23 de January de 2011 00:00

El Salvador, las huellas de la guerra civil no se borran

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Redacción Mundo y AFP

En Cinquera, uno de los pueblos más golpeados por la guerra civil que duró entre 1980 y 1992, el desarrollo apenas asoma. Pero ex guerrilleros tratan de mejorar sus condiciones de vida con lo que llaman el turismo revolucionario, en el que las trincheras se mezclan con iniciativas ecológicas.

Una serpenteante calle de tierra se adentra entre verdes cerros para llevar hasta el pequeño pueblo de 1 800 habitantes, ubicado 70 kilómetros al noreste de San Salvador y en donde muchos ex combatientes de la guerrilla impulsan proyectos comunales de desarrollo que abarcan el área turística, ecológica y comercial.

En el parque central los visitantes se topan con el pasado de guerra: la cola de un helicóptero UH-1H que perteneció a la Fuerza Aérea Salvadoreña y que fue derribado por la guerrilla en 1991. Ha sido colocado como un monumento y es protegido por un cerco donde están pegados fusiles inservibles M-16 y AK-47.

La iglesia de la localidad fue destruida por el ejército en la guerra, pero fue reconstruida y los habitantes conservaron la parte frontal de la antigua edificación marcada de balazos. Las carcasas de hierro de cuatro grandes bombas inservibles se usan como campanas para convocar a misa o reuniones de los pobladores.

“ Todos estos vestigios de guerra nos sirven para que la gente sepa lo que aquí sufrimos. Nos tocó huir pues éramos constantemente bombardeados, hoy viene mucha gente a hacer turismo para conocer la historia del lugar y les damos una charla, visitan nuestro parque revolucionario-ecológico porque cuidamos el bosque”, explicó Pablo Alvarenga, de 72 años.

Alvarenga, quien ahora es el historiador de Cinquera, sufrió en la guerra la muerte de siete familiares, entre hermanos e hijos y siempre apoyó en tareas logísticas a la guerrilla.

Muy cerca del pueblo de calles de piedra y casas con murales que recuerdan a víctimas del conflicto, se encuentra el bosque Cinquera, mantenido desde el 2001 por una asociación de desarrollo comunal de la que forman parte ex combatientes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) .

“En la guerra el bosque cuidó nuestra vida, nos refugió, hoy devolvemos ese favor y por eso cuidamos el bosque, para que quien nos visita respire aire puro ” , aseguró uno de los más experimentados guías del parque Francisco Rafael Hernández, de 48 años.

Hernández es un sonriente ex guerrillero, de cuerpo delgado y gran bigote y solo sus anécdotas de guerra que va narrando a lo largo de los dos kilómetros de recorrido por senderos del parque de 5 000 hectáreas, generan gran interés entre los visitantes.

“La gente me dice que escriba un librito donde cuente mis anécdotas, pero eso requiere tiempo” , comentó Hernández, mientras muestra una trinchera y una cocina al estilo vietnamita que los guerrilleros usaron durante el conflicto y que es parte del recorrido del parque donde también hay antiguos campamentos.

El parque, indica el guía, recibe anualmente unos 10 000 visitantes entre extranjeros y nacionales que pagan entre 3 dólares y 0,25 centavos de dólar para recorrerlo. Estos fondos sirven para el pago de una veintena de empleados y para inversión en los proyectos de desarrollo comunal.

Mujeres, algunas ex guerrilleras, han montado desde hace un par de meses con ayuda de la cooperación española una pequeña fábrica para deshidratar frutas como parte de los proyectos de desarrollo comunal.

Este proyecto, como otros que se desarrollan en las zonas de combate, tienen gran aceptación. Pero, una de las heridas que aún no se cierran tiene que ver con los niños que desaparecieron en la guerra civil. Según un artículo de Jon de Cortina, S.J., director de la Asociación Pro-Búsqueda de Niñas y Niños Desaparecidos, además de los problemas derivados del alto saldo de muertos y heridos, cientos de niñas y niños salvadoreños fueron separados de sus familias.

La dificultad para localizar a estos menores y posibilitar el reencuentro genera dramas familiares y sociales que la asociación salvadoreña Pro-Búsqueda intenta resolver desde hace años. En todo el período bélico e incluso en años anteriores a él, las garantías básicas de las personas fueron supeditadas a los intereses del conflicto. En muchas ocasiones, suspendidas totalmente, dando lugar a violaciones de los derechos humanos.

Algunas de las consecuencias del conflicto armado son ampliamente conocidas. Más de un millón de desplazados y refugiados internos, decenas de miles de asesinados (se cree que hubo 70 mil víctimas civiles) con al menos 7000 desaparecidos, además de una práctica institucionalizada de tortura y desaparición forzada.

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