18 de June de 2012 13:24

Relato inédito muestra el horror sufrido por Rousseff en dictadura

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Cuando tenía 22 años, la ex guerrillera y hoy presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, fue sometida por la dictadura militar a sesiones de tortura que incluyeron choques eléctricos y palizas que le afectaron la quijada, según un relato inédito de la mandataria divulgado por la prensa.

Rousseff contó hace 11 años detalles hasta ahora no conocidos públicamente sobre los tratos crueles que sufrió a manos de los militares que gobernaron Brasil entre (1964-1985), debido a su militancia en tres y no en dos organizaciones clandestinas contra la dictadura, como se creía.

“Al inicio no había una rutina. No se distinguía si era de día o de noche. El interrogatorio comenzaba. Generalmente lo usual era con un choque (...) ganando intensidad, con sesiones de 'palo de arara', lo que la gente no aguanta mucho tiempo”, describió la mandataria de 64 años en un testimonio ante autoridades difundido por el periódico Estado de Minas.

Dicho método consistía en colgar a la víctima maniatada a una vara horizontal, con las piernas y manos dobladas, para que reciba golpes de forma indiscriminada.

“Si el interrogatorio es de larga duración, con un interrogador experto, él te baja del 'palo de arara' y después te da un choque, un dolor que no deja rastro, sólo te mina”, dijo Rousseff.

El testimonio data de 2001, cuando se desempeñaba como secretaria de Minas y Energía de Rio Grande do Sul, y compareció ante un consejo de derechos humanos del estado de Minas Gerais, que indemnizó a las víctimas de la dictadura en ese estado del sureste de Brasil.

En 197O, Rousseff fue detenida y estuvo presa por tres años en Río de Janeiro, Sao Paulo y Belo Horizonte, capital de Minas y donde inició su militancia contra la dictadura a los 16 años.

Allí también sufrió los peores horrores de la represión militar, que la acusó de ser cómplice de un plan de fuga de un líder guerrillero preso, algo que la actual presidenta siempre negó.

“Muchas veces también usaban palmeta; usaban contra mí mucha palmeta. En Sao Paulo usaron poco ese método. Al final, cuando estaba por salir (de la reclusión), comenzó una rutina. En el inicio, no tenía hora. Era de día y de noche. Adelgacé mucho, pues no me alimentaba bien”, describió la mandataria.

La palmeta es un instrumento de castigo utilizado antiguamente en las escuelas o contra los esclavos.

Los tormentos dejaron una dolorosa huella en Rousseff: “Una de las cosas que me ocurrió en aquella época es que mi diente comenzó a caer y sólo fue tumbado posteriormente por la Oban (aparato represor). Mi quijada giró para otro lado, causándome problemas hasta hoy, problemas en el hueso de soporte del diente. Me dieron un puñetazo y el diente se salió de su lugar y se pudrió”.

Rousseff también fue sometida a simulacros de fusilamiento y la amenazaron con desfigurarle el rostro. “Quede presa tres años. El estrés es feroz, inimaginable. Descubrí por primera vez que estaba sola. Encaré la muerte y la soledad (...) Las marcas de la tortura soy yo. Son parte de mí”.

Este año, Rousseff instaló una Comisión de la Verdad para investigar las denuncias de violaciones de derechos humanos durante la dictadura, pero sin levantar la amnistía a los represores.

Brasil reconoce oficialmente 400 muertos y desaparecidos durante el régimen militar, contra 30 000 en Argentina y más de 3 200 en Chile, según organismos de derechos humanos.

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