18 de February de 2010 00:00

La relación China-EE.UU. se fisura

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Washington, Pekín.

Del coqueteo inicial a una relación cada vez más tormentosa. Esa es la forma como se pueden definir las relaciones entre Estados Unidos y China, que empiezan a volverse cada vez más frías.

Y seguramente, según observadores, se enfriarán más, luego de que el Presidente de EE.UU. reciba hoy a un huésped incómodo y que agría aún más la descompuesta relación con China.

Barack Obama se reúne este día en la Casa Blanca con el Dalái Lama, el líder espiritual del Tíbet, a pesar de las advertencias explícitas de Pekín, que amenaza con enturbiar más aún su relación con Washington.

El enfado de Pekín no ha aminorado, pese a dos circunstancias. Una, el encuentro -una tradición de la Casa Blanca- se produce con varios meses de retraso porque Obama lo postergó para no enturbiar su viaje en noviembre pasado a China. Y dos, la reunión no tendrá lugar en el Despacho Oval donde el Presidente suele recibir a los jefes de Estado, sino en otra sala de la casa presidencial.

La semana pasada, antes de que la Casa Blanca confirmara la reunión, el ministro del Exterior chino, Ma Zhaoxu, había advertido que la entrevista Obama-Dalái Lama puede dañar las relaciones bilaterales. El funcionario, además, recordó a Washington que el tema tibetano es “delicado” para el gigante asiático que acusa al Dalái Lama de “separatista”.

La visita dél líder espiritual del Tíbet, que reside en el exilio en la India desde 1959, es solo uno de los desencuentros entre Pekín y Washington, cuyas relaciones se deterioraron brutalmente en las últimas semanas.

China, que considera a Taiwán como una provincia rebelde, suspendió a finales de enero los intercambios militares con Estados Unidos y anunció la aplicación de “sanciones apropiadas a las empresas estadounidenses implicadas”. El anuncio de Pekín se produjo luego de que el gobierno de Obama suscribiera un contrato de venta de armas por más de USD 6 400 millones con Taipéi.

Otro desencuentro entre Pekín y Washington es la exigencia del segundo de una depreciación del yuan, la moneda china, cuya cotización es mantenida baja de forma artificial por el gigante asiático.

“Uno de los desafíos que tenemos que afrontar a nivel internacional son los tipos de cambio”, afirmó recientemente Obama. “Tenemos que asegurarnos de que nuestros productos no sean encarecidos artificialmente, mientras los suyos (los chinos) son abaratados artificialmente”.

La disputa se da en un escenario complejo para Washington. El gigante asiático posee casi USD 700 000 millones en bonos del Tesoro estadounidense, lo que lo convierte en el principal acreedor de EE.UU., un país fuertemente endeudado.

Por otra parte, Pekín es, además, un importante aliado de Washington en las disputas nucleares con Irán y Corea del Norte. Asimismo, el creciente poderío industrial chino convierte al país en el principal contaminador del mundo junto con Estados Unidos.

Ambas potencias mantienen, además, un cierto número de querellas comerciales, como la amenaza del buscador de Internet Google de retirarse de China, o diferentes enfoques diplomáticos, especialmente sobre el tema nuclear iraní, donde Pekín continúa privilegiando la vía del diálogo, en tanto que Estados Unidos aboga por nuevas sanciones.

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