone el peso en algo. El sexo es un dispositivo de control, que ha asegurado la dominación masculina.

¿Qué tiene que ver el sexo con la política?

Una identidad femenina puede ser un hombre mandarina. En la historia, el dispositivo sexo ayudó a ejercer el control del cuerpo.

¿Qué tan realista es defender el derecho al placer?

Hay visiones formales que dicen que un derecho debe ser exigible a través de requisitos. Como alternativista legal, enunciar el placer como derecho no me parece inútil. Puede generar reflexión jurídica, pero hay que dar el paso, buscar lugares en donde se está viendo disminuido ese derecho.

¿Se puede vivir sin sexo?

Conocí a un asexual, no inducido por la restricción del catolicismo, solo que no le interesa esa dimensión y canaliza esa energía en otras cosas. En toda persona hay niveles de agencia y de condicionamiento. Ni la más condicionada no tiene un nivel de autonomía ni la más libre vive sin algo de condicionamiento.

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